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|    IVANIVAN555@aol.com to All    |
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|    20 Jul 15 04:38:55    |
      Sábado, 18 de Julio, 2015 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                      COMO ADÁN Y EVA, VESTIRÁS DEL CUERPO SANTO DE SU YESHUA (JESÚS):              Nuestro Padre celestial le dijo a Moisés sube acá al monte santo de Jerusalén       y de la escalera de Jacobo, para entregarte en tus manos las dos tablas de los       Diez Mandamientos, las cuales, yo mismo he escrito con mi dedo todas mis       instrucciones y las        leyes, para que se las enseñes a Israel. Y Moisés se había descalzado,       haciendo contacto con la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del       mundo, sobre todo lo alto de monte santo de Jerusalén y, además, había       recibido el nombre santo de su Hijo        amado, el Rebbe Yeshua JaMashiax, para enseñárselo a los hebreos para que lo       empiecen a invocar, entonces podía perfectamente subir al cielo.               Con toda confianza, Moisés subió a la presencia santísima de nuestro Padre       celestial en el cielo, porque había sido bendecido grandemente con la sangre       bendita de su Hijo amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, para       purificarse de sus pecados y así        volver a nacer del Espíritu Santo, para empezar a hacer su gran voluntad       bendita en todo Israel. Moisés estaba perfectamente purificado de sus pecados,       por lo tanto la carne del pacto de familia entre Dios y Abraham se veía en él,       de pies a cabeza, que        nuestro Padre celestial no veía imperfección alguna en todo su ser, sino       solamente la carne y la sangre bendita de su Hijo Jesucristo, para recibir sus       santos mandamientos y entregárselos a Israel.               Y estos son mandamientos perfectos de la vida misma no solamente de nuestro       Padre celestial sino también de su Hijo amado, y del Espíritu Santo, porque       ésta es la vida de la familia del pacto entre Dios del cielo y el hombre de       toda la tierra, para que        la empiecen a obedecer y cumplir cabalmente. Por lo tanto, son mandamientos       muy santos que ningún hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las       naciones, empezando por Israel, podrá jamás cumplirlos cabalmente, para gloria       y honra de su nombre        santísimo, sino que solamente la vida gloriosa de su Hijo Jesucristo podía       algún día cumplirlos en la tierra prometida de Israel, para salvar la       humanidad entera.               Y estos son mandamientos, expresamente entregados por nuestro Padre celestial       a Moisés y para todo Israel, para que lo introduzcan en la tierra prometida de       Canaán, porque muy pronto su Hijo amado iba a nacer entre ellos, del vientre       virgen de la hija de        David y por el Espíritu Santo, para empezar a vivirlos divinamente,       glorificándolos así para toda la eternidad. Porque era necesario para nuestro       Padre celestial y para su Hijo Jesucristo, que los mandamientos de la vida       santa del reino de los cielos se        cumpliese cabalmente en la tierra prometida de Canaán, para que el Espíritu       Santo sea eternamente glorificado en la vida de cada hombre, mujer, niño y       niña de Israel y de las familias de todas las naciones.               Y al glorificar grandemente el Espíritu Santo de los mandamientos, por su Hijo       Jesucristo en la vida de todo Israel, entonces Satanás y con todos sus pecados       de mentira, calumnia, maldición, enfermedad, pobreza, muerte y destrucción       eterna en la tumba y        del infierno, por ende sea derrotado perpetuamente con todos sus ángeles       caídos sobre el monte santo de Jerusalén. Puesto que, si nuestro Señor       Jesucristo no cumplía con el Espíritu Santo de los mandamientos, al destruir       toda mentira y de gran maldad de        Satanás y de sus ángeles caídos en la vida de todas las familias de Israel y       de las naciones, entonces él no podía jamás subir al monte santo de Jerusalén       para cumplir con su gran obra victoriosamente.               Visto que, solamente después de haber destruido toda mentira, maldad y       enfermedad de Satanás y del ángel de la muerte en la vida del hombre de toda       la tierra, entonces nuestro Señor Jesucristo podía muy bien subir al monte       santo de Jerusalén con su cruz,        para ser clavado a Adán y Eva con el nombre santo de Dios, para salvación       eterna. De otra manera, nuestro Señor Jesucristo no podía subir al monte santo       de Jerusalén, para derramar su sangre bendita que había destruido toda       mentira, calumnia, maldad,        enfermedad, pobreza y muerte de Satanás en la vida de toda la humanidad       entera, para por fin ser clavado a los árboles cruzados de Adán y Eva, para       salvación y bendición eterna de muchos.               Por esta razón, nuestro Padre celestial cuando le escribió con su dedo santo       las dos tablas de los mandamientos, entonces también le escribió preceptos       importantes, entregándole así con la misma importancia de los mandamientos       eternos el altar físico del        monte santo de Jerusalén, para que todos ellos invoquen su nombre santísimo       progresivamente, para ser purificados cada día de todos sus pecados. Visto       que, no solamente cuando invocan el nombre santo de nuestro Padre celestial,       de su Hijo Jesucristo y        del Espíritu Santo, son entonces limpios de sus males, para que jamás les       suceda ningún mal en todos sus días, sino que también reciben la carne y la       sangre del pacto de familia de vida eterna, para ascender al cielo, en       cualquier momento.               Dado que, eso es lo que precisamente sucede cada vez que un hombre, mujer,       niño o niña de todas las familias de la tierra suben al monte santo de       Jerusalén, para pararse ante las cruces del cielo, para que cuando invoquen el       nombre santo, entonces estén        pisando la sangre santísima de su Cordero bendito, para purificación eterna de       sus almas vivientes. Y es aquí, cuando el cuerpo humano junto con su alma       viviente es purificado del mal y, simultáneamente, recibe la carne y la sangre       del nuevo cuerpo para        vivir la vida eternamente, y así poder acceder por la puerta y el camino       angosto, para subir por la escalera de Jacobo hacia la presencia santísima de       nuestro Padre celestial en el cielo.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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