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   Message 903 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   en su corazón, para bendecir por siempre sus vidas y sus almas eternas, en   
   la tierra y en el más allá, también, para siempre.   
      
   Entonces el reino de los cielos no es tanto de los ángeles del cielo, sino   
   que realmente de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada niña de   
   la humanidad entera, sin hacer jamás excepción de persona alguna de ninguna   
   clase. Por esta razón, "la misión de cada creyente" del nombre bendito de   
   Jesucristo ha de ser, en la tierra y en el más allá, también, como en el   
   paraíso o como en la nueva ciudad celestial, de poner en practica   
   diariamente el don sobrenatural que ha recibido, de parte del Espíritu   
   Santo, en su vida para bien de muchos.   
      
   Por lo tanto, nosotros de los que hemos llegado a creer en la vida y en el   
   nombre bendito del Señor Jesucristo en nuestros corazones, entonces tenemos   
   la misión eterna del llamado de Dios, de poner en practica la gracia   
   sobrenatural y todopoderosa de Dios y de su Jesucristo, en nuestras vidas y   
   en las vidas de los demás, también. Con el fin de destruir cada una de las   
   obras de Satanás y de sus ángeles caídos, en todos los lugares de la tierra   
   y solo así entonces edificar por siempre la vida santísima del nuevo reino   
   de Dios, en la tierra y en los nuevos cielos venideros de la nueva   
   eternidad venidera, por ejemplo.   
      
   Por todo ello, la misión celestial de cada hombre, mujer, niño y niña, de   
   todas las familias de la tierra, tiene "el mismo llamado" de parte de Dios,   
   el cual recibió el Señor Jesucristo, para edificar la vida santa del nuevo   
   reino de los cielos, en la tierra y hasta finalmente entrar a la nueva vida   
   infinita del más allá. Es decir, también, de que cada uno de nosotros tiene   
   en su corazón y en toda su alma viviente, "el mismo llamado de Dios", el   
   cual se lo hizo a su Espíritu Santo y luego a su Hijo amado, el Señor   
   Jesucristo, para edificar su vida santa, día y noche y hasta por siempre,   
   en su nuevo reino celestial.   
      
   Con el fin eterno de edificar grandemente su "Casa de oración para todas   
   las naciones" y su nuevo reino celestial, con tan sólo creerle a Él y a su   
   nombre bendito en sus corazones, hoy en día y como siempre, en la eternidad   
   venidera, del nuevo más allá de Dios y de su Árbol de vida y de salud   
   eterna. Entonces nosotros hemos vuelto a nacer, no de la carne para   
   derrumbar la obra de Dios, sino del Espíritu de Dios y del nombre sagrado   
   de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para edificar cada paso de la nueva   
   vida y eternamente santa del nuevo reino de los cielos.   
      
   SIGAMEN Y SERÁN PESCADORES DE HOMBRES, palabra de Jesucristo   
      
   Es por esta razón, que el Señor Jesucristo descendió del cielo a Israel,   
   para comenzar a edificar la casa de oración y el nuevo reino de Dios, en la   
   tierra y en el cielo, también, para los ángeles del reino y para los   
   hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera. Y entonces les   
   decía a sus apóstoles y discípulos, una y otra vez: "Vengan y síganme a mí   
   con toda la fe, de sus corazones eternos, y los haré pescadores de hombres,   
   no sólo en Israel, sino también en todos los lugares del mundo entero, para   
   engrandecer la luz de la vida santa del reino de mi Padre, en la tierra".   
      
   Entonces nuestro Jesucristo ha venido al mundo a comisionar   
   espiritualmente: a siervos y a siervas de nuestro Dios, para hacer de ellos   
   pescadores de las almas preciosas, de pecadores y de pecadoras de toda la   
   tierra, antes que sea demasiado tarde para cada una de ellas, en esta vida   
   y en el más allá, como en el infierno, por ejemplo. Porque nuestro Padre   
   Celestial no desea que ninguna de ellas muera, en el pecado original de   
   Adán, ni menos en el espíritu rebelde de Lucifer o de sus ángeles caídos,   
   para que se pierdan para siempre en sus profundas tinieblas, del castigo y   
   de la perdición eterna del más allá, en el infierno y en el lago de fuego.   
      
