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   Message 901 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   En verdad, el Espíritu de Dios se ha de engrandecer en gran medida   
   espiritual, en los corazones y en las almas eternas, de los que amen a Dios   
   y a su Jesucristo, en todos los rincones de la tierra. Para que entonces   
   todo lo que era antes tinieblas sea ahora "luz resplandeciente", en las   
   vidas de cada uno de ellos, de todos los fieles a Dios y a su palabra   
   santa, de todas las familias de la humanidad entera. Y sólo así entonces,   
   todo lo que era tinieblas en todas las naciones de la tierra, ya no lo   
   serán para la eternidad venidera.   
      
   Porque ahora Dios y su Jesucristo reinan en los corazones y en las vidas de   
   todos los hijos e hijas de la humanidad entera, para cumplir "la misión   
   celestial" de la Ley de Dios, eternamente y para siempre. Así como es la   
   voluntad perfecta de la Ley cumplida con los ángeles en el cielo, pues así   
   será con todo hombre en la tierra, también, para siempre. Por lo tanto,   
   todo ha de ser luz y vida celestial, para nunca más volver a ser tinieblas   
   como antes, como cuando Lucifer y su espíritu de error reinaban en los   
   corazones de todos ellos, en sus millares, por toda la tierra, por ejemplo,   
   desde Adán en el paraíso, hasta el último hombre o mujer que nazca en la   
   tierra.   
      
   Entonces en aquellos días, por fin la perfecta voluntad de Dios se ha de   
   cumplir en todo hombre y en toda mujer de la humanidad entera, incluyendo a   
   toda la tierra; en donde hemos nacido en el pecado de Adán y Eva, por   
   ejemplo, para cumplir "la misión de recibir el nombre de Jesucristo" en   
   nuestros corazones y vidas eternas. Es decir, que la misión del Espíritu de   
   Dios ha de ser por fin perfecta en nuestros corazones y en nuestras vidas   
   terrenales y celestiales, también, en el más allá, para siempre, para nunca   
   más volver a conocer el pecado ni sus profundas tinieblas, de muertes   
   eternas, en la tierra, ni menos en el infierno.   
      
   Realmente hemos de ser totalmente libres de los males del pecado y de su   
   muerte infinita, en nuestros corazones y en nuestras almas vivientes,   
   también, para entonces agradar a nuestro Dios y a su "fruto de vida   
   eterna", el Señor Jesucristo por siempre, en su nuevo reino celestial, como   
   en el paraíso o como en su nueva ciudad infinita. Y esta nueva ciudad es La   
   Gran Jerusalén Santa y Eterna, la cual Dios les prometio a los israelíes   
   por boca de Moisés, para que también pasen "ésta gran misión" de vida y de   
   salud a todo hombre, mujer, niño y niña de la fe, del nombre de su "Cordero   
   Escogido", ¡el Cristo de Israel y de la humanidad entera!   
      
   Además, en esta ciudad celestial "sólo habitara": todo aquel que haya   
   comido y bebido del fruto de vida, del Árbol de Dios, el Señor Jesucristo.   
   Algo que Adán y Eva descuidaron de hacer en el paraíso, cuando Dios les   
   dijo: -De todos los arboles del huerto podrán comer y también del Árbol de   
   la vida. Pero del fruto prohibido del árbol de la ciencia, del bien y del   
   mal, no podrán comer de él jamás. Porque en el día que de él coman y beban,   
   entonces dejaran de existir, en el paraíso y en toda la tierra, también,   
   para Dios y para su Árbol de vida.   
      
   Por lo tanto, todos ustedes y cada uno de sus descendientes, también, sólo   
   podrán comer y beber del Árbol de la vida eterna, que está situada en el   
   epicentro del paraíso y del reino de los cielos, el Señor Jesucristo.   
   Porque sólo en Jesucristo está "la vida y la salud" eterna de cada uno de   
   ustedes y de todos los hombres, mujeres, niños y niñas, de la humanidad   
   entera, en el paraíso y en toda la tierra, de hoy y de siempre, hasta   
   finalmente entrar en la vida eterna del más allá, del nuevo reino de los   
   cielos.   
      
