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   Message 1,037 of 1,739   
   valarezo to All   
   =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_LA_PRESEN   
   12 Oct 09 20:11:30   
   
   7a2187bf   
   From: IVANIVAN555@aol.com   
      
   Viernes, 09 de octubre, año 2009 de Nuestro Salvador Jesucristo,   
   Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica   
      
      
   (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)   
      
   (Feliz día de la Independencia de Guayaquil, en éste mes de las   
   fiestas de octubre 2009, les deseamos de todo corazón a todas nuestras   
   familias guayaquileñas, dentro y fuera del territorio ecuatoriano.   
   ¡Todos los ciudadanos nobles de toda la tierra están invitados   
   cordialmente a celebrar a Guayaquil en su mes de fiestas de octubre,   
   por lo tanto considérense ciudadanos nobles de todo Guayaquil también!   
   ¡Bienvenidos!)   
      
   (Recordamos a Mercedes Sosa de Argentina. Lamentamos su partida   
   inesperada del lado de todos los que la conocían y apreciaban. Ella   
   goza de la presencia santísima de nuestro Padre celestial en el   
   paraíso, gracias a la gran obra salvadora que nuestro Señor Jesucristo   
   hizo por ella en su día y sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, en   
   las afueras de Jerusalén, para derramar su sangre santa y redimir su   
   alma viviente para siempre, para nuestro Padre celestial. Nuestras   
   solemnes condolencias son para su familia, amistades y para toda   
   Argentina eterna. Que nuestro Padre celestial los bendiga a cada uno   
   de ustedes rica y abundantemente a cada hora del día, en el nombre   
   glorioso de su Hijo Jesucristo, concediéndoles las peticiones de sus   
   corazones, las cuales son las razones de sus riquezas, de sus alegrías   
   y de su paz sin fin. ¡Amén!)   
      
      
   LA PRESENCIA DE DIOS ES POR SIEMPRE JESUCRISTO EN TI:   
      
   Nuestro Padre celestial le aseguró a Moisés, diciéndole: Mi presencia   
   irá contigo a donde sea que tú vayas por el desierto con todo Israel,   
   camino a la tierra prometida: prometida inicialmente a Abraham, Isaac   
   y Jacobo, para que sus hijos la posean para la eternidad. (En verdad,   
   nuestro Padre celestial le aseguraba a Moisés que él jamás se   
   apartaría de él, ya que había creído en su corazón y confesado con sus   
   labios al Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo, su   
   Hijo amado, el Hijo de David, nuestro Salvador Jesucristo y Gran Rey   
   Mesías de todos los tiempos!)   
      
   Además, Moisés le respondió directamente a la promesa de protección   
   constante de nuestro Padre celestial, para con él y para con todo   
   Israel, diciéndole también: Sí tu presencia no va con nosotros,   
   entonces no nos saques de éste lugar jamás, por ninguna razón, porque   
   no queremos morir en las manos de tus enemigos de siempre. Y nuestro   
   Padre celestial le aseguró a Moisés y a todo Israel, señalándoles, mi   
   presencia ira con todos ustedes, sin duda alguna, sí tan sólo obedecen   
   a todo lo que les mande a hacer, sin que renieguen en nada en contra   
   de mí ni de mi ángel especial, el cual yo envié delante de ustedes por   
   el camino hacia Canaán. (Éste Ángel especial de nuestro Padre   
   celestial es el rey de Melquisedec o el mismo Hijo de David, el   
   Cristo, por ejemplo, porque sólo él podía abrir camino por el desierto   
   para todo Israel, así como había abierto el camino en tierra seca del   
   fondo del Mar rojo, para que caminasen por un camino virgen hacia la   
   tierra prometida.)   
      
   En verdad, Moisés le habló así a nuestro Padre celestial, pidiéndole   
   que su presencia siempre esté con él y los suyos, porque sabía   
   perfectamente de que con su presencia santísima él muy bien pudo   
   grandemente en contra del Faraón de Egipto y de sus nigromantes, para   
   derrotarlos en sus propias artimañas y así liberar a Israel de su   
   cautiverio mortal. Es decir, también que la presencia santísima de   
   nuestro Padre celestial, Moisés la había aprendido a saborear con su   
   corazón y con su espíritu humano, desde el día que se convirtió a   
   Jesucristo sobre el Sinaí, cuando Jesucristo mismo se le manifestó   
   como el árbol de la vida y como Dios de Abraham, de Isaac, de Jacobo y   
   de todo Israel.   
      
   Y, a partir de entonces, ésta presencia santísima, la cual había   
   cambiado su vida por completo en un momento de fe, jamás se aparto de   
   él ni aun hasta que encontró la victoria buscada por todo Israel en   
   contra de sus opresores, opresores por más de cuatro ciento treinta   
   años, para por fin empezar a servirle al Dios de sus antepasados. (Y   
   esto es de servirle a nuestro Padre celestial únicamente por su   
   Jesucristo, de otra manera no; nadie podrá jamás servirle a nuestro   
   Padre celestial lejos de su Hijo amado Jesucristo en la tierra o en el   
   paraíso, para siempre.) En verdad, ésta presencia santísima de nuestro   
   Padre celestial es una nube gloriosa que desciende del cielo, La   
   Shekinah, como de su morada secreta en las alturas del cielo más alto   
   del reino angelical, por lo cual, a veces se vuelve invisible o   
   visible, ya que muchas veces los siervos de Dios no la veían aun   
   cuando estaba en su derredor.   
      
   Pero cuando era visible a los ojos de Moisés, entonces era visible   
   también a todos los hebreos por doquier, porque era la presencia   
   santísima de nuestro Padre celestial sobre todo lo alto de Israel,   
   para conversar con ellos y hablar de problemas comunes entre el   
   pueblo, solucionando así todas sus dificultades y hasta conflictos con   
   naciones extrañas, por ejemplo. Y es ésta presencia santísima, la cual   
   no solamente acompañó a Moisés y todo Israel por toda su trayectoria   
   por el desierto y hasta que por fin sus retoños entraron a la tierra   
   prometida, sino que también está aún entre nosotros, para seguir   
   haciendo su obra redentora entre todos sus hijos e hijas de todas las   
   familias de las naciones.   
      
   Además, ésta presencia santísima de nuestro Padre celestial nadie la   
   puede recibir jamás, sea quien sea la persona, sí primero no recibe en   
   su corazón y confiesa con sus labios el nombre sagrado de su Hijo   
   Jesucristo, así como lo hizo Abraham, Isaac, Jacobo y Moisés como   
   muchos más, por ejemplo, a través de las edades y hasta en nuestros   
   días. De ahí que, nuestro Señor Jesucristo le aseguraba a Moisés,   
   diciéndole: Sí verdaderamente me sirves para honrar y glorificar la   
   voluntad perfecta de nuestro Padre celestial sobre todos los   
   descendientes de Abraham, Isaac y de Jacobo, entonces yo y mi Padre   
   haremos morada en tu corazón, para jamás volvernos a separar de ti, en   
   este mundo ni en el venidero.   
      
   Entonces Moisés le creyó a Jesucristo en cada una de sus palabras   
   sobre todo lo alto del Sinaí, para que así la buena voluntad de   
   nuestro Padre celestial no solamente se haga realidad en su vida, para   
   bendición y salvación de su alma viviente, sino también para cada uno   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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