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   Message 160 of 657   
   ivanvalarezo@gmail.com to All   
   =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_CEDEMOS_A   
   10 Mar 14 14:17:42   
   
   Sábado, 08 de Marzo, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,   
   Ecuador-Iberoamérica    
      
   (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)    
      
   CEDEMOS A JESÚS A FALLECIDOS Y HERIDOS EN ACCIDENTES: Nuestro amor,   
   condolencias y oraciones son para las familias de las víctimas que   
   desaparecieron súbitamente en terribles accidentes, de las carreteras   
   nacionales del Ecuador, como en Machala,    
   Portoviejo, Loja, Catacocha, y Salinas. Nuestro Padre celestial los recibió en   
   su gloria eterna del reino de los cielos, porque para esto mando a su Hijo   
   Jesucristo al mundo, para que no solamente naciese santo del vientre virgen de   
   la hija de David,    
   para entrar en la vida de todo hombre con su misma vida eterna, sino que   
   también murió por ellos para llevárselos al paraíso.    
      
   Y nuestro Señor Jesucristo se los llevó al cielo, porque sólo él vivió la vida   
   santísima de cada uno de ellos delante de nuestro Padre celestial, para que ya   
   no sean vistos con el cuerpo pecador y rebelde de Adán y Eva, sino con su   
   mismo cuerpo santísimo,   
    para que sean santos para siempre en la eternidad venidera del más allá.   
   Insuperablemente, nuestro Señor Jesucristo tiene derecho a la vida de cada uno   
   de ellos, porque los compró con su misma sangre santísima, la cual derramó   
   sobre los árboles cruzados    
   de Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, para que sean infinitamente   
   purificados de todo mal eterno y así puedan al fin ascender a la vida virgen   
   del reino angelical.    
      
   Su sangre santísima pagó completamente por sus pecados, para que ya no tengan   
   que morir más para el infierno, sino que asciendan a su vida santísima que   
   tiene cada uno de ellos reservada delante de nuestro Padre celestial; porque   
   todos los que mueren en    
   la tierra regresan a su lugar eterno del paraíso, para vivir para Dios   
   perpetuamente, y sin pecado. Visto que, del paraíso descendieron inicialmente   
   con Adán y Eva por culpa del pecado y de la rebelión hacia el fruto de la vida   
   eterna, así pues al paraí   
   so tienen que regresar en sus últimos días de vida en la tierra, por medio de   
   la misma fruta de vida eterna, y ésta es la vida santísima de nuestro Señor y   
   salvador Jesucristo.    
      
   Por eso, nuestro Señor Jesucristo les enseñaba a cada uno de sus discípulos   
   por todo Israel que sólo él es el camino, la verdad, y la vida para regresar a   
   nuestro Padre celestial que está en el cielo; y sin él, nadie jamás podrá   
   acercarse a su Dios y    
   Padre celestial, ni mucho menos verlo tal cual como él es infinitamente.   
   Además, nuestro Señor Jesucristo tiene derecho a bendecir la vida de cada   
   hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones, porque con   
   su cuerpo santísimo clavado a    
   los árboles secos y muertos de Adán y Eva (nuestros padres originales) sobre   
   el monte santo de Jerusalén, pagó con su vida por el rescate justo de sus   
   almas eternas.    
      
   Y nuestro Señor Jesucristo hizo ésta gran misericordia y acto de amor por   
   todos nosotros, porque no solamente él es nuestro sumo sacerdote y Cordero con   
   la sangre bendita de nuestra única redención, sino porque nos ama desde   
   siempre, y esto es desde    
   mucho antes que naciésemos en la imagen de nuestro Padre celestial para vivir   
   conforme a su semejanza celestial perpetuamente. Sin duda, nuestro Señor   
   Jesucristo es nuestro único sumo sacerdote y Cordero con la sangre santísima   
   que nos limpia de todo    
   pecado a cada hora, para presentarnos delante de nuestro Padre celestial cada   
   día de nuestras vidas por toda la tierra, como si jamás hubiésemos conocido el   
   pecado y la rebelión, sino solamente su amor infinito hacia nosotros, en su   
   Hijo Jesucristo.    
      
   Y nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que sólo él es el camino, la verdad y la   
   vida en la tierra y así también en el cielo para siempre, porque únicamente él   
   es la puerta para entrar en la presencia santísima de nuestro Padre celestial,   
   libre del pecado    
   y de toda rebelión, como las que Adán y Eva cometieron en el paraíso. Por   
   ello, Jesucristo nos espera siempre a la entrada del Tabernáculo (para   
   reunirnos), donde están la cortina de azul (el cielo), púrpura (el vino) y   
   carmesí (la sangre redentora),    
   adentrándonos hacia el lugar santo, donde está la lámpara de oro con sus nueve   
   candelas encendidas continuamente, y al norte de éste mismo cuarto santo está   
   la mesa con los panes de la presencia.    
      
   Y pasando por éste cuarto santo, y por otra cortina de azul, púrpura y   
   carmesí, entonces estamos entrando al Lugar Santísimo, en donde están los   
   querubines levitando con sus alas extendidas y sus caras de frente, mirando   
   siempre hacia abajo, sobre la    
   Silla de la Misericordia sentada sobre el Arca del testimonio de la vida   
   santísima de nuestro Señor y salvador Jesucristo. Y dentro de ésta Arca del   
   testimonio de nuestro Señor Jesucristo, están las dos tablas originales que   
   Jesucristo escribió con su    
   mismo dedo su vida gloriosa de los Diez Mandamientos, para vivirla   
   perpetuamente en la tierra así como la vive en el cielo y, además, está la   
   vara de Aarón con la Jarra de oro del maná del desierto del Sinaí.    
      
   Y es aquí, en donde nuestro Padre celestial conoció a Moisés cara a cara, como   
   había conocido inicialmente a Isaac, porque Isaac nació por el Espíritu Santo   
   del vientre estéril de su madre Sarah, consiguientemente, Isaac fue santo y   
   perfecto cuando se    
   presentó delante de nuestro Padre celestial alrededor de la Silla de la   
   Misericordia, en el Lugar Santísimo del cielo. Además, nuestro Padre celestial   
   no solamente conoció cara a cara a Isaac dentro del Tabernáculo de Reunión y   
   del Lugar Santísimo (   
   porque Isaac nació milagrosamente por el Espíritu Santo), sino que también   
   conoció a Abraham, Jacobo, Moisés y a millares más a través de los años   
   (porque todos ellos renacieron milagrosamente del Espíritu Santo en sus días   
   de vida por la tierra).    
      
   Y nuestro Padre celestial requería de cada uno de ellos que fuese nacido del   
   poder del Espíritu Santo, a través de la oración y de participar de la Mesa   
   del Señor, al comer del pan y vino de la mano de su Hijo Jesucristo, porque   
   ellos tenían que ser tan    
   santos y tan perfectos como él siempre lo es para siempre. Así pues, nuestro   
   Padre celestial es para con cada uno de todos los hombres, mujeres, niños y   
   niñas de todas las familias de las naciones, para que se acerquen cada día a   
   la entrada del Taberná   
   culo de Reunión del Lugar Santísimo, porque nuestro Señor Jesucristo es   
   nuestro sumo sacerdote y Cordero con la sangre santísima que nos hace   
   perfectos y santos.    
      
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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