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|    Message 133 of 657    |
|    valarezo to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_RECIBE_TU    |
|    03 Apr 13 20:16:06    |
      bf78fd82       From: IVANIVAN555@aol.com              Viernes, 29 de Marzo, año 2013 de Nuestro Salvador Jesucristo,       Guayaquil, Ecuador -Iberoamérica              (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)              RECIBE TUS RIQUEZAS DE CADA DÍA DE JESUCRISTO, EN ÉSTA SEMANA SANTA       2013:              Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Moisés toma un cordero de un año y       sin defecto alguno, y sacrifícalo delante de nuestro Padre celestial,       para que la sangre sea derramada para liberación de los hebreos del       poder del cautiverio Egipcio. Y, además, le dijo nuestro Señor       Jesucristo a Moisés que tomase de la sangre del cordero degollado y la       salpicase sobre los dinteles de las puertas de cada una de todas las       casas de los hebreos, en la tierra de Gosén.              Y, también, nuestro Señor Jesucristo le mando a Moisés que hiciese       esto inmediatamente, porque nuestro Padre celestial iba a pasar por       todas las casas de los egipcios y también por la de los hebreos, y       sobre la casa que viese la sangre del pacto eterno, entonces no       dejaría entrar al destructor para que mate al primogénito de la       familia. Sin embargo, nuestro Padre celestial dejaría que el ángel       destructor siga de largo por todas las casas egipcias y hebreas       buscando diligentemente por las puertas que no estén salpicadas por la       sangre del Cordero de Dios (nuestro Señor Jesucristo), para matar al       primogénito de su familia, y de sus animales también.              Y, en aquella noche, cada familia hebrea obedecía a la palabra de       nuestro Señor Jesucristo que le había encargado a Moisés que llevase       acabo muy diligentemente, porque nuestro Padre celestial iba a juzgar       a todas las familias de los Egipcios por haber retenido a todos los       hijos de Abraham bajo un cautiverio duro, por más de cuatrocientos       años. Y, entonces, nuestro Padre celestial bendijo grandemente a       Moisés y a cada una de las familias hebreas, al ver que la palabra       santísima de nuestro Señor Jesucristo era supremamente obedecida al       pie de la letra, ya que se veía por doquier la mancha santísima y       salvadora de la sangre bendita de su Hijo amado, ¡nuestro Señor y       salvador Jesucristo!              Realmente, nuestro Padre celestial bendijo grandemente a Moisés,       porque el pequeño cordero que él había escogido para ser sacrificado       para que los hebreos sean guardados de todo mal del enemigo de todas       las almas, y esto iba a ser al salpicar la sangre del cordero inmolado       sobre los dinteles de las casas de los hebreos, entonces la sangre       santa se multiplico copiosamente. Visto que, la sangre de un cordero       de un año no podía jamás salpicar sobre cada una de las casas de los       hebreos, sino que fue la sangre milagrosa de nuestro Señor y salvador       Jesucristo, la cual Moisés salpicaba por todos lados, y se       multiplicaba grandemente para no solamente ungir las puertas de los       hogares hebreos, sino también la de los gentiles.              Porque que la verdad es que nuestro Padre celestial esperaba que las       familias egipcias obedeciesen a la voz de nuestro Señor y salvador       Jesucristo, la cual era manifestada por Moisés, cuando les decía con       gran diligencia que dejasen manchar con la sangre del Cordero de Dios       los dinteles de sus puertas, pero sólo los hebreos obedecieron con       mucha devoción, sin duda alguna. Entonces sólo las familias hebreas       obedecieron a la palabra de nuestro Señor Jesucristo que era       manifestada con gran urgencia por Moisés para que se lleve acabo al       pie de la letra, para escapar del juicio que venia sobre todo Egipto,       incluyendo la tierra de Gosén también, y, lastimosamente, todos los       primogénitos de las familias egipcias murieron, incluyendo de todos       sus animales.              Además, esto sucedió tal cual como nuestro Señor Jesucristo se lo       había manifestado a Moisés sobre el Monte Sinaí inicialmente, porque       cuando nuestro Padre celestial paso sobre todo Egipto entonces dejo       que el ángel destructor entrase en los hogares que no se veía de lejos       la sangre de su Hijo Jesucristo salpicada, sobre los dinteles de las       puertas de sus casas. En esta noche, nuestro Padre celestial le       manifestó claramente a las familias egipcias y de los hebreos por       igual, que si él vuela sobre la tierra, y no ve de lejos la sangre de       su Hijo Jesucristo, como su Cordero santísimo del sacrificio de cada       día salpicada sobre los dinteles de sus hogares, entonces le permitirá       al destructor entrar para destruir.              En otras palabras, en ésta noche de juicio, nuestro Padre celestial le       manifestó claramente a Israel y a cada una de las familias del mundo       entero, que cuando él pasa sobre las naciones y no ve la sangre de su       Hijo Jesucristo salpicada sobre los dinteles de las puertas de sus       hogares, entonces le permitirá a los ángeles destructores entrar para       destruir. Por cuanto que todo hombre, mujer, niño y niña que no ama a       nuestro Padre celestial por medio de la vida gloriosa de su Hijo       Jesucristo, como el Cordero de Dios que quita el pecado de todas las       naciones, entonces será castigado enormemente en esta vida y en la       venidera, también, por justicia al nombre santo de nuestro Padre       celestial.              Y, además, nuestro Padre celestial necesita ver la sangre bendita de       su Hijo Jesucristo salpicada sobre los dinteles de las puertas de       hebreos y de gentiles de todas las naciones, porque cuando el pasa       sobre los cielos de nuestros hogares, entonces quiere ver la santidad       de Jesucristo cubriendo no solamente del poder del pecado sino también       del mal del enemigo eterno, Satanás. Porque solamente en la sangre       santísima de su Hijo Jesucristo es que nuestro Padre celestial nos ve       santos a cada uno de todos nosotros, y libres de toda mentira de       Satanás y del mal eterno del fruto prohibido del árbol de la ciencia       del bien y del mal, del cual Eva y luego Adam comieron en el paraíso,       para morir eternamente.              Y nuestro Padre celestial siempre desea vernos a cada hora sumergidos       en la sangre santísima de su Hijo Jesucristo, porque de ahí salimos       inicialmente, además nos ha colmado de bendiciones terrenales y       celestiales en los lugares altísimos de gran santidad infinita: en       donde nuestro Dios vive gloriosamente pensando en cada uno de       nosotros, como sus retoños legítimos de todas las naciones.       Ciertamente, es la sangre santísima que hizo la diferencia redentora       entre hebreos y egipcios en el comienzo de las cosas; además, fue la       sangre santísima, no tanto la del cordero inmolado de un año y sin       tacha, sino la de Jesucristo que la roca eterna del monte Sinaí              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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