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|    ivanvalarezo@gmail.com to All    |
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|    10 Mar 14 14:17:42    |
      Sábado, 08 de Marzo, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)               CEDEMOS A JESÚS A FALLECIDOS Y HERIDOS EN ACCIDENTES: Nuestro amor,       condolencias y oraciones son para las familias de las víctimas que       desaparecieron súbitamente en terribles accidentes, de las carreteras       nacionales del Ecuador, como en Machala,        Portoviejo, Loja, Catacocha, y Salinas. Nuestro Padre celestial los recibió en       su gloria eterna del reino de los cielos, porque para esto mando a su Hijo       Jesucristo al mundo, para que no solamente naciese santo del vientre virgen de       la hija de David,        para entrar en la vida de todo hombre con su misma vida eterna, sino que       también murió por ellos para llevárselos al paraíso.               Y nuestro Señor Jesucristo se los llevó al cielo, porque sólo él vivió la vida       santísima de cada uno de ellos delante de nuestro Padre celestial, para que ya       no sean vistos con el cuerpo pecador y rebelde de Adán y Eva, sino con su       mismo cuerpo santísimo,        para que sean santos para siempre en la eternidad venidera del más allá.       Insuperablemente, nuestro Señor Jesucristo tiene derecho a la vida de cada uno       de ellos, porque los compró con su misma sangre santísima, la cual derramó       sobre los árboles cruzados        de Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, para que sean infinitamente       purificados de todo mal eterno y así puedan al fin ascender a la vida virgen       del reino angelical.               Su sangre santísima pagó completamente por sus pecados, para que ya no tengan       que morir más para el infierno, sino que asciendan a su vida santísima que       tiene cada uno de ellos reservada delante de nuestro Padre celestial; porque       todos los que mueren en        la tierra regresan a su lugar eterno del paraíso, para vivir para Dios       perpetuamente, y sin pecado. Visto que, del paraíso descendieron inicialmente       con Adán y Eva por culpa del pecado y de la rebelión hacia el fruto de la vida       eterna, así pues al paraí       so tienen que regresar en sus últimos días de vida en la tierra, por medio de       la misma fruta de vida eterna, y ésta es la vida santísima de nuestro Señor y       salvador Jesucristo.               Por eso, nuestro Señor Jesucristo les enseñaba a cada uno de sus discípulos       por todo Israel que sólo él es el camino, la verdad, y la vida para regresar a       nuestro Padre celestial que está en el cielo; y sin él, nadie jamás podrá       acercarse a su Dios y        Padre celestial, ni mucho menos verlo tal cual como él es infinitamente.       Además, nuestro Señor Jesucristo tiene derecho a bendecir la vida de cada       hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones, porque con       su cuerpo santísimo clavado a        los árboles secos y muertos de Adán y Eva (nuestros padres originales) sobre       el monte santo de Jerusalén, pagó con su vida por el rescate justo de sus       almas eternas.               Y nuestro Señor Jesucristo hizo ésta gran misericordia y acto de amor por       todos nosotros, porque no solamente él es nuestro sumo sacerdote y Cordero con       la sangre bendita de nuestra única redención, sino porque nos ama desde       siempre, y esto es desde        mucho antes que naciésemos en la imagen de nuestro Padre celestial para vivir       conforme a su semejanza celestial perpetuamente. Sin duda, nuestro Señor       Jesucristo es nuestro único sumo sacerdote y Cordero con la sangre santísima       que nos limpia de todo        pecado a cada hora, para presentarnos delante de nuestro Padre celestial cada       día de nuestras vidas por toda la tierra, como si jamás hubiésemos conocido el       pecado y la rebelión, sino solamente su amor infinito hacia nosotros, en su       Hijo Jesucristo.               Y nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que sólo él es el camino, la verdad y la       vida en la tierra y así también en el cielo para siempre, porque únicamente él       es la puerta para entrar en la presencia santísima de nuestro Padre celestial,       libre del pecado        y de toda rebelión, como las que Adán y Eva cometieron en el paraíso. Por       ello, Jesucristo nos espera siempre a la entrada del Tabernáculo (para       reunirnos), donde están la cortina de azul (el cielo), púrpura (el vino) y       carmesí (la sangre redentora),        adentrándonos hacia el lugar santo, donde está la lámpara de oro con sus nueve       candelas encendidas continuamente, y al norte de éste mismo cuarto santo está       la mesa con los panes de la presencia.               Y pasando por éste cuarto santo, y por otra cortina de azul, púrpura y       carmesí, entonces estamos entrando al Lugar Santísimo, en donde están los       querubines levitando con sus alas extendidas y sus caras de frente, mirando       siempre hacia abajo, sobre la        Silla de la Misericordia sentada sobre el Arca del testimonio de la vida       santísima de nuestro Señor y salvador Jesucristo. Y dentro de ésta Arca del       testimonio de nuestro Señor Jesucristo, están las dos tablas originales que       Jesucristo escribió con su        mismo dedo su vida gloriosa de los Diez Mandamientos, para vivirla       perpetuamente en la tierra así como la vive en el cielo y, además, está la       vara de Aarón con la Jarra de oro del maná del desierto del Sinaí.               Y es aquí, en donde nuestro Padre celestial conoció a Moisés cara a cara, como       había conocido inicialmente a Isaac, porque Isaac nació por el Espíritu Santo       del vientre estéril de su madre Sarah, consiguientemente, Isaac fue santo y       perfecto cuando se        presentó delante de nuestro Padre celestial alrededor de la Silla de la       Misericordia, en el Lugar Santísimo del cielo. Además, nuestro Padre celestial       no solamente conoció cara a cara a Isaac dentro del Tabernáculo de Reunión y       del Lugar Santísimo (       porque Isaac nació milagrosamente por el Espíritu Santo), sino que también       conoció a Abraham, Jacobo, Moisés y a millares más a través de los años       (porque todos ellos renacieron milagrosamente del Espíritu Santo en sus días       de vida por la tierra).               Y nuestro Padre celestial requería de cada uno de ellos que fuese nacido del       poder del Espíritu Santo, a través de la oración y de participar de la Mesa       del Señor, al comer del pan y vino de la mano de su Hijo Jesucristo, porque       ellos tenían que ser tan        santos y tan perfectos como él siempre lo es para siempre. Así pues, nuestro       Padre celestial es para con cada uno de todos los hombres, mujeres, niños y       niñas de todas las familias de las naciones, para que se acerquen cada día a       la entrada del Taberná       culo de Reunión del Lugar Santísimo, porque nuestro Señor Jesucristo es       nuestro sumo sacerdote y Cordero con la sangre santísima que nos hace       perfectos y santos.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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