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|    ivanvalarezo@gmail.com to All    |
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|    25 Jul 14 06:51:56    |
      Sábado, 19 de Julio, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)               Felices Fiestas Julianas le deseamos a cada una de las familias guayaquileñas       que se encuentran dentro del Ecuador y fuera de sus tierras, por sus 479 años       de fundación española como Santiago de Guayaquil en 1537, por Francisco de       Orellana. Nuestras        oraciones han sido siempre a nuestro Padre celestial, en el nombre de su Hijo       Jesucristo, para que él envíe de su Espíritu Santo y sus ricos dones       asombrosos para que manifieste sus muchos favores de milagros, maravillas y       prodigios espirituales sin fin,        para que cada uno de nuestros hermanos y hermanas disfruten constantemente de       sus ricas bendiciones eternales.               Visto que, nuestro Padre celestial es un Dios muy rico, Creador del cielo y de       la tierra y con todas sus abundante riquezas, y estas son riquezas que nuestro       Padre celestial desea que siempre las disfrutemos cada día de nuestras vidas       en la tierra y así        también en el cielo, por amor a su Hijo amado Jesucristo. Porque todo lo que       nosotros tenemos, nuestro Padre celestial nos lo ha entregado en grandes       abundancias, por medio de la vida santísima de su Hijo Jesucristo, quien vino       al mundo por los poderes        asombrosos de su Espíritu Santo, al nacer del vientre virgen de la hija de       David, para que gocemos de una vida sin pecado y enriquecedora para la       eternidad.               Además, ésta es una vida gloriosa, porque está llena de victorias en contra de       todas las obras del enemigo, en este mundo y en el más allá también, para       siempre, para que ya no suframos más el mal de la pobreza y la enfermedad,       sino que a cada hora        gocemos de las riquezas de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo. En       ésta vida santísima, la cual nuestro Señor Jesucristo la trajo al mundo, por       los poderes asombrosos de su Espíritu Santo y por cumplimiento del Convenio de       vida Eterna con        Abraham y sus aliados, no solamente nos ha entregado la vida eterna y sus       abundantes riquezas, sino que también nos da poder para ascender a nuestro       Padre celestial en el cielo.               Esto quiere decir, que aunque estemos viviendo nuestras vidas normales en el       mundo, nosotros podemos gozar de las riquezas de nuestro Padre celestial y de       su Espíritu Santo del mundo de arriba, porque nuestro Señor Jesucristo es la       vida y el cuerpo que        nos lleva a estos lugares gloriosos de cada día, en donde viviremos       eternamente, cuando entremos a la eternidad completamente. Por esta razón,       nuestro Padre celestial desea que cada uno de nosotros siempre camine en la       luz de la vida victoriosa de su        Hijo Jesucristo, porque ésta es la vida que nuestro Padre celestial ha       confesado desde su SHEKINAH (gloria celestial) de que le complace mucho y,       pues, llama a todos a obedecerle a él, para que las bendiciones desciendan       abundantemente.               Ciertamente, ésta es una vida infinitamente gloriosa, por la cual nuestro       Padre celestial descendió al mundo para inaugurarla con Abraham y sus       amistades al sentarse a la Mesa del SEÑOR y comer del pan y vino que nuestro       Señor Jesucristo declaró        abiertamente, al decir que todo aquel que come y bebe de él, no volverá a       tener hambre ni sed jamás. Y después de haber comido y bebido con Abraham y       sus aliados de la Mesa del SEÑOR del pan y vino que nuestro Señor Jesucristo       sirve cada día a cada        hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones, para perdón,       bendición, sanidad, prosperidad y salvación eterna, entonces regresó a su       Trono Santo para seguir gobernando soberanamente.               Luego nuestro Señor Jesucristo nació del vientre virgen de la hija de David,       para entregarnos el cuerpo y la sangre santísima que no solamente perdonaría       nuestros pecados, sino que también nos entregaría el cuerpo bendito para       regresar al reino de los        cielos, para no conocer más el mal del enemigo, sino solamente la felicidad de       Dios, en toda la eternidad celestial. Y fue precisamente en éste cuerpo       santísimo que nuestro Señor Jesucristo caminó con cada uno de sus hermanos y       hermanas en toda la tierra        de Israel, para cumplir con el Espíritu Santo de los Diez Mandamientos hasta       glorificarlos infinitamente en el corazón de nuestro Padre celestial y así       también en el corazón de la humanidad entera, para abrazar la reconciliación       eterna.               Posteriormente Jesucristo fue crucificado, muerto y sepultado con nuestros       pecados, problemas, dificultades, enfermedades y muertes del fuego del       infierno, para resucitar en el tercer día por los poderes asombrosos del       Espíritu Santo, para ya no vivir má       s en el cuerpo pecador y rebelde de Adán y Eva, sino en su cuerpo santísimo,       para ascender al reino de los cielos inmediatamente vindicados. Por ello,       nuestro Señor Jesucristo declaró abiertamente a cada uno de sus seguidores,       para asegurarles, de que si        él no es levantado de nuevo hacia los cielos, en donde estaba antes con su       Padre celestial, entonces el Espíritu Santo no podía descender para hacer su       obra sacerdotal con cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de       las naciones.               Pero como nuestro Señor y salvador Jesucristo resucitó en el tercer día,       dejando atrás enterrado en la tumba de cada uno de sus seguidores los pecados,       problemas, dificultades, enfermedades y muertes eternas del infierno, entonces       ascendió a nuestro        Padre celestial para pedirle en oración que envíe a su Espíritu Santo al       mundo, para hacer su obra final, mediadora, e infinitamente gloriosa. Y luego       de nuestro Señor Jesucristo haber entrado en la presencia santísima de nuestro       Padre celestial,        entonces envió a su Espíritu Santo al mundo para que camine con cada hombre,       mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones, de los que han       creído en sus corazones para justicia y confesado con sus labios a Jesucristo,       para salvación eterna.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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