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|    IVAN VALAREZO to All    |
|    (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE     |
|    11 Nov 06 20:28:13    |
      XPost: alt.religion.cypherology.high-priest.ryan-grant, free.it.       eligioni.buddhismo       From: valarezo7@hotmail.com              Sábado, 11 de noviembre, año 2006 de Nuestro Salvador Jesucristo,       Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica                     (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)                     LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE y sus MISIONES              Como está escrito: No hay justo ni aun uno entre todos los hombres de la       humanidad entera, del ayer o de siempre, salvo el Hijo amado de Dios, el       Hijo de David, ¡el Cristo de Israel y de la eternidad venidera, en el nuevo       más allá de Dios y de sus huestes de ángeles gloriosos! Porque sólo el       Señor Jesucristo ha descendido de la vida santa de nuestro Padre Celestial       que está en los cielos; por lo tanto, no hay otro igual a él entre todos       los hombres, mujeres, niños y niñas, de todas las naciones de la tierra y       del reino de los cielos.              Puesto que, en el reino de los cielos si hay naciones de todas las       familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, que en sus       días de vida en el mundo, si recibieron en sus corazones al Señor       Jesucristo, para que sea su único salvador eterno delante de Dios en la       tierra y en el paraíso, para siempre. Por cuanto, para ellos no había nadie       tan santo y tan justo delante de nuestro Dios, que el Señor Jesucristo, que       realmente "los podía librar de sus pecados", por los poderes sobrenaturales       de su cuerpo, de su carne, de su sangre, de su vida y de su nombre       santísimo, en los cielos y por toda la tierra, también, para siempre.              Es decir, que aun los antiguos ya conocían al Señor Jesucristo: como "el       santo de Dios y de su sangre santísima", en el cielo y por toda la tierra,       aunque todavía no había nacido del vientre virgen de la hija de David, en       Israel. Además, a él se lo conocía como "el Ángel del Señor", porque       descendía sobre toda la tierra, para librar a muchos, de sus hermanos y de       sus hermanas, de todos los poderes escondidos de sus enemigos eternos, de       las profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo,       del más allá o del bajo mundo.              Por eso, podemos leer éxodo 14: 19, por ejemplo; en donde observamos que       "el Ángel del Señor" descendía del cielo, desde su nube santa y       resplandeciente, la gran Shekinah Celestial, y se ponía delante de su       pueblo, para guiarlos por sus caminos y protegerlos de la presencia de sus       enemigos y de otros peligros naturales del desierto, a la vez. Y cuando era       necesario, entonces se movía de su posición frontal, hacia atrás del pueblo       del SEÑOR, para, otra vez, protegerlos de peligros eminentes.              En una ocasión, por ejemplo, los egipcios perseguían a los hebreos, para       llevárselos con ellos, de regreso a Egipto, para que le sirvan a faraón       como siempre, pero el Ángel del Señor torna nubes y oscuridad para los       egipcios, para que no los pudiesen ver; y, a la vez, era luz y protección       constante para su pueblo Israel. Así, el Ángel del Señor, el Señor       Jesucristo, ¡el Cordero de Moisés!, el gran rey Mesías, protegía a Israel       siempre de los poderes de sus enemigos habituales, de aquellos días, para       que el nombre santo y su Ley bendita sean guardados y por siempre honradas,       en la tierra y en el cielo, también.              Y esto tenia que ser, realmente, por los corazones y por las almas       vivientes de sus hermanos y de sus hermanas, en sus millares, de todas las       razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de todas las naciones de toda la       tierra, comenzando con Israel. Por eso, por las grandes y numerosas hazañas       del Ángel del Señor, entonces fue escrito, desde los días de la antigüedad,       en el libro del SEÑOR, que dice: no hay un hombre justo, ni aun uno, en       toda la tierra, excepto el Hijo de David, el Cristo, el Santo de Israel y       de las naciones de la humanidad entera.              Es por eso, que Dios nos ha llamado a confiar sólo en Jesucristo, para que       entonces nos pueda perdonar nuestros pecados y, al mismo tiempo,       bendecirnos grandemente con sus muchas bendiciones, milagros, maravillas y       prodigios eternos, de sus dones del Espíritu Santo, en nuestros corazones,       en nuestros espíritus humanos, en nuestras almas vivientes y en nuestros       cuerpos corporales, también. Porque todos los poderes de los dones del       Espíritu de Dios han descendido del cielo, para el bien de cada hombre,       mujer, niño y niña de la humanidad entera, que "ame de verdad" a su Padre       Celestial y Creador de su vida, sólo por medio del espíritu de fe, del       nombre bendito de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!              Ya que, si creemos en Dios y en la vida santa y sumamente perfecta de su       Hijo amado, entonces cada uno de nosotros ha de llegar a ser "tan santo y       tan perfecto" eternamente, como Dios mismo y como su Hijo Santo, el Señor       Jesucristo, por ejemplo, en el paraíso y por toda la creación, también.       Porque para esto el Espíritu Santo y el Señor Jesucristo han descendido de       sus lugares santos del reino de los cielos, con poderes absolutos, de parte       de Dios, para convertir, por los poderes sobrenaturales de los dones de       Dios, a cada hombre, a cada mujer, a cada niño y a cada niña, penitente, en       un ser santo y justo.              Tan santo y tan justo para que sea por siempre para Dios y para su nueva       vida santísima, del nuevo reino de los cielos: libre de todo pecado y de       toda condena eterna, en la tierra y en el paraíso, en el más allá, para       siempre. Es por eso, que hoy mismo, por más pecador o por más pecadora que       te sientas, mi estimado hermano o mi estimada hermana, Dios te puede       "volver a dar vida en abundancia", al hacerte nacer de nuevo, no de la       carne ni del espíritu de Adán, sino de la carne y del espíritu de vida, de       su Árbol viviente.              Y éste Árbol de vida eterna para tu vida en la tierra, como en el paraíso       para Adán y Eva, por ejemplo, es el Señor Jesucristo, ni más ni menos, para       siempre. Por lo tanto, sólo con el Señor Jesucristo en tu corazón podrás       entonces llegar a ser tan santo y tan perfecto, como Dios mismo y como       todos los ángeles del reino de los cielos, para entrar a la vida eterna       desde ya, si tan sólo crees en tu corazón y así confiesas con tus labios su       nombre salvador.              Por ello, éste nombre santo y eternamente salvador de Dios y de su Espíritu       Santo, para ponerle fin a tus pecados y a la condena de muerte, la cual       está pendiente en contra de ti, en la tierra y en el más allá, también,       como en el infierno o el lago de fuego, por ejemplo, es el nombre del Señor       Jesucristo. Porque para Dios, el que cree en su Jesucristo y en sus grandes       obras, para el bien y para la vida santa de todo hombre, mujer, niño y niña       de la humanidad entera, es tan santo y tan justo, como él mismo o como su       Árbol de vida eterna, su Hijo amado, ¡el Cristo de Israel y de las       naciones!              Y el que no cree en Dios, ni en su Jesucristo, es tan diablo como el mismo       Lucifer del más allá o de sus ángeles caídos, por ejemplo. Pero Dios no       desea que ninguno de sus seres creados por sus manos santas sea un       "diablo", como su enemigo numero uno, Lucifer, sino todo lo contrario. Dios       sea que todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, sea              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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