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   Message 898 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   jamás morir, eternamente, en la tierra ni en el más allá, como en el   
   infierno, por ejemplo. Porque cuando Jesucristo le puso fin al pecado,   
   entonces ya había cumplido la Ley, con su propia vida y con su misma   
   sangre, para luego darle muerte, en su día, al ángel de la muerte y así no   
   tengas que vivir jamás, como hoy en día, por ejemplo, si crees en Él,   
   asustado de la manaza de la muerte eterna.   
      
   En otras palabras, también, si crees en tu corazón y así confiesas con tus   
   labios, de que el Señor Jesucristo es "tu gran rey Mesías", el único   
   salvador posible de tu vida, en esta vida y en la venidera, también,   
   entonces ya no tienes "una cita con el ángel" de la muerte, como todo   
   pecador la tiene con él. Porque la verdad es que todo pecador tiene una   
   cita con el ángel de la muerte de seguro, en su ultimo día de vida en la   
   tierra, sino que ahora tienes "una cita con tu Dios" y salvador eterno de   
   tu alma viviente, el Árbol de vida, el Señor Jesucristo, en el paraíso   
   celestial, del nuevo reino de los cielos.   
      
   Por lo tanto, si Cristo vive en tu corazón, entonces deja que su luz   
   "alumbre" en tu vida, haciéndole así ver a los demás, que aun no tienen "la   
   bendición y la salvación" de sus vidas en sus corazones, algo que, por   
   cierto, cada uno de ellos necesita para ver la vida eterna. Y entonces   
   pueden vivir con su Dios y con su salvador eterno, felices en la tierra,   
   hasta que entren por fin a su nuevo lugar celestial, del nuevo reino de los   
   cielos, en el más allá, como en la nueva ciudad celestial del gran rey   
   Mesías, el Hijo de David, el único Cristo posible de Israel y de las   
   naciones.   
      
   Es por eso, que la promesa del Señor Jesucristo hacia todo hombre, mujer,   
   niño y niña de la tierra, ha sido la misma con ellos en su día, como con   
   los antiguos, por ejemplo. Y esto es, de que todo aquel que le confiese a   
   Él, delante de sus hermanos y de sus hermanas en la tierra, pues así   
   también Él mismo le ha de confesar su nombre propio, delante de su Padre   
   Celestial y de sus millares de ángeles santos, en el reino de los cielos. Y   
   esto ha de ser, realmente, con cada uno de todos sus fieles a su nombre   
   santo, en sus corazones y en sus labios, desde hoy mismo y por siempre en   
   la eternidad venidera, del nuevo reino de Dios y de su humanidad infinita.   
      
   PREDIQUEN DÍA Y NOCHE EN EL NOMBRE DE VIDA Y DE SALUD ETERNA   
      
   Por tanto, vayan y hagan discípulos a todas las naciones, les  decía el   
   Señor Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, en Israel y en toda la   
   tierra, también: "bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del   
   Espíritu Santo, y así enseñándoles que guarden todas las cosas que les he   
   mandado, desde el principio. Y he aquí, que yo estoy con ustedes todos los   
   días de sus vidas por la tierra, hasta el fin del mundo".   
      
   Porque éste evangelio del nuevo reino de los cielos tiene que llegar a la   
   vida de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, para   
   eliminar de una vez por todas y para siempre, cada una de las tinieblas del   
   pecado, de Lucifer y de la serpiente antigua del Jardín del Edén, en toda   
   la tierra. Porque toda alma viviente del hombre tiene que ser bañada por la   
   fe salvadora, de la sangre bendita del Hijo amado de Dios, para eliminar   
   toda contaminación del pecado, en su vida en la tierra y de su nueva vida   
   celestial, en el nuevo reino de los cielos, en el más allá, para siempre.   
      
   Por cuanto, todo espíritu de ángel y toda alma del hombre ha de vivir   
   delante de Dios para siempre, "lavado y purificado" de todo pecado, por la   
   sangre bendita del "Cordero Escogido de Dios", el Señor Jesucristo. De otra   
   manera, ningún ser viviente, creado por la palabra y por las manos de Dios,   
   ha de poder entrar en su reino santo, para seguir viviendo su vida por   
   siempre, en la verdad y en la justicia salvadora de su Árbol de vida   
   eterna, ¡el Santo de Israel y de la humanidad entera, el Señor Jesucristo!   
      
