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|    Message 1,105 of 1,739    |
|    valarezo to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_LA_MINA_S    |
|    17 Oct 10 21:25:43    |
      6bc3e0d2       From: IVANIVAN555@aol.com              Viernes, 15 de octubre, año 2010 de Nuestro Salvador Jesucristo,       Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica                     (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                     LA MINA SAN JOSÉ Y SUS 33 HIJOS RENACIDOS CHILENOS:              Nuestro Padre celestial es nuestra luz y fortaleza en todo tiempo y       hasta en las mismas tinieblas más profundidades de la tierra, para       volvernos a dar vida en abundancia también, para vida eterna. Para       nuestro Dios las tinieblas y la luz son lo mismo delante de su       presencia santísima, en el corazón de cada uno de sus hijos, porque su       Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, vive por los siglos de los       siglos; y él jamás dejara de ser nuestro Dios de nuestra única       salvación posible en la tierra y así también en la eternidad.              Por eso le amamos y le glorificamos grandemente en nuestras vidas de       cada día, porque él es bueno y para siempre es su gran misericordia:       por lo que él jamás se olvida de nosotros, no importando cuan profundo       nos encontremos en nuestros problemas, dificultades, enfermedades y       hasta en el mismo abismo de la tierra también, sin duda alguna.       Nuestro Dios es bueno para con cada uno de nosotros, para estar a       nuestro lado y dejarnos saber que jamás nos abandonara, en la medida       en que el amor que él siente hacia cada uno de nosotros es desde la       eternidad y hasta la eternidad, como el mismo amor de Padre que       siempre siente por su unigénito, ¡nuestro Señor Jesucristo!              Y éste es un amor santísimo de parte de nuestro Padre celestial que       siempre ha sentido por nosotros, desde mucho antes que nos concibiera       en su imagen y conforme a su semejanza celestial, para que con éste       mismo Espíritu Santo del amor hacia nosotros y así también hacia su       nombre bendito y sus Diez Mandamientos glorificados, pues le amemos       infinitamente. Además, es precisamente éste mismo Espíritu Santo del       amor de nuestro Padre celestial hacia cada uno de nosotros el que       vence todo mal y mentira de Satanás y de sus malvados de siempre, para       que caminemos fieles en su luz creciente hacia toda fortaleza       sobrenatural de su Espíritu Santo de vida eterna, en la tierra y en el       paraíso.              Por eso podemos confiar en su luz sagrada porque no solamente las       tinieblas jamás podrán vencerla, sino que, además, nos da aliento de       vida aún en los momentos más terribles de nuestras vidas en que nos       encontremos en cualquier lugar de la tierra y así dejarnos saber que       él sólo tiene la solución para ponerle fin a nuestras dificultades.       Por lo tanto, nuestro Dios es bueno para con cada uno de nosotros, así       como siempre ha sido de bueno con su Hijo amado en el reino de los       cielos a través de las edades y hasta nuestros días también, por       ejemplo, para alumbrar nuestros pasos aunque nos encontremos perdidos       en las mismas entrañas de la tierra.              Además, la luz de nuestro Padre celestial jamás nos abandona,       especialmente cuando ve que su enemigo número uno, Satanás, comienza a       acosarnos con sus tinieblas para hacernos algún mal de siempre, como       del que se los hizo a Adán y Eva para que perdieran la luz de su       bendición de cada día de sus vidas y la de sus retoños también. Y       desde el día que Adán y Eva cambiaron la luz de nuestro Padre       celestial por las tinieblas de las mentiras de Satanás y de la       serpiente antigua del Edén, entonces vivimos todos en profundas       tinieblas de las cavernas perdidas, esperando ser rescatados por algún       buen samaritano de buen corazón y de buena fe, para volver a ver la       luz nuevamente.              En vista de que, fue Satanás que se convirtió en tinieblas por vez       primera en los corazones de Adán y Eva y así también de sus retoños       cuando creyeron a las mentiras de la serpiente antigua, para que se       queden ciegos y sin la luz sobrenatural de Dios, la cual alimenta sus       vidas en todo momento para bendición eterna. Visto que, es la luz de       Dios en cada uno de nosotros, gracias a la presencia santísima de       nuestro Señor Jesucristo, la que guía en todo momento cada una de las       bendiciones de nuestro Padre celestial a buen puerto en lo íntimo de       nuestros corazones para que florezcan grandemente y así enriquezcan       sobrenaturalmente nuestras vidas por toda la tierra.              Por ello, nuestro Padre celestial nos ha dado de su luz santísima no       tanto desde el día que nos concibió en su imagen y conforme a su       semejanza celestial, sino también cuando su Hijo amado nació en       nuestros corazones, para ser por siempre nuestro Cordero del       sacrificio eterno de sangre santa y expiatoria en nuestras almas       vivientes para la eternidad. Y es precisamente éste gran sacrificio       sobrenatural de sangre santa y expiatoria continua de cada día lo que       nos da una luz tan santa a nuestros corazones y a nuestras almas       vivientes que nos alumbra en todo momento para alcanzar las       bendiciones inalcanzables de todos los tiempos y así vivir por siempre       infinitamente enriquecidos.              Ya que, sólo nuestro Señor Jesucristo podía descender del cielo, como       desde la superficie de la mina accidentada San José para hacer camino       por donde no hay camino y así descender a cada uno de nosotros con su       luz al intento de levantarnos de las tinieblas de la tierra a la luz       brillante de la vida eterna del nuevo reino angelical. Por eso nuestro       Señor Jesucristo nos dijo en su día, de que cada uno de nosotros somos       la luz del mundo para alumbrar en las tinieblas de aquellos que están       perdidos en sus pecados y delitos con el fin de redimirlos del mal       eterno y levantarlos a la nueva vida eterna de La Nueva Jerusalén       santa y gloriosa del cielo.              En donde cada uno de nosotros volverá a amar a nuestro Padre celestial       con ese mismo amor antiguo y sumamente santo, en el cual nos concibió       para renacer en la misma vida santísima de su Hijo amado y así       convertirnos en sus hijos legítimos y en sus hijas legitimas en       nuestros días y para siempre en la eternidad celestial. Entonces       nosotros volveremos amar a nuestro Padre celestial así como un recién       nacido ama a sus padres por vez primera, porque cada uno de nosotros       ha salido de sus entrañas para ser declarados sus hijos legítimos e       hijas legitimas en la tierra y así también en el cielo, y todo por       amor a su fruto de vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo!              Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo nos dice a cada uno de       nosotros, de los que nos encontramos en las minas perdidas entre las       entrañas profundas de la tierra: Yo soy el camino, la verdad y la              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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