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   Message 897 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   Jesucristo y a sus seres creados por sus palabras y por sus manos, como los   
   ángeles del cielo y la humanidad del paraíso y de la tierra de nuestros   
   días, también, por ejemplo.   
      
   Porque hay un juicio final de parte de Dios, para todas las cosas, de lo   
   que se han hecho y dicho en el cielo y en la tierra, para todo pecador y   
   para toda pecadora; por eso, cada cual ha de dar cuenta por sus malas   
   acciones y sus palabras ante Dios y ante su prójimo, en toda la creación.   
   Porque no es posible que ninguna palabra que haya salido de la boca de Adán   
   y de cada uno de sus descendientes, por ejemplo, quede entonces impune,   
   ante Dios y ante su Espíritu Santo y ante sus huestes de ángeles santos,   
   del reino de los cielos.   
      
   Puesto que, tanto como Dios y cada uno de sus seres creados, tiene que   
   recibir justicia por cada palabra que haya oído, sea buena o sea mala para   
   él o para ella, en el paraíso y en toda la tierra, también. Y sólo así   
   entonces la vida santa y totalmente nueva de Dios y de cada una de sus   
   criaturas ha de empezar: libre de las malas palabras del enemigo de Dios y   
   de toda verdad, Lucifer; y libre también eternamente de sus malas acciones   
   en contra de Dios, en el cielo y del hombre por toda la tierra, para   
   siempre.   
      
   Por cuanto, el corazón de Dios y de cada uno de sus ángeles, hombre,   
   mujeres, niños y niñas, desean "alcanzar toda justicia" en sus corazones,   
   dichas en contra de ellos, de Dios y de su Jesucristo, para entonces poder   
   seguir adelante a vivir sus vidas nuevas, en la nueva era de Dios, en el   
   reino de los cielos, por ejemplo. De otra manera, la justicia de Dios jamás   
   se ha de cumplir en el corazón y en la vida de cada uno de sus ángeles, del   
   reino y de los hombres, mujeres, niños y niñas de toda la tierra, también.   
   Y esto no podrá ser posible jamás ni por un sólo instante, sino por lo   
   contrario.   
      
   Toda palabra y acción en la vida del ángel y del hombre ha de ser "llena a   
   satisfacción" de Dios y de su Espíritu Santo, de la justicia divina e   
   infinita del Árbol de Dios, el Señor Jesucristo, para que entonces sólo "la   
   verdad y la justicia inmortal" existan para siempre, en la vida santa de su   
   nuevo reino venidero. Es decir, también, para que "la verdad y la justicia   
   infinita" del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, existan por siempre en   
   el corazón de cada ángel, hombre, mujer, niño y niña de la humanidad   
   entera, sin el mal destructivo de Lucifer, en la vida santa del nuevo reino   
   de Dios, en la nueva eternidad venidera del más allá.   
      
   Libro 137   
      
   MISIONES   
      
   Nuestro Padre Celestial le ha entregado al hombre la misma misión   
   celestial, la cual primero se la dio a su Espíritu Santo, de subyugar todos   
   los poderes de las profundas tinieblas de sobre toda la faz de la tierra,   
   para que luego el Señor Jesucristo descienda a la vida humana de todo   
   hombre. Para que entonces el Señor Jesucristo mismo (y no otro) nos   
   entregue de su perdón y de su gran reconciliación divina para con Adán y   
   para con cada uno de sus descendientes, de la humanidad entera, en sus   
   millares, en toda la tierra, de la antigüedad y de nuestros tiempos,   
   también, para siempre.   
      
   Y esta misión divina de todo hombre, mujer, niño y niña, es de amar a su   
   Padre Celestial día y noche en su corazón y en toda su alma, en el poder   
   del Espíritu Santo y de nombre sagrado de su Hijo amado, ¡el Señor   
   Jesucristo! Para que entonces todas las profundas tinieblas de Lucifer y de   
   sus ángeles caídos, de enfermedades y de otros males eternos, como la   
   muerte, por ejemplo, entonces se vallan de la tierra a su lugar eterno, en   
   el más allá, en el bajo mundo de la oscuridad y de la perdición infinita de   
   sus espíritus rebeldes y de las almas perdidas.   
      
