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|    Message 101 of 525    |
|    IVANIVAN555@aol.com to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_INVOCA_EL    |
|    06 Jul 15 04:43:40    |
      Sábado, 04 de Julio, 2015 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)               Happy 4th of July to everyone around the country of the United States of       America, and may our heavenly Father bless you, in the name of His Son Jesus       Christ, so you may receive these days the blessings that you have asked from       Him to grant you from        Jerusalem's holy hill, by invoking His holy name, for blessing and lasting       salvation.               INVOCA EL NOMBRE DE DIOS, Y TAMBIÉN VIENE LA SANGRE SALVADORA SOBRE TI:              Nuestro Señor y salvador Jesucristo le dijo a Moisés desde en medio de las       cruces, ardiendo en el fuego del Espíritu Santo: Yo Soy El Gran Yo soy el Que       Soy, que me ha enviado a vosotros, como el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y       el Dios de Jacobo--é       ste es mi nombre en que me conocerán vosotros, para siempre. Porque en éste       nombre jamás me he dado a conocer a nadie en ninguna de las naciones de toda       la tierra, excepto por medio de ti, Moisés, y sobre todo lo alto del monte       santo de Dios, para que        todo Israel lo conozca cada día más y lo invoque en todo momento,       especialmente cuando se encuentren en necesidad de ayuda divina.               Y nuestro Señor Jesucristo le aseguraba a Moisés, de que si él le entregaba su       nombre santo, como El Yo Soy El Que Soy, entonces todo Israel empezaría a       recibir toda la ayuda necesaria del monte santo de Dios, para empezar a romper       las cadenas de la        esclavitud eterna de Egipto y así eventualmente escapar hacia una vida mejor       de Dios. Visto que, cada vez que el nombre santo de nuestro Señor Jesucristo       es invocado por los israelíes, como El Yo Soy El Que Soy, entonces no       solamente están invocando al        Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, sino que también están invocando la carne       y la sangre bendita del pacto, los cuales se encuentran siempre en el       epicentro del monte de Dios.               Porque esta es la Casa santa del nombre bendito de Dios, es decir, de nuestro       Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y de su Espíritu Santo, para que sea       invocado no solamente por los ángeles del riendo de los cielos, sino también       por cada hombre, mujer,        niño y niña, para perdón, bendición, salud y salvación. Por lo tanto, cada vez       que el nombre de nuestro Señor Jesucristo es invocado, entonces también es       invocado, a la misma vez, el nombre de nuestro Padre celestial y el nombre del       Espíritu Santo, para        entrar en nuestras vidas desde el monte santo de Jerusalén con grandes       bendiciones de grandes poderes, liberándonos de todo mal del enemigo, para       siempre.               Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo le dijo a Moisés, que cada vez que       orase sobre los hijos de Israel, entonces tendría que poner su nombre santo       sobre cada uno de todos ellos, para que reciban las bendiciones que       necesitaban del monte santo de        Jerusalén, para servir, amar y exaltar el nombre santo de nuestro Padre       celestial, para siempre. Y Moisés les enseñó a Aaron y a sus hijos, como los       sacerdotes Levitas del tabernáculo de reunión, a orar, a invocar, y a poner el       nombre de nuestro Padre        celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo sobre cada uno de todos       ellos, para que sean bendecidos grandemente cada día de sus vidas.               Y la oración sacerdotal de cada día dice así, invocando el nombre santo de       nuestro Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo: el Padre       celestial te bendiga, y te guarde, su Hijo Jesucristo haga resplandecer su       rostro sobre ti, y tenga        de ti misericordia, y el Espíritu Santo alce sobre ti su rostro, y ponga en ti       paz. Y así pondrán mi nombre santo sobre todos los hijos de Israel, y yo los       bendeciré en donde quiera que se encuentren en todas las naciones, puesto que       tienen el mandato de        parte de mí de hacerme un altar en sus hogares, por donde sea que vayan por       toda la tierra, para que yo venga a ellos, y los bendiga grandemente.               Por tanto, los Levitas, como los sacerdotes del tabernáculo de reunión y del       Lugar Más Santo, entonces tenían que invocar el nombre de nuestro Padre       celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo sobre cada uno de todos       ellos, para que entonces        nuestro Padre celestial empiece a bendecir grandemente sus vidas, y la vida de       cada uno de los suyos, también. De otra manera, nuestro Padre celestial, ni su       Hijo Jesucristo (como el Cordero de Dios que quita el pecado de Israel, por       los poderes        asombrosos de su sangre santísima, derramada sobre el altar de Dios), ni mucho       menos su Espíritu Santo podía permanecer en ninguno de ellos, para entregarles       sus bendiciones que tanto necesitaban cada día de sus vidas.               Ciertamente, los Levitas tenían que orar, invocando el nombre santo de nuestro       Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, para que los       israelitas sean bendecidos, de otra manera ellos no podían jamás experimentar       las grandes bendiciones        del monte de Dios, para seguir viviendo sus vidas normales sobre toda la       tierra, y así también mantenerse protegidos siempre de sus enemigos. Por lo       tanto, era sumamente importante para nuestro Señor y salvador Jesucristo no       solamente de entregarles su        nombre santo, por medio de Moisés, a todo Israel, y sobre todo lo alto del       monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Monte Sinaí, para que empiecen       a romper toda clase de tinieblas en sus vidas, y así escapar de Egipto hacia       la tierra prometida.               Sino que también los Levitas tenían que orar, invocando el nombre santo de       nuestro Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo sobre cada       uno de todos ellos, para que vivan las grandes bendiciones que habían       descendido sobre sus vidas        cuando el monte santo de Jerusalén descansaba sobre el Monte Sinaí, para que       ellos empiecen a vivir una vida sumamente gloriosa. Puesto que, la vida       santísima que nuestro Padre celestial les estaba entregando cada día que       invocaban su nombre santo, el de        su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces era para que sean       grandemente saturados con poderes y victorias sobre todas las artimañas de       Satanás en sus vidas, para que no caigan en ninguna de sus trampas, sino que       siempre escapen.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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