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   Message 182 of 657   
   IVANIVAN555@aol.com to All   
   =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_EL_MONTE_   
   16 Dec 14 17:08:30   
   
   Sábado, 13 de Diciembre, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,   
   Ecuador-Iberoamérica    
      
   (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)    
      
      
   EL MONTE SANTO DE JERUSALÉN ES PARA SERVIR A DIOS EN SU AMOR FUERTE CADA DÍA:    
      
   Mientras Moisés apacentaba las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián,   
   de pronto se le apareció el Ángel del SEÑOR de en medio de una zarza que ardía   
   fuertemente, sobre el monte Sinaí, pero no se consumía, ni hacía daño alguno   
   en todo su derredor.   
    Y esto era algo que estaba sucediendo por largo tiempo, y que se podía ver   
   desde grandes distancias, lo cual le llamaba la atención mucho, que lo único   
   que hacia era pensar en ello: porque éste fuego sigue ardiendo sobre lo alto   
   del monte, sin regarse    
   hacia otros lados, como sucede normalmente con cualquier fuego que arde de   
   esta manera incesantemente.    
      
   Ciertamente, era un fuego que no solamente había llamado la atención de sus   
   ojos, pero había invadido su corazón hasta el punto que ya ardía grandemente   
   dentro de todo su ser, pero sin hacerle daño alguno, de igual forma. Y esto,   
   sin duda, le llamaba    
   mucho más la atención y el deseo de estar ya cerca de él, para ver porque éste   
   fuego era tan atractivo a la vista y al corazón y, a la vez, muy extraño, como   
   algo nunca antes visto por nadie.    
      
   Realmente, era nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo, y el Espíritu   
   Santo que le estaban llamando de entre la zarza de los árboles sobre el monte   
   santo de Jerusalén que ardían con fuego del holocausto continuo, para no   
   solamente comenzar a alumbrar    
   la vista y el corazón de Moses, sino también de Israel y de las naciones,   
   porque venían a salvarlos. Y mientras Moisés se acercaba cada vez más hacia   
   donde estaban los árboles ardiendo fuertemente, pero sin hacerle daño a él, ni   
   a nada en todo el    
   derredor del monte Sinaí, entonces de en medio de los árboles o cruces en   
   llamas, nuestro Señor Jesucristo, como el Ángel del SEÑOR, le empezó a hablar   
   a él con mucho amor.    
      
   Inmediatamente, nuestro Señor Jesucristo le dice a Moisés: Quítate las   
   sandalias de tus pies, porque el lugar en donde estás parado santo es--éste es   
   el lugar del sacrificio continuo el cual no puede contaminarse con nadie ni   
   nada jamás--para perdón,    
   salud, bendición y liberación de Israel y de las naciones. Ciertamente, Moisés   
   se encontraba en la presencia santísima de nuestro Padre celestial en un   
   árbol, de nuestro Señor Jesucristo en el árbol de en medio, y del Espíritu   
   Santo en el otro árbol, y    
   los árboles eran los mismos que Jacobo había visto en su sueño, camino al   
   pueblo de la parentela de su padre Isaac, buscando a su esposa.    
      
   Además, estos árboles formaban las mismas cruces que Jacobo había visto en su   
   sueño, los cuales eran como una escalera que se formaba ascendiendo hacia el   
   cielo, pero esta vez estaban sobre el monte Sinaí delante de Moisés y ardiendo   
   como siempre, para    
   dejarle saber a él y a todo Israel que estos son los Dioses salvadores de sus   
   antepasados. Visto que, cuando Moisés obedeció a la voz de nuestro Señor y   
   salvador Jesucristo que le hablaba de en medio de la zarza ardiendo en fuego,   
   osea los árboles, para    
   decirle que tenia que quitarse las sandalias de sus pies, porque el lugar en   
   donde él estaba parado santo es perpetuamente, entonces Dios estaba listo para   
   darle su nombre santo.    
      
   Aquí es que cuando nuestro Padre celestial le dice a Moisés, desde una de las   
   cruces: yo soy el Dios de Abraham, y luego nuestro Señor Jesucristo le dice:   
   yo soy el Dios de Isaac, y finalmente el Espíritu Santo le dice: yo soy el   
   Dios de Jacobo; e    
   inmediatamente Moisés entendió que estaba ante Dios, y sintió un miedo   
   profundo. Y mientras Moisés sentía éste miedo tan profundo dentro de su   
   corazón y de todo su ser, entonces quería huir de la presencia de Dios, pero   
   no podía, porque tenia que hablar    
   con nuestro Padre celestial, con el Señor Jesucristo y con el Espíritu Santo,   
   para ver que se podía hacer para salvar a Israel del cautiverio Egipcio.    
      
   Entonces Moisés se quedó al pie del monte santo de Jerusalén sobre todo lo   
   alto del monte Sinaí, para dialogar abiertamente con Dios, para ver que se   
   puede hacer al fin para redimir a Israel de su eterno cautiverio en Egipto, el   
   cual ya llevaba más de    
   cuatrocientos años de oscuridad, y sin la esperanza de escapar algún día. Y de   
   en medio de las tres cruces o árboles la voz le venia a Moisés para decirle   
   que él había visto el sufrimiento de su pueblo Israel en Egipto, y que estaba   
   listo para empezar    
   todo lo que sea necesario para liberarlo del poder del enemigo que lo estaba   
   llevando hacia la muerte y destrucción eterna.    
      
   Asustado, Moisés le dice al Señor Jesucristo que le hablaba como le hablo a   
   Jacobo, de en medio de las tres cruces, para decirle que él no era quien para   
   no solamente decirle a Israel de que el Dios de sus padres estaba sobre el   
   monte Sinaí para    
   redimirlos, sino que tampoco podía ir al Faraón para hablarle así. Y el Señor   
   Jesucristo le decía a Moisés: Tú muy bien puedes ir y hacer todo lo que te he   
   dicho, para que no solamente se lo dejes saber a Israel sino también al   
   Faraón, porque yo mismo    
   estaré contigo para confirmar cada una de las palabras que salga de tu boca.    
      
   Entonces Moisés le dice al Señor Jesucristo: Y si mis hermanos me preguntan   
   quien es éste Dios que te ha hablado así, para que nos digas todas estas   
   cosas, y cual es su nombre, entonces que les diré. Y nuestro Señor Jesucristo   
   le dijo a Moisés: tú les    
   dirás que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacobo te ha   
   hablado, y les hablaras así a ellos y yo mismo estaré contigo, para confirmar   
   cada una de todas las palabras que te he dicho.    
      
   Porque, ciertamente, yo los librare del cautiverio egipcio con mi mano   
   todopoderosa, ya que yo sé que Faraón no los dejara ir a no ser que yo le   
   manifieste mis poderes para hacer de mis maravillas, y entonces los dejara ir,   
   después de que yo haya llevado    
   acabo mis juicios y maravillas por el pecado de ellos en contra de Israel. Por   
   eso, yo he descendido sobre éste monte, para no solamente liberarlos del   
   cautiverio egipcio, sino también para llevarlos a vivir a una tierra nueva que   
   fluye leche y miel a    
   tres días de camino por el desierto del Sinaí, en donde habitan los cancaneos,   
   jebuseos, amorreos, heveos y heteos.    
      
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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