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   Message 894 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   XPost: alt.religion.cypherology.high-priest.ryan-grant, free.it.   
   eligioni.buddhismo   
   From: valarezo7@hotmail.com   
      
   Sábado, 11 de noviembre, año 2006 de Nuestro Salvador Jesucristo,   
   Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica   
      
      
   (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)   
      
      
   LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE y sus MISIONES   
      
   Como está escrito: No hay justo ni aun uno entre todos los hombres de la   
   humanidad entera, del ayer o de siempre, salvo el Hijo amado de Dios, el   
   Hijo de David, ¡el Cristo de Israel y de la eternidad venidera, en el nuevo   
   más allá de Dios y de sus huestes de ángeles gloriosos! Porque sólo el   
   Señor Jesucristo ha descendido de la vida santa de nuestro Padre Celestial   
   que está en los cielos; por lo tanto, no hay otro igual a él entre todos   
   los hombres, mujeres, niños y niñas, de todas las naciones de la tierra y   
   del reino de los cielos.   
      
   Puesto que, en el reino de los cielos si hay naciones de todas las   
   familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, que en sus   
   días de vida en el mundo, si recibieron en sus corazones al Señor   
   Jesucristo, para que sea su único salvador eterno delante de Dios en la   
   tierra y en el paraíso, para siempre. Por cuanto, para ellos no había nadie   
   tan santo y tan justo delante de nuestro Dios, que el Señor Jesucristo, que   
   realmente "los podía librar de sus pecados", por los poderes sobrenaturales   
   de su cuerpo, de su carne, de su sangre, de su vida y de su nombre   
   santísimo, en los cielos y por toda la tierra, también, para siempre.   
      
   Es decir, que aun los antiguos ya conocían al Señor Jesucristo: como "el   
   santo de Dios y de su sangre santísima", en el cielo y por toda la tierra,   
   aunque todavía no había nacido del vientre virgen de la hija de David, en   
   Israel. Además, a él se lo conocía como "el Ángel del Señor", porque   
   descendía sobre toda la tierra, para librar a muchos, de sus hermanos y de   
   sus hermanas, de todos los poderes escondidos de sus enemigos eternos, de   
   las profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo,   
   del más allá o del bajo mundo.   
      
   Por eso, podemos leer éxodo 14: 19, por ejemplo; en donde observamos que   
   "el Ángel del Señor" descendía del cielo, desde su nube santa y   
   resplandeciente, la gran Shekinah Celestial, y se ponía delante de su   
   pueblo, para guiarlos por sus caminos y protegerlos de la presencia de sus   
   enemigos y de otros peligros naturales del desierto, a la vez. Y cuando era   
   necesario, entonces se movía de su posición frontal, hacia atrás del pueblo   
   del SEÑOR, para, otra vez, protegerlos de peligros eminentes.   
      
   En una ocasión, por ejemplo, los egipcios perseguían a los hebreos, para   
   llevárselos con ellos, de regreso a Egipto, para que le sirvan a faraón   
   como siempre, pero el Ángel del Señor torna nubes y oscuridad para los   
   egipcios, para que no los pudiesen ver; y, a la vez, era luz y protección   
   constante para su pueblo Israel. Así, el Ángel del Señor, el Señor   
   Jesucristo, ¡el Cordero de Moisés!, el gran rey Mesías, protegía a Israel   
   siempre de los poderes de sus enemigos habituales, de aquellos días, para   
   que el nombre santo y su Ley bendita sean guardados y por siempre honradas,   
   en la tierra y en el cielo, también.   
      
   Y esto tenia que ser, realmente, por los corazones y por las almas   
   vivientes de sus hermanos y de sus hermanas, en sus millares, de todas las   
   razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de todas las naciones de toda la   
   tierra, comenzando con Israel. Por eso, por las grandes y numerosas hazañas   
   del Ángel del Señor, entonces fue escrito, desde los días de la antigüedad,   
   en el libro del SEÑOR, que dice: no hay un hombre justo, ni aun uno, en   
   toda la tierra, excepto el Hijo de David, el Cristo, el Santo de Israel y   
   de las naciones de la humanidad entera.   
      