   Porque los planes de bendición y de vida eterna que ha preparado nuestro   
   Padre, desde mucho antes de la fundación del cielo y de la tierra, para   
   cada hombre, mujer, niño y niña, no lo ha podido discernir el corazón del   
   ángel, ni menos el pecador de toda la tierra, desde los días de la   
   antigüedad y hasta nuestros tiempos. Sólo Dios lo sabe todo en su corazón   
   santo y su Hijo amado, también, el Señor Jesucristo. Es por eso, que el   
   Señor Jesucristo entrega toda su vida para "alcanzar a Adán" y a cada uno   
   de sus descendientes, con el fin de convertirlos, de las tinieblas de   
   Satanás a la luz más brillante que el sol, el espíritu de vida de la sangre   
   santísima, del Árbol de la vida eterna, del paraíso y de la tierra.   
      
   Dado que, sólo en los poderes sobrenaturales de su sangre santa, es donde   
   realmente está la bendición de "una salvación tan grande", que ningún   
   hombre jamás la pudo haber alcanzado en su corazón, ni menos en su alma   
   manchada por el espíritu rebelde y de gran error, de las palabras   
   mentirosas, de Lucifer y de la serpiente antigua, por ejemplo. Es por eso,   
   que todo aquel o aquella que cree en su corazón y así confiesa su nombre   
   redentor del perdón de sus pecados y de su salvación infinita (Jesucristo)   
   se ha convertido para Dios: en un pescador de almas de pecadores y de   
   pecadoras de toda la tierra, para llevarlos a los pies santos de Dios, en   
   el paraíso.   
      
   Porque todo aquel que se humilla ante su Padre Celestial y confiesa sus   
   pecados, en el nombre de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces tiene   
   perdón y asegurada la salvación perfecta para su alma viviente, en esta   
   vida y en su nueva vida celestial, en el nuevo reino de los cielos, en el   
   más allá, para siempre. Entonces los que creen y así confiesan con sus   
   labios el nombre de Jesucristo van de detrás de Él, para alcanzar a muchas   
   almas perdidas en toda la tierra, de las cuales todas ellas tienen que   
   recibir a Jesucristo en sus vidas, para que sus nombres sean inscritos en   
   "el libro de la vida", del nuevo reino de los cielos.   
      
   De otra manera, ningún hombre, mujer, niño o niña, podrá jamás ver la vida,   
   en la tierra ni menos en el más allá, si no va detrás de su único salvador   
   eterno, nuestro Señor Jesucristo, el Santo de Israel y de la humanidad   
   entera, para cumplir la Ley y así alcanzar toda verdad y justicia para su   
   nueva vida celestial. Por lo tanto, el hombre sin el Señor Jesucristo en su   
   corazón, entonces no podrá jamás alcanzar ninguna verdad ni ninguna   
   justicia, para agradar al corazón y al espíritu de vida eterna, de nuestro   
   Padre Celestial, en la tierra ni en el reino de los cielos, sino que su   
   alma es rea de juicio eterno, para siempre, en el infierno.   
      
   Y esto es muy penoso para Dios, cuando ve que el alma preciosa del pecador   
   y de la pecadora se pierden vanamente en sus pensamientos y en sus palabras   
   llenas de la maldad y de la mentira del espíritu de error, de Lucifer y de   
   sus ángeles caídos. Porque habiendo "tanta gracia y tanta bendición" de   
   parte de Dios, en la vida gloriosa y sumamente victoriosa, sobre todas   
   estas grandes maldades de las palabras pecadoras y llenas de condenación y   
   de juicio eterno de Lucifer, entonces se pierdan inútilmente cada una de   
   las almas de los pecadores y de las pecadoras de toda la tierra.   
      
   Es por eso, que nuestro Dios nos ha dado "su palabra" de vida y de salud   
   eterna, para que todo aquel que en Él crea, entonces reciba así también a   
   su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en su vida. Para que sea entonces hecho   
   libre de los males del pecado de Lucifer y de la serpiente antigua en su   
   corazón y en su sangre enferma, que ha llegado a nosotros, también, de   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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