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   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   nosotros, no sólo tenemos que alimentar nuestros cuerpos y espíritus   
   humanos, con los frutos de la tierra, sino también con los frutos   
   gloriosos, de la palabra de Dios, del Árbol de la vida y de los dones   
   sobrenaturales, de poderes, de milagros y de maravillas indescriptibles,   
   del Espíritu Santo de Dios.   
      
   EL HIJO DE DIOS TIENE QUE QUEDARSE CON LOS PECADORES   
      
   Por eso, nuestro Señor Jesucristo ha venido al mundo, para cumplir su más   
   "sublime misión", de cumplir la Ley de Dios y de Moisés, para entonces   
   poder destruir el poder del pecado y de su muerte eterna, sobre todo   
   hombre, mujer, niño y niña, de la humanidad entera. Porque el pecado de   
   Adán y de cada uno de sus descendientes, "no se podía destruir" antes de la   
   llegada de Cristo a Israel, "ni menos se podía cumplir" la Ley Eterna de   
   Dios, para ponerle fin al ángel de la muerte, de cada alma del hombre, de   
   la mujer, del niño y de la niña, de la humanidad entera.   
      
   Por lo tanto, como dijo el Señor Jesucristo a sus apóstoles, días antes de   
   su crucifixión: "Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos   
   de los pecadores, y que sea martirizado y luego resucite al Tercer Día,   
   desde el vientre de la tierra, destruyendo el poder de la muerte en su vida   
   y sobre la humanidad entera". Porque en esta muerte, el Señor Jesucristo no   
   sólo nos estaba limpiando, de todo poder del pecado, sino también del poder   
   de la muerte eterna, en el más allá, para entonces "despertar a la nueva   
   vida celestial", en la tierra y luego en el paraíso y delante de nuestro   
   Padre Celestial y de sus santos ángeles gloriosos y eternamente honrados.   
      
   Consiguientemente, el hombre y la mujer del espíritu de fe, de su nombre   
   santo y eternamente honrado, son libres del poder de la muerte. Es decir,   
   también, que tal persona, sea quien sea ella, en toda la tierra, ya no   
   tiene un día ni una hora más de muerte para su alma, sino sólo la vida   
   eterna le espera día y noche hasta que regrese al paraíso, desde hoy mismo   
   en su hogar o en cualquier lugar de la tierra, por ejemplo. Es decir,   
   también, que en el Señor Jesucristo cada uno de nosotros puede volver a   
   nacer, no de la carne, en el día que nacimos en la tierra, de nuestros   
   tiempos, por ejemplo, sino en la tierra santa y sumamente gloriosa del más   
   allá, del nuevo reino de los cielos, aunque aun estemos viviendo nuestras   
   vidas actuales en la tierra.   
      
   Es por eso, que el Espíritu de Dios es de gran importancia, para el diario   
   vivir de cada hombre, mujer, niño y niña, de la humanidad entera, para   
   entonces nosotros no solamente nacer de nuevo, bajo los poderes   
   sobrenaturales de su Espíritu de vida eterna, sino mucho más que esto.   
   Porque también hemos de crecer diariamente hacia nuestro Padre Celestial,   
   para ese "pronto encuentro" con Él y con la gloria bendita de su Árbol de   
   vida y de salud eterna, el Señor Jesucristo, el único posible gran rey   
   Mesías de nuestro Dios y para cada uno de nosotros, en la eternidad   
   venidera de muchos siglos sin fin, en el cielo.   
      
   Porque en la nueva eternidad, y a través de sus siglos sin fin, nuestra   
   misión ha de ser de servirle a nuestro Padre Celestial, con el mismo   
   Espíritu de amor, de su Árbol de vida, como los ángeles, arcángeles,   
   serafines, querubines y demás seres santos, lo han venido haciendo, a   
   través de los tiempos y hasta nuestros días, por ejemplo. Y hemos de ser   
   fieles a nuestro Dios por siempre, sólo por medio de la vida de la "sangre   
   sagrada", de su pacto eterno, para con cada uno de los antiguos y de   
   nosotros también, en la tierra de nuestros días y en su nueva vida   
   celestial, por ejemplo, en su nuevo reino de los cielos, en el más allá.   
      
