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|    Message 169 of 657    |
|    IVANIVAN555@aol.com to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_NUESTRAS_    |
|    13 Aug 14 02:01:43    |
      Sábado, 09 de Agosto, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)               NUESTRAS CONDOLENCIAS A LAS FAMILIAS Y SUS DESAPARECIDOS: Deseamos expresar       nuestro amor, condolencia y oraciones delante de nuestro Padre celestial, en       el nombre bendito de su Hijo Jesucristo, por cada una de las familias de       Yunnan, China, en donde como        615 de sus amados desaparecieron en un terremoto que desbasto grandemente su       región meridional de esta provincia. En estos días, cada uno de ellos se       encuentra en la presencia santísima de nuestro Padre celestial, porque su Hijo       Jesucristo descendió a        vivir sus vidas en la tierra prometida, por los poderes asombros del Espíritu       Santo, para que ellos tengan vida, y puedan regresar a sus lugares de origen       del reino de los cielos.               Visto que, cuando el Espíritu Santo accedió en el vientre virgen de la hija de       David, para cumplir con la Escritura, entonces entró para darnos al Hijo de       Dios con la sangre sagrada, huesos inquebrantables y sangre santísima llena de       vida eterna y salud        para cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones,       empezando por Israel. Éste es nuestro Salvador Jesucristo, quien no solamente       nació del vientre virgen de la hija de David por el Espíritu Santo, sino que       también nos trajo su        cuerpo santo y libre de toda mentira del enemigo, para no solamente vivir       nuestras vidas santas, sino también para ser nuestro Cordero con la sangre que       nos limpia de todo pecado, para la eternidad.               Y en su vida santísima no solamente la vivió Jesucristo para complacer a       nuestro Padre celestial que está en el cielo, sino también para cumplir con el       Espíritu Santo de los Diez Mandamientos, para que postreramente sea       glorificada en el corazón de        nuestro Padre y asimismo en el de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las       familias de las naciones. Porque era necesario no solamente cumplir cabalmente       con el Espíritu Santo de los Mandamientos delante de nuestro Padre celestial       que está en el        cielo, sino también en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de todas       las familias de la Tierra, para que finalmente él pueda ponerle fin al pecado       sobre el holocausto que el hombre tenia para él.               Y éste holocausto es un holocausto santo que el hombre pecador de toda la       tierra tenia que llevarlo acabo sobre el monte santo de Jerusalén, en Israel,       para que el Hijo de Dios, nacido por el poder del Espíritu Santo del vientre       virgen de la hija de        David, entonces pueda derramar su sangre bendita del pacto para el perdón de       pecados. Y ésta sangre expiatoria, libre de toda mentira y mal del enemigo de       las almas (Satanás), tenia que ser vertida por completo sobre los cuerpos ya       sin vida de Adán y Eva,        cruzados sobre el monte santo de Jerusalén como pacto eterno de sangre, para       el fin del pecado y reconciliación eterna con nuestro Padre celestial que está       en el cielo.               Además, nuestro Señor Jesucristo tenia que derramar su sangre santísima sobre       los cuerpos cruzados y sin vida de Adán y Eva sobre el monte santo de       Jerusalén, porque éste es un holocausto muy especial que nuestro Padre       celestial se lo pide al hombre        inicialmente que lo haga ya, después de haber leído la Ley toda, y adorado a       él como su salvador. Visto que, cuando leemos los Mandamientos en el capitulo       20 de Éxodo, entonces después de haberlos leído cabalmente, nuestro Padre       celestial nos pide que        hagamos un altar de tierra, para ofrecer nuestros holocaustos de paz y de       comunión para con él, ofreciendo así nuestro sacrificio de derramar la sangre       expiatoria a tierra, para que nuestros pecados sean perdonados y borrados       perpetuamente.               Y, además, nuestro Padre celestial nos dice a donde sea que yo haga recordar       (grabar, clavar, sellar, establecer, poner) mi nombre santo, entonces tú me       invocaras, y yo vendré a ti, y te bendeciré. Y es precisamente éste holocausto       de su Hijo Jesucristo        que nuestro Padre tenia en mente y en su corazón establecido, clavado,       sellado, de que se llevase acabo lo más pronto posible, para que el pecado       tenga su fin y así perdonar los pecados de todos los hombres, mujeres, niños y       niñas de todas las familias        de las naciones, empezando por Israel.               Por esta razón, nuestro Padre celestial le decía a los Hebreos, por ejemplo,       no iré con ustedes por el desierto del Sinaí hacia la tierra prometida, porque       quizás por el camino me vayas a ofender como ya lo han hecho y ahí los mate       mucho antes de entrar        a la tierra promedia, sino que mi Ángel (Jesucristo) ira por mí, en mi lugar.       Mi Ángel ira delante de ustedes para guiarlos por el desierto del Sinaí hasta       entrar en la tierra promedia, prometida a Abraham y a sus descendientes para       siempre, para que        tengan una tierra santa y escogida por Dios mismo, para que empiecen a vivir       desde ya su vida eterna y así entrar al reino de los cielos infinitamente       bendecidos para la eternidad.               Pero tengan mucho cuidado de obedecer todo lo que mi Ángel les diga, porque él       lleva mi santo nombre en su corazón sellado, por sus venas y por donde toda su       sangre corre por todo su cuerpo, y de los que creen igual, y él no les       perdonara sus pecados y        rebeliones, sino que los castigara, les aseguraba nuestro Padre celestial. Y       nuestro Señor Jesucristo, como el Ángel de Dios, lleva por siempre el nombre       santo de nuestro Padre celestial no solamente para introducir a los Hebreos en       la tierra prometida,        sino también para ir con el nombre de nuestro Padre celestial ha ser clavado       sobre los árboles secos y sin vida de Adam y Eva sobre el monte santo de       Jerusalén.               Porque cuando nuestro Señor Jesucristo fue clavado a los árboles cruzados de       Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, entonces el nombre de nuestro       Padre celestial fue clavado a los cuerpos inertes de ellos también, y para       siempre, para que jamás        vuelvan a dar ni un solo paso más en sus vidas, sin su nombre santo viviendo       en sus cuerpos. Ahora, Adán y Eva tenían que tener el nombre de nuestro Padre       celestial clavados a ellos, por medio del cuerpo sin pecado y sangre santísima       de nuestro Señor y        salvador Jesucristo, porque desde el día que pecaron en el paraíso, al comer       del fruto prohibido, entonces ya no podían arrepentirse de su pecado ni menos       invocar el nombre santo para salvación.                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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