   Porque la verdad es que Dios ha creado a todo hombre y a toda mujer de la   
   humanidad entera, para que le sirvan a Él día y noche en la tierra y en el   
   cielo, en el espíritu de vida y de salud infinita de su Árbol de vida, el   
   Señor Jesucristo, para que su nombre bendito sea exaltado y honrado mucho   
   más que antes. Es decir, para que su nombre santo, entonces alcance mayores   
   glorias y santidades sobrenaturales de nuestros corazones y de nuestras   
   almas eternas, jamás alcanzadas por sus ángeles del reino de los cielos,   
   desde los días de la antigüedad, hasta nuestros tiempos, por ejemplo.   
      
   Pues cantemos alegres a nuestro Padre Celestial con mucho amor en nuestros   
   corazones eternos, en el nombre de su Hijo Santo, porque él es bueno.   
   Porque nuestro Dios es grande en misericordia y en verdad, para cada uno de   
   todos nosotros, los descendientes de Adán, en toda la tierra y del más   
   allá, también, como el paraíso o como la nueva Jerusalén Santa y Eterna.   
   Por lo tanto, anuncien día y noche y por siempre su gran amor y su   
   evangelio de verdad y de justicia infinita para el corazón, de todo pecador   
   y de toda pecadora de toda la tierra, para que "encuentre por fin" su   
   perdón y su paz eterna, para con su Dios y para con su Hijo amado, ¡el   
   Señor Jesucristo!   
      
   Y sólo así entonces dejaran que las naciones vean la gloria de Cristo Jesús   
   en cada uno de ustedes: al hablar y al cantar por siempre de su gran amor,   
   en todos los pueblos del mundo. Y esto ha de ser, realmente, de la misma   
   manera que los ángeles del cielo lo han venido haciendo así, desde los   
   primeros días de la antigüedad, hasta nuestros tiempos, por ejemplo, para   
   gloria y para honra infinita de su nombre santo.   
      
   Por esta razón, sin más espera alguna, entonces pongan el don de Dios a   
   obrar, para el bien de los demás. Para que las gentes sean perdonadas de   
   sus pecados y sus enfermedades sanen (y hasta aun las más terribles e   
   incurables), para que los ángeles caídos salgan, de sus cuerpos y de sus   
   heridas. Y así ya no regresen jamás a ninguno de ellos, porque ahora Cristo   
   vive en sus cuerpos glorificados, bendecidos y lavados por la sangre de   
   Dios del pacto eterno, de Dios, de Israel y de la humanidad entera, para   
   salud y vida eterna, en la tierra y en el cielo, para siempre.   
      
   Fue por esta razón, más que ninguna otra, que el Señor Jesucristo les decía   
   a las multitudes, además de los apóstoles de Israel: Vengan a mí y síganme   
   todos los días de sus vidas, y los haré pescadores de hombres, para   
   siempre, para gloria eterna de la vida y del nombre de su Dios, en el reino   
   de los cielos. Porque si el evangelio de la palabra de vida y de salud   
   eterna, para el corazón y para el alma del hombre, está silencioso en   
   nuestros corazones y en nuestros labios, entonces estará oculta para todos   
   los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera; por lo tanto,   
   jamás conocerán del amor de Dios y de su Hijo Santo.   
      
   Pero si hablamos del nombre del Señor Jesucristo y de sus muchas   
   maravillas, milagros y de sus prodigios, que llevan en el corazón de cada   
   uno de ellos, de los que creen en Él y en su nombre, entonces sus tinieblas   
   dejaran de ser tinieblas, para llenar todos sus cuerpos y sus espíritus   
   humanos, de la luz viviente de Dios. Porque nuestro Dios es "luz" y no   
   tinieblas, en el corazón de los ángeles de los cielos y así también, en los   
   corazones de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera,   
   comenzando con Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo.   
      
   Pues entonces así también "alumbre la luz" de Jesucristo en sus corazones,   
   al tan sólo creer en él y en su obra santa, la cual ha llevado acabo sobre   
   la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ponerle fin a   
   tu pecado, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y así no tengas que   
      
   [continued in next message]   
      
   --- SoupGate-Win32 v1.05   
    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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