   Por esta razón, todo siervo y toda sierva de Dios y de su fe viviente,   
   entonces tiene que hablar del nombre y de la vida gloriosa y sumamente   
   honrada de su Hijo amado, al corazón de todo hombre, mujer, niño y niña de   
   la humanidad entera, para que conozcan a su Dios y a su salvador eterno, el   
   Señor Jesucristo. Y sólo así entonces puedan comenzar a ser "libre del   
   pecado y de sus enfermedades eternas", que conllevan día y noche hacia la   
   muerte eterna del más allá, del bajo mundo de los perdidos, el Abadón, el   
   abismo del fuego eterno.   
      
   En éste terrible lugar, en donde los diablos y las naciones rebeldes de la   
   antigüedad al nombre del Señor Jesucristo, esperan por su día de su juicio   
   final, de Dios y de su Espíritu, para recibir su condena y su castigo   
   eterno, según hayan sido sus palabras y sus acciones, en contra de su Dios   
   y de su palabra santa. Y nuestro Dios jamás ha deseado que ningún hombre,   
   mujer, niño o niña de la humanidad entera, baje a éste terrible lugar de   
   perdición eterna, para su corazón y para su alma viviente, sino todo lo   
   contrario.   
      
   Nuestro Dios ha deseado desde siempre, que su corazón y su alma eterna   
   suban hacia sus lugares santos, de gozo y de felicidad infinita en el más   
   allá, como en sus lugares santos, por ejemplo, de su trono y de su altar en   
   el reino celestial, para que viva y así jamás tenga que ver la muerte, para   
   siempre. Porque el bajo mundo del más allá ha sido creado por culpa de las   
   palabras mentirosas del corazón perdido, en sus profundas tinieblas, de   
   Lucifer y de la serpiente antigua, para que en el día que ellos mueran,   
   entonces desciendan a estos lugares terribles e inhumanos, de perdición   
   eterna.   
      
   Para que jamás se vuelvan a levantar en sus vidas, para "hablar maldad y   
   rebelión" en contra de su Dios y de su Árbol de vida eterna, el Señor   
   Jesucristo, como sucedió en el reino de los cielos, en el día de la   
   rebelión de Lucifer y de sus ángeles caídos, o como en el paraíso, también.   
   Por ejemplo, cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, para comenzar   
   a perder sus vidas, para no volverlas a ver jamás, a no ser que "comiesen"   
   del fruto de vida eterna, en sus corazones y en sus almas vivientes,   
   también, por medio de la fe, del nombre de su Hijo amado, el Señor   
   Jesucristo.   
      
   Porque sólo por medio del poder sobrenatural, de la sangre del Señor   
   Jesucristo, es que todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera,   
   ha de ser perdonado de su pecado y justificado, a la vez, ante Dios, para   
   volver a disfrutar de la vida, como en su día fue con Adán y Eva, en el   
   paraíso, por ejemplo. Para que entonces ellos también, como descendientes,   
   ya no tanto de Adán, sino de Jesucristo, no sólo "puedan heredar la vida"   
   en el paraíso, sino también en el nuevo reino de Dios, como en la nueva   
   ciudad celestial del más allá: La Nueva Jerusalén Santa y Eternal del gran   
   rey Mesías, el Árbol de Dios y de su Espíritu Santo.   
      
   Por esta razón, la palabra de Dios y de su Jesucristo tiene que ser   
   "predicada" a tiempo y fuera de tiempo, en todos los lugares de la tierra,   
   para que los que estén perdidos en las profundas tinieblas del pecado, de   
   Lucifer y de la serpiente antigua, entonces puedan ser liberados por la   
   palabra de Cristo Jesús, único salvador nuestro. Porque son las palabras   
   del Señor Jesucristo que tienen "el poder y la unción sobrenatural", de   
   parte de nuestro Padre Celestial, para liberarnos de todos los poderes   
   sobrenaturales del pecado y de las profundas tinieblas del enemigo, que   
   estén operando en nuestras vidas y en las vidas de nuestros familiares y   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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