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|    valarezo to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_LA_PRESEN    |
|    12 Oct 09 20:11:30    |
      7a2187bf       From: IVANIVAN555@aol.com              Viernes, 09 de octubre, año 2009 de Nuestro Salvador Jesucristo,       Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica                     (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)              (Feliz día de la Independencia de Guayaquil, en éste mes de las       fiestas de octubre 2009, les deseamos de todo corazón a todas nuestras       familias guayaquileñas, dentro y fuera del territorio ecuatoriano.       ¡Todos los ciudadanos nobles de toda la tierra están invitados       cordialmente a celebrar a Guayaquil en su mes de fiestas de octubre,       por lo tanto considérense ciudadanos nobles de todo Guayaquil también!       ¡Bienvenidos!)              (Recordamos a Mercedes Sosa de Argentina. Lamentamos su partida       inesperada del lado de todos los que la conocían y apreciaban. Ella       goza de la presencia santísima de nuestro Padre celestial en el       paraíso, gracias a la gran obra salvadora que nuestro Señor Jesucristo       hizo por ella en su día y sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, en       las afueras de Jerusalén, para derramar su sangre santa y redimir su       alma viviente para siempre, para nuestro Padre celestial. Nuestras       solemnes condolencias son para su familia, amistades y para toda       Argentina eterna. Que nuestro Padre celestial los bendiga a cada uno       de ustedes rica y abundantemente a cada hora del día, en el nombre       glorioso de su Hijo Jesucristo, concediéndoles las peticiones de sus       corazones, las cuales son las razones de sus riquezas, de sus alegrías       y de su paz sin fin. ¡Amén!)                     LA PRESENCIA DE DIOS ES POR SIEMPRE JESUCRISTO EN TI:              Nuestro Padre celestial le aseguró a Moisés, diciéndole: Mi presencia       irá contigo a donde sea que tú vayas por el desierto con todo Israel,       camino a la tierra prometida: prometida inicialmente a Abraham, Isaac       y Jacobo, para que sus hijos la posean para la eternidad. (En verdad,       nuestro Padre celestial le aseguraba a Moisés que él jamás se       apartaría de él, ya que había creído en su corazón y confesado con sus       labios al Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo, su       Hijo amado, el Hijo de David, nuestro Salvador Jesucristo y Gran Rey       Mesías de todos los tiempos!)              Además, Moisés le respondió directamente a la promesa de protección       constante de nuestro Padre celestial, para con él y para con todo       Israel, diciéndole también: Sí tu presencia no va con nosotros,       entonces no nos saques de éste lugar jamás, por ninguna razón, porque       no queremos morir en las manos de tus enemigos de siempre. Y nuestro       Padre celestial le aseguró a Moisés y a todo Israel, señalándoles, mi       presencia ira con todos ustedes, sin duda alguna, sí tan sólo obedecen       a todo lo que les mande a hacer, sin que renieguen en nada en contra       de mí ni de mi ángel especial, el cual yo envié delante de ustedes por       el camino hacia Canaán. (Éste Ángel especial de nuestro Padre       celestial es el rey de Melquisedec o el mismo Hijo de David, el       Cristo, por ejemplo, porque sólo él podía abrir camino por el desierto       para todo Israel, así como había abierto el camino en tierra seca del       fondo del Mar rojo, para que caminasen por un camino virgen hacia la       tierra prometida.)              En verdad, Moisés le habló así a nuestro Padre celestial, pidiéndole       que su presencia siempre esté con él y los suyos, porque sabía       perfectamente de que con su presencia santísima él muy bien pudo       grandemente en contra del Faraón de Egipto y de sus nigromantes, para       derrotarlos en sus propias artimañas y así liberar a Israel de su       cautiverio mortal. Es decir, también que la presencia santísima de       nuestro Padre celestial, Moisés la había aprendido a saborear con su       corazón y con su espíritu humano, desde el día que se convirtió a       Jesucristo sobre el Sinaí, cuando Jesucristo mismo se le manifestó       como el árbol de la vida y como Dios de Abraham, de Isaac, de Jacobo y       de todo Israel.              Y, a partir de entonces, ésta presencia santísima, la cual había       cambiado su vida por completo en un momento de fe, jamás se aparto de       él ni aun hasta que encontró la victoria buscada por todo Israel en       contra de sus opresores, opresores por más de cuatro ciento treinta       años, para por fin empezar a servirle al Dios de sus antepasados. (Y       esto es de servirle a nuestro Padre celestial únicamente por su       Jesucristo, de otra manera no; nadie podrá jamás servirle a nuestro       Padre celestial lejos de su Hijo amado Jesucristo en la tierra o en el       paraíso, para siempre.) En verdad, ésta presencia santísima de nuestro       Padre celestial es una nube gloriosa que desciende del cielo, La       Shekinah, como de su morada secreta en las alturas del cielo más alto       del reino angelical, por lo cual, a veces se vuelve invisible o       visible, ya que muchas veces los siervos de Dios no la veían aun       cuando estaba en su derredor.              Pero cuando era visible a los ojos de Moisés, entonces era visible       también a todos los hebreos por doquier, porque era la presencia       santísima de nuestro Padre celestial sobre todo lo alto de Israel,       para conversar con ellos y hablar de problemas comunes entre el       pueblo, solucionando así todas sus dificultades y hasta conflictos con       naciones extrañas, por ejemplo. Y es ésta presencia santísima, la cual       no solamente acompañó a Moisés y todo Israel por toda su trayectoria       por el desierto y hasta que por fin sus retoños entraron a la tierra       prometida, sino que también está aún entre nosotros, para seguir       haciendo su obra redentora entre todos sus hijos e hijas de todas las       familias de las naciones.              Además, ésta presencia santísima de nuestro Padre celestial nadie la       puede recibir jamás, sea quien sea la persona, sí primero no recibe en       su corazón y confiesa con sus labios el nombre sagrado de su Hijo       Jesucristo, así como lo hizo Abraham, Isaac, Jacobo y Moisés como       muchos más, por ejemplo, a través de las edades y hasta en nuestros       días. De ahí que, nuestro Señor Jesucristo le aseguraba a Moisés,       diciéndole: Sí verdaderamente me sirves para honrar y glorificar la       voluntad perfecta de nuestro Padre celestial sobre todos los       descendientes de Abraham, Isaac y de Jacobo, entonces yo y mi Padre       haremos morada en tu corazón, para jamás volvernos a separar de ti, en       este mundo ni en el venidero.              Entonces Moisés le creyó a Jesucristo en cada una de sus palabras       sobre todo lo alto del Sinaí, para que así la buena voluntad de       nuestro Padre celestial no solamente se haga realidad en su vida, para       bendición y salvación de su alma viviente, sino también para cada uno              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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