   Y fue por estas palabras de nuestro Padre Celestial que el Señor Jesucristo   
   en su día y delante de sus apóstoles, entonces les declaro abiertamente y   
   no en parábolas, para que realmente entiendan, de una vez por todas: quien   
   es él realmente para cada uno de ellos, en el paraíso y en toda la tierra,   
   también. Y les dijo: - Yo soy el pan de vida que ha descendido del cielo.   
   Para que todos aquellos que coman de mí, entonces tenga vida eterna y no   
   mueran nunca por ningún pecado ni por ninguna de sus enfermedades eternas,   
   en la tierra ni en el más allá, tampoco.   
      
   En otra ocasión, el Señor Jesucristo les dijo también, por razones de las   
   palabras de nuestro Padre Celestial, en el paraíso para con Adán y para con   
   cada uno de sus descendientes: - Mirando al cielo, con el pan de la mesa en   
   sus manos, entonces oro y dijo: - Éste es mi cuerpo, el cual es partido por   
   ustedes. Y diciendo estas palabras, entonces partía el pan (en pedazos para   
   sus millares de seguidores, de todas las generaciones venideras) y se los   
   ponía en la mano, de cada uno de sus apóstoles, asegurándoles en sus   
   corazones, de que si comen de Él, no volverán a tener hambre jamás.   
      
   Entonces los apóstoles comían vida eterna de las manos y del pan de vida de   
   su salvador eterno, el Señor Jesucristo. Tan pronto como los apóstoles   
   terminaron de comer del pan que el Señor Jesucristo había partido con sus   
   propias manos y puesto en sus manos, entonces cogió la copa de vino en sus   
   manos, levantado la copa entonces volvió a orar. Y mirando a sus apóstoles,   
   les decía: -Ésta copa es mi sangre, la cual ha de ser vertida sobre toda la   
   tierra, por amor a cada uno de ustedes y por amor a todos los hombres,   
   mujeres, niños y niñas de la humanidad entera.   
      
   Por lo tanto, el que beba de esta copa no volverá a tener sed jamás, sino   
   que "de sus entrañas correrán fuentes de agua de vida eterna, que no se   
   agotaran jamás, en la tierra ni en el paraíso, para siempre". Aquí, los que   
   han comido del pan del cuerpo inmolado y bebido de la copa, del espíritu de   
   la sangre de vida y de salud del "Cordero Escogido de Dios", el Señor   
   Jesucristo, entonces hónrenle con sus corazones y con sus labios: alabando   
   su nombre salvador, desde hoy y por siempre, en la eternidad venidera de su   
   nuevo reino celestial.   
      
   CANTEN Y PREDIQUEN DÍA A DÍA: LA SALVACIÓN DE DIOS   
      
   Sin duda alguna, asimismo, en sus corazones eternos y con sus labios: ¡   
   Canten a su SEÑOR, toda la tierra día y noche y hasta siempre! Anuncien de   
   día en día su salvación. Hablen entre las naciones de su gloria, y de entre   
   los pueblos sus perfectas maravillas, porque el amor de nuestro Dios es   
   grande para con cada uno de nosotros, en toda la tierra, de todas las   
   familias, razas, linajes, tribus y reinos del hombre, en el mundo entero,   
   hoy en día y por siempre, en la eternidad venidera.   
      
   Porque en la nueva eternidad de Dios y de su Árbol de vida, entonces todas   
   las familias de las naciones, de las que han honrado y exaltado el nombre   
   de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en sus corazones, han de estar   
   delante de Dios y de su "Cordero Inmolado". Y esto ha de ser así, en aquel   
   día, con cada uno de todos ellos: Para rendirle gloria y honra por los   
   siglos de los siglos, en las diferentes lenguas, de todas las naciones de   
   la tierra, redimidas para Dios, de la antigüedad y de nuestros tiempos,   
   también, por la sangre del pacto eterno del Señor Jesucristo.   
      
   Ya que,  nuestro Dios desea redimir con la sangre de su pacto eterno, a   
   todas las naciones de la tierra, de las que han amado a su Ley Bendita y a   
   la vida gloriosa y sumamente santísima de su Hijo amado, el Señor   
   Jesucristo. Puesto que, sólo el Señor Jesucristo es "como la niña de sus   
   ojos" para Dios: para perdonar, para bendecir, para sanar y para edificar a   
   cada hombre y a cada mujer penitente, de hoy en día y de siempre, para su   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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