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|    11 Jan 16 05:15:42    |
      Sábado, 09 de Enero, 2016 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)               EL PADRE NOS VISTE COMO SACERDOTES, REYES Y TEMPLOS A SU NOMBRE BENDITO:              En el principio, nuestro Padre celestial necesitaba que el hombre conociese       que él no es un Dios que es adorado en casas hechas por las manos de       pecadores, pero si es un Dios que espera vivir en sus corazones, por los       poderes asombrosos del Espíritu        Santo, para ser adorado en espíritu y en verdad, perpetuamente. Por ello, en       todas las Escrituras jamás vemos un templo, en donde nuestro Padre celestial       es manifestado como el Dios que debe ser adorado, sin embargo él se manifiesta       a sus escogidos como        el Dios que puede ser encontrado en todas partes de la tierra, al solamente       ser creído por medio de su Hijo, el Rebbe Yeshua JaMashiax (Jesucristo).               Ahora, el único templo, que verdaderamente vemos moverse poderosamente desde       el cielo, es el altar de su Hijo Jesucristo, en donde él derrama de su sangre       reparadora, para que nuestro Padre celestial pueda crear todas las cosas en el       cielo con los á       ngeles, pero también postreramente el mundo entero con toda la humanidad, para       finalmente establecer su templo en la tierra, perpetuamente. Por eso, está       escrito que en el comienzo nuestro Padre celestial empezó a derramar de su       Espíritu Santo sobre toda        la tierra (Gene 1:2), porque estaba deformada y desordenada, entonces su       Espíritu se movía subyugando con su luz y poderes asombrosos de santidad, los       poderes de tinieblas que estaban sobre toda ella, sometiéndolas todas con la       gloria de su nombre santí       simo.              Esto es el derramamiento del Espíritu de la sangre reparadora de su Hijo       Jesucristo sobre la Creación de nuestro Padre celestial, sea esto la creación       de los ángeles del cielo o de toda la tierra, para que él no solamente crea a       cada hombre, mujer, niño        y niña pero también a su templo glorioso, tal como él que siempre soñó poseer       eternamente. Además, como nuestro Señor Jesucristo derramaba de su sangre       reparadora sobre el altar de nuestro Padre celestial en el cielo, entonces su       Espíritu Santo descendía        con grandes poderes, para remover las tinieblas que estaban sobre toda la       tierra, para que él no solamente las subyugue, pero también para preparar el       camino para que la humanidad nazca--el templo de su nombre bendito.               Ahora, nuestro Señor Jesucristo siempre ha sido el templo del nombre bendito       de nuestro Padre celestial en el cielo y con todas las huestes angelicales,       perpetuamente, pero con su nueva Creación de la tierra y con su humanidad,       entonces él también quiere        a su Hijo Jesucristo como el templo de su nombre, para que él pueda conquistar       nuevas glorias aún no conocidas. Puesto que, nuestro Padre celestial tenía en       mente de establecer su familia santa no solamente en el cielo con su Hijo       Jesucristo y con su Espí       ritu Santo, pero ahora, también desea expandirla grandemente sobre toda la       tierra, para finalmente crear una nueva tierra con cielos gloriosos y       espaciosos, para vivir con sus hijos en perfecta santidad perpetúa.              Por ello, era importante para nuestro Padre celestial de tener a su Hijo       Jesucristo derramando de su sangre reparadora desde su altar del cielo, en       donde su Hijo fue inmolado como el sumo sacrificio que jamás terminara, para       que él pueda continuar        creando con los ángeles y la humanidad entera nuevas glorias nunca antes       vistas por nadie. Ciertamente, nuestro Señor Jesucristo siempre ha sido el       templo del nombre santísimo de nuestro Padre celestial, del cual jamás ha sido       visto ni entendido por los á       ngeles del cielo y con la humanidad entera en la tierra, porque solamente su       unigénito es el templo de su nombre, perpetuamente, y únicamente nuestro Padre       necesita verlo en perfecta santidad en todo momento, y siempre.              Esto nos dice también, que aunque nuestro Señor Jesucristo siempre ha vivido       con las huestes angelicales aún así han fallado completamente de entenderlo       como el templo del nombre santo de nuestro Padre celestial, porque Lucifer, en       su falta de        entendimiento hacia Dios, insistió que él podía exaltar su nombre inicuo más       alto que el templo bendito, causando así su caída perpetua. Esto fue el       comienzo de la rebelión angelical en contra de nuestro Padre celestial y de su       Hijo Jesucristo, porque        Lucifer realmente pensó que él podía exaltar su nombre inicuo sobre el templo       del nombre santo, y esto significaba exaltar su nombre inicuo sobre nuestro       Señor Jesucristo, visto que siempre él ha llevado el nombre bendito en       perfecta santidad eterna.              Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo siempre ha sido el templo del nombre       bendito de nuestro Padre celestial en el cielo con las huestes angelicales y       en la tierra con cada hombre, mujer, niño y niña, empezando con Adán y Eva en       el paraíso, porque        nadie podrá ser el templo del nombre santo en el cielo, excepto su confidente,       su Hijo Jesucristo. No obstante, al Lucifer tratar de tomar control del nombre       bendito de nuestro Padre celestial, exaltando su nombre inicuo sobre su Hijo       Jesucristo,        entonces, él pecó en contra de Dios y del Espíritu Santo: por ende, Lucifer       fue expulsado al infierno junto con la una tercera parte de los ángeles       caídos, que creyeron que su caudillo podía exaltar su nombre inicuo.              Ciertamente, ésta es la batalla angelical que Lucifer empezó en contra de       nuestro Padre celestial y de su unigénito, porque él quería exaltar su nombre       inicuo sobre Jesucristo, el único templo posible del nombre bendito de nuestro       Padre celestial en el        cielo y en toda la Creación, y Lucifer ha fallado miserablemente en su maldad       hasta hoy, porque su plan jamás prevaleció. Con todo, Satanás sigue luchando       en contra de nuestro Padre celestial y de su Hijo en la tierra así como cuando       empezó su rebelión        angelical en el cielo, cuando intentó ser el templo del Dios Viviente, para       tomar el nombre santo: Ya que, Lucifer pensó que él si podía tomarlo, entonces       podía conquistar a Jesucristo y al Espíritu Santo, para siempre.                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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