   Puesto que, la sangre de Jesucristo una vez que entra en nuestros   
   corazones, cuando creemos en él, y en su nombre santo confesamos nuestro   
   perdón y nuestra salvación infinita, delante de nuestro Dios, entonces   
   nosotros hemos entrado a la vida, desde aquel mismo instante de oración y   
   de fe, porque nuestro nombre ha sido "escrito" en su libro de vida. Por lo   
   tanto, el espíritu de la vida eterna, de la sangre santísima y inmolada del   
   Señor Jesucristo, jamás nos ha de abandonar, por ninguna razón, para   
   siempre, en la tierra, ni menos en el más allá, en el nuevo reino de los   
   cielos, de Dios y de su Árbol de vida eterna, sino por lo contrario.   
      
   La sangre bendita de nuestro Señor Jesucristo ha de correr por nuestros   
   corazones y por  las venas de nuestros cuerpos, de la misma manera que ha   
   corrido siempre, en el corazón y en las venas santas de nuestro Árbol de   
   vida eterna, el Hijo amado de Dios, el Señor Jesucristo, ¡único salvador   
   posible de Israel y de la humanidad entera! Por esta razón, era muy   
   necesario, que el cuerpo santo de nuestro salvador Jesucristo cayese en las   
   manos de los pecadores, cuando su corazón y su alma santísima eran   
   totalmente libres de toda maldad y de todo poder del pecado, de las   
   palabras mentirosas de Lucifer y de la serpiente antigua del Jardín del   
   Edén, por ejemplo.   
      
   Para que entonces Jesucristo sea juzgado por los pecadores, por razones de   
   los mismos pecados, de sus corazones llenos de las tinieblas, de las   
   palabras de gran maldad de Lucifer, y luego sea crucificado sobre los   
   arboles secos y sin vida de Adán y de Eva, sobre la cima de la roca eterna,   
   en las afueras de Jerusalén. Y sólo así entonces finalmente cumplir la Ley   
   de Dios, de una vez por todas y para siempre, en el corazón de cada hombre,   
   mujer, niño y niña de la humanidad entera, para ponerle fin al pecado y a   
   su ángel de muerte eterna, incluyendo también a Lucifer y a cada uno de sus   
   diablos.   
      
   Es decir, para ponerle fin a cada una de las profundas tinieblas del mal   
   eterno del pecado y de sus muchas enfermedades terribles, para el corazón y   
   para el alma viviente del hombre y de la mujer de toda la tierra, de   
   nuestros días y de siempre, por ejemplo. Porque ésta era la única manera   
   posible, que la Ley de Dios podía ser finalmente cumplida y sumamente   
   honrada, para entonces "doblegar al pecado", hasta vencerlo eternamente y   
   para siempre, por los poderes sobrenaturales del pacto eterno, de la sangre   
   bendita del gran rey Mesías, ¡el Hijo de David!   
      
   Y esta sangre santísima de Dios es solamente "una", representando a la   
   humanidad entera, la que fue derramada sobre la cima de la roca eterna, en   
   las afueras de Jerusalén, por el cuerpo inmolado de Jesucristo, para vencer   
   el mal eterno de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad eterna, de   
   una vez por todas y para siempre. Para que entonces todo aquel que ame a   
   Dios, por medio de la vida y de la sangre santísima de su Hijo amado, pueda   
   comenzar a ver la vida en la tierra, hasta finalmente entrar en sus lugares   
   eternos, de gran gloria infinita, en el más allá, en el nuevo reino de Dios   
   y de su Árbol de vida, Jesucristo.   
      
   LOS QUE AMAN A DIOS Y A JESÚS, RESPLANDECERAN COMO EL SOL   
      
   Entonces en los últimos días, los entendidos de Dios y de su Jesucristo   
   resplandecerán con el resplandor del firmamento; y los que educan justicia   
   a las gentes, entonces serán sus rostros como las estrellas del cielo, por   
   toda la eternidad. Porque la gloria de Dios se ha de engrandecer por toda   
   la tierra, en los corazones de cada uno de sus hijos y de sus hijas. Y esto   
   ha de ser, verdaderamente, de los hombres, mujeres, niños y niñas de la   
   humanidad entera, sin que ninguno de ellos quede sin su bendición   
   celestial, en su corazón y en toda su vida terrenal y celestial, también,   
   de su Hijo amado, el Señor Jesucristo.   
      
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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