   Es por eso, que Dios nos ha llamado a confiar sólo en Jesucristo, para que   
   entonces nos pueda perdonar nuestros pecados y, al mismo tiempo,   
   bendecirnos grandemente con sus muchas bendiciones, milagros, maravillas y   
   prodigios eternos, de sus dones del Espíritu Santo, en nuestros corazones,   
   en nuestros espíritus humanos, en nuestras almas vivientes y en nuestros   
   cuerpos corporales, también. Porque todos los poderes de los dones del   
   Espíritu de Dios han descendido del cielo, para el bien de cada hombre,   
   mujer, niño y niña de la humanidad entera, que "ame de verdad" a su Padre   
   Celestial y Creador de su vida, sólo por medio del espíritu de fe, del   
   nombre bendito de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!   
      
   Ya que, si creemos en Dios y en la vida santa y sumamente perfecta de su   
   Hijo amado, entonces cada uno de nosotros ha de llegar a ser "tan santo y   
   tan perfecto" eternamente, como Dios mismo y como su Hijo Santo, el Señor   
   Jesucristo, por ejemplo, en el paraíso y por toda la creación, también.   
   Porque para esto el Espíritu Santo y el Señor Jesucristo han descendido de   
   sus lugares santos del reino de los cielos, con poderes absolutos, de parte   
   de Dios, para convertir, por los poderes sobrenaturales de los dones de   
   Dios, a cada hombre, a cada mujer, a cada niño y a cada niña, penitente, en   
   un ser santo y justo.   
      
   Tan santo y tan justo para que sea por siempre para Dios y para su nueva   
   vida santísima, del nuevo reino de los cielos: libre de todo pecado y de   
   toda condena eterna, en la tierra y en el paraíso, en el más allá, para   
   siempre. Es por eso, que hoy mismo, por más pecador o por más pecadora que   
   te sientas, mi estimado hermano o mi estimada hermana, Dios te puede   
   "volver a dar vida en abundancia", al hacerte nacer de nuevo, no de la   
   carne ni del espíritu de Adán, sino de la carne y del espíritu de vida, de   
   su Árbol viviente.   
      
   Y éste Árbol de vida eterna para tu vida en la tierra, como en el paraíso   
   para Adán y Eva, por ejemplo, es el Señor Jesucristo, ni más ni menos, para   
   siempre. Por lo tanto, sólo con el Señor Jesucristo en tu corazón podrás   
   entonces llegar a ser tan santo y tan perfecto, como Dios mismo y como   
   todos los ángeles del reino de los cielos, para entrar a la vida eterna   
   desde ya, si tan sólo crees en tu corazón y así confiesas con tus labios su   
   nombre salvador.   
      
   Por ello, éste nombre santo y eternamente salvador de Dios y de su Espíritu   
   Santo, para ponerle fin a tus pecados y a la condena de muerte, la cual   
   está pendiente en contra de ti, en la tierra y en el más allá, también,   
   como en el infierno o el lago de fuego, por ejemplo, es el nombre del Señor   
   Jesucristo. Porque para Dios, el que cree en su Jesucristo y en sus grandes   
   obras, para el bien y para la vida santa de todo hombre, mujer, niño y niña   
   de la humanidad entera, es tan santo y tan justo, como él mismo o como su   
   Árbol de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Cristo de Israel y de las   
   naciones!   
      
   Y el que no cree en Dios, ni en su Jesucristo, es tan diablo como el mismo   
   Lucifer del más allá o de sus ángeles caídos, por ejemplo. Pero Dios no   
   desea que ninguno de sus seres creados por sus manos santas sea un   
   "diablo", como su enemigo numero uno, Lucifer, sino todo lo contrario. Dios   
   sea que todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, sea   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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