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|    IVAN VALAREZO to All    |
|    (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE     |
|    11 Nov 06 20:28:13    |
      [continued from previous message]              en su corazón, para bendecir por siempre sus vidas y sus almas eternas, en       la tierra y en el más allá, también, para siempre.              Entonces el reino de los cielos no es tanto de los ángeles del cielo, sino       que realmente de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada niña de       la humanidad entera, sin hacer jamás excepción de persona alguna de ninguna       clase. Por esta razón, "la misión de cada creyente" del nombre bendito de       Jesucristo ha de ser, en la tierra y en el más allá, también, como en el       paraíso o como en la nueva ciudad celestial, de poner en practica       diariamente el don sobrenatural que ha recibido, de parte del Espíritu       Santo, en su vida para bien de muchos.              Por lo tanto, nosotros de los que hemos llegado a creer en la vida y en el       nombre bendito del Señor Jesucristo en nuestros corazones, entonces tenemos       la misión eterna del llamado de Dios, de poner en practica la gracia       sobrenatural y todopoderosa de Dios y de su Jesucristo, en nuestras vidas y       en las vidas de los demás, también. Con el fin de destruir cada una de las       obras de Satanás y de sus ángeles caídos, en todos los lugares de la tierra       y solo así entonces edificar por siempre la vida santísima del nuevo reino       de Dios, en la tierra y en los nuevos cielos venideros de la nueva       eternidad venidera, por ejemplo.              Por todo ello, la misión celestial de cada hombre, mujer, niño y niña, de       todas las familias de la tierra, tiene "el mismo llamado" de parte de Dios,       el cual recibió el Señor Jesucristo, para edificar la vida santa del nuevo       reino de los cielos, en la tierra y hasta finalmente entrar a la nueva vida       infinita del más allá. Es decir, también, de que cada uno de nosotros tiene       en su corazón y en toda su alma viviente, "el mismo llamado de Dios", el       cual se lo hizo a su Espíritu Santo y luego a su Hijo amado, el Señor       Jesucristo, para edificar su vida santa, día y noche y hasta por siempre,       en su nuevo reino celestial.              Con el fin eterno de edificar grandemente su "Casa de oración para todas       las naciones" y su nuevo reino celestial, con tan sólo creerle a Él y a su       nombre bendito en sus corazones, hoy en día y como siempre, en la eternidad       venidera, del nuevo más allá de Dios y de su Árbol de vida y de salud       eterna. Entonces nosotros hemos vuelto a nacer, no de la carne para       derrumbar la obra de Dios, sino del Espíritu de Dios y del nombre sagrado       de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para edificar cada paso de la nueva       vida y eternamente santa del nuevo reino de los cielos.              SIGAMEN Y SERÁN PESCADORES DE HOMBRES, palabra de Jesucristo              Es por esta razón, que el Señor Jesucristo descendió del cielo a Israel,       para comenzar a edificar la casa de oración y el nuevo reino de Dios, en la       tierra y en el cielo, también, para los ángeles del reino y para los       hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera. Y entonces les       decía a sus apóstoles y discípulos, una y otra vez: "Vengan y síganme a mí       con toda la fe, de sus corazones eternos, y los haré pescadores de hombres,       no sólo en Israel, sino también en todos los lugares del mundo entero, para       engrandecer la luz de la vida santa del reino de mi Padre, en la tierra".              Entonces nuestro Jesucristo ha venido al mundo a comisionar       espiritualmente: a siervos y a siervas de nuestro Dios, para hacer de ellos       pescadores de las almas preciosas, de pecadores y de pecadoras de toda la       tierra, antes que sea demasiado tarde para cada una de ellas, en esta vida       y en el más allá, como en el infierno, por ejemplo. Porque nuestro Padre       Celestial no desea que ninguna de ellas muera, en el pecado original de       Adán, ni menos en el espíritu rebelde de Lucifer o de sus ángeles caídos,       para que se pierdan para siempre en sus profundas tinieblas, del castigo y       de la perdición eterna del más allá, en el infierno y en el lago de fuego.              