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|    IVANIVAN555@aol.com to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_VIVIMOS=2    |
|    15 Aug 15 14:41:34    |
      Sábado, 15 de Agosto, 2015 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)               En estos momentos, deseamos recordar a todas las familias de las victimas que       sufrieron recientemente el fuego abrazador de una explosión repentina, en la       gran nación hermana de America, Republica de China. Y reverentemente le       pedimos a nuestro Padre        celestial, en el nombre bendito de su Hijo Jesucristo, que abrace el corazón       de cada uno de ellos que sufre la partida de sus muy amados, y amistades.       Nuestras condolencias, amor y oraciones seguirán siendo cada día para las       familias de las victimas de é       sta terrible explosión, que cobró la vida preciosa de mucha gente inocente,       para que nuestro Padre celestial, por medio de su Espíritu Santo, sosiegue sus       vidas grandemente. ¡Amén!                     VIVIMOS, BENDECIDOS EN LOS LUGARES CELESTIALES, POR NUESTRO DIOS Y PADRE:              Llegó el tiempo cuando nuestro Padre celestial descendió de su Gran Trono       Blanco sobre el monte santo de Jerusalén con su Hijo, el Rebbe Yeshua       JaMashiax (Jesucristo como el Rey de los Judíos) y el Espíritu Santo junto con       sus huestes angelicales, para        decirle a Abraham que su esposa Sara daría a luz un niño el próximo año, por       estos días. Y se llamara Isaac, porque él será grande entre las naciones, dado       que solamente en él el pacto de la carne salvadora de su Hijo Jesucristo seria       establecido        perpetuamente, por cuanto no sólo destruirá a Satanás con sus pecados,       enfermedades, el infierno tormentoso junto con el ángel de la muerte, sino que       también cumplirá y glorificara el Espíritu de la vida eterna.               Aquí es cuando nuestro Padre celestial descendió sobre el monte santo de       Jerusalén, descansando sobre el Monte del Sinaí, con su Hijo Jesucristo como       el Rey de los Judíos y con el Espíritu Santo, derramando de la gloria de su       nombre santo y de su palabra        todopoderosa, porque él estaba listo para establecer el Reino de su Familia en       la tierra, eternamente. Y éste es un reino que no morirá jamás, para levantar       glorias aun no conquistadas por los ángeles que tienen que ser conquistadas en       los días venideros,        puesto que es necesario que su nombre santísimo siga siendo exaltado cada vez       más no solo por los ángeles, sino también por sus hijos e hijas de toda la       tierra, empezando por Israel.               Ciertamente, nuestro Padre celestial tenia que seguir expandiendo la gloria de       su nombre santísimo, por medio de la vida de su Hijo Jesucristo y de su       Espíritu Santo, tal como siempre lo ha hecho a través de la eternidad con sus       naciones de ángeles, arcá       ngeles, serafines, querubines y demás seres angelicales, ángeles creados por       su Hijo y por su Espíritu Santo. Visto que, éstas son naciones angelicales,       creadas especialmente por su Hijo Jesucristo y por su Espíritu Santo para       amar, servir y glorificar        por siempre el nombre santo de nuestro Padre celestial, alcanzado así glorias       eternas que aún no han sido conquistadas por nadie, para llenar el corazón de       todos los habitantes del cielo con mayor alegría celestial, para siempre.               Y nuestro Padre celestial tiene que continuar buscando nuevas glorias de gran       santidad eterna para su nombre santo y para su palabra bendita, por medio de       todas las naciones de ángeles, que han sido creados por su Hijo Jesucristo y       por su Espíritu santo        con deberes específicos de llevar a cabo constantemente, para alegrar       grandemente el corazón de nuestro Padre celestial. Por esta razón, cada uno de       nosotros, empezando por Adán y Eva, hemos nacido de la imagen de nuestro Padre       celestial, por los poderes        asombrosos del Espíritu Santo, para vivir conforme a la semejanza de su Hijo       Jesucristo, con el fin de alcanzar mayores glorias aun no alcanzadas por los       ángeles más gloriosos del cielo, hasta el día de hoy.               Por ello, nosotros hemos nacido de la imagen de nuestro Padre celestial, para       volver a nacer de los poderes gloriosos del Espíritu Santo, pero renacer       milagrosamente en la carne sagrada y en la sangre bendita que nos da a cada       uno de todos nosotros el        cuerpo glorificado de su Hijo Jesucristo, para regresar al cielo y vivir la       vida eterna, infinitamente libres. Ciertamente, antes de nosotros haber nacido       en la imagen de nuestro Padre celestial, para que por medio del Espíritu       Santo, renacer        milagrosamente en la semejanza de su Hijo Jesucristo, vistiéndonos así de su       carne sagrada y de su sangre bendita del pacto de la familia celestial,       establecida inicialmente con Abraham al nacer Isaac, entonces fuimos       bendecidos grandemente en los        lugares celestiales.               Infaliblemente, hemos sido enormemente bendecidos en los lugares celestiales       del más allá no tanto de donde las naciones de ángeles, que siempre han vivido       por la eternidad, sino de dentro de nuestro Padre celestial, como de su       corazón y como de su alma        viviente, para renacer milagrosamente, por el Espíritu Santo, en la semejanza       santísima de su Hijo Jesucristo, para vivir eternamente felices. Esto       significa que nuestros comienzos son desde la eternidad y hasta la eternidad       en los lugares celestiales en        donde nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo, su Espíritu Santo junto con       sus huestes angelicales siempre han existido por el poder de su nombre santo y       de su palabra viva, por tanto, nosotros no somos extraños ha estos lugares       celestiales del más        allá.               Ciertamente, nosotros, como sus retoños, pertenecemos a estos lugares celestes       del más allá, en donde nuestro Padre celestial en su estado divino y de gran       pureza santísima existe, santidad conocida solamente por su Hijo Jesucristo,       dado que sólo el Hijo        conoce al Padre, y sólo el Padre al Hijo, entonces, regresaremos a estos       lugares celestiales, para conocer más a nuestro Padre celestial.       Evidentemente, nuestro Padre celestial ha hecho todas estas cosas desde el       comienzo con su Hijo Jesucristo y con su        Espíritu Santo, que son realmente su primera familia en el cielo, y desde éste       núcleo familiar él empezó a expander su familia por su Hijo como en su       semejanza divina, y por su Espíritu Santo como en su vida eterna, de glorias       cotidianas.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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