Porque los planes de bendición y de vida eterna que ha preparado nuestro       Padre, desde mucho antes de la fundación del cielo y de la tierra, para       cada hombre, mujer, niño y niña, no lo ha podido discernir el corazón del       ángel, ni menos el pecador de toda la tierra, desde los días de la       antigüedad y hasta nuestros tiempos. Sólo Dios lo sabe todo en su corazón       santo y su Hijo amado, también, el Señor Jesucristo. Es por eso, que el       Señor Jesucristo entrega toda su vida para "alcanzar a Adán" y a cada uno       de sus descendientes, con el fin de convertirlos, de las tinieblas de       Satanás a la luz más brillante que el sol, el espíritu de vida de la sangre       santísima, del Árbol de la vida eterna, del paraíso y de la tierra.              Dado que, sólo en los poderes sobrenaturales de su sangre santa, es donde       realmente está la bendición de "una salvación tan grande", que ningún       hombre jamás la pudo haber alcanzado en su corazón, ni menos en su alma       manchada por el espíritu rebelde y de gran error, de las palabras       mentirosas, de Lucifer y de la serpiente antigua, por ejemplo. Es por eso,       que todo aquel o aquella que cree en su corazón y así confiesa su nombre       redentor del perdón de sus pecados y de su salvación infinita (Jesucristo)       se ha convertido para Dios: en un pescador de almas de pecadores y de       pecadoras de toda la tierra, para llevarlos a los pies santos de Dios, en       el paraíso.              Porque todo aquel que se humilla ante su Padre Celestial y confiesa sus       pecados, en el nombre de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces tiene       perdón y asegurada la salvación perfecta para su alma viviente, en esta       vida y en su nueva vida celestial, en el nuevo reino de los cielos, en el       más allá, para siempre. Entonces los que creen y así confiesan con sus       labios el nombre de Jesucristo van de detrás de Él, para alcanzar a muchas       almas perdidas en toda la tierra, de las cuales todas ellas tienen que       recibir a Jesucristo en sus vidas, para que sus nombres sean inscritos en       "el libro de la vida", del nuevo reino de los cielos.              De otra manera, ningún hombre, mujer, niño o niña, podrá jamás ver la vida,       en la tierra ni menos en el más allá, si no va detrás de su único salvador       eterno, nuestro Señor Jesucristo, el Santo de Israel y de la humanidad       entera, para cumplir la Ley y así alcanzar toda verdad y justicia para su       nueva vida celestial. Por lo tanto, el hombre sin el Señor Jesucristo en su       corazón, entonces no podrá jamás alcanzar ninguna verdad ni ninguna       justicia, para agradar al corazón y al espíritu de vida eterna, de nuestro       Padre Celestial, en la tierra ni en el reino de los cielos, sino que su       alma es rea de juicio eterno, para siempre, en el infierno.              Y esto es muy penoso para Dios, cuando ve que el alma preciosa del pecador       y de la pecadora se pierden vanamente en sus pensamientos y en sus palabras       llenas de la maldad y de la mentira del espíritu de error, de Lucifer y de       sus ángeles caídos. Porque habiendo "tanta gracia y tanta bendición" de       parte de Dios, en la vida gloriosa y sumamente victoriosa, sobre todas       estas grandes maldades de las palabras pecadoras y llenas de condenación y       de juicio eterno de Lucifer, entonces se pierdan inútilmente cada una de       las almas de los pecadores y de las pecadoras de toda la tierra.              Es por eso, que nuestro Dios nos ha dado "su palabra" de vida y de salud       eterna, para que todo aquel que en Él crea, entonces reciba así también a       su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en su vida. Para que sea entonces hecho       libre de los males del pecado de Lucifer y de la serpiente antigua en su       corazón y en su sangre enferma, que ha llegado a nosotros, también, de              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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