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|    IVAN VALAREZO to All    |
|    (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE     |
|    11 Nov 06 20:28:13    |
      [continued from previous message]              no han cesado jamás de mentir, de calumniar y de intentar con la vida del       hombre y hasta con la de Dios mismo, si fuese posible hacerlo así con sus       palabras y con sus obras malvadas, para destruir toda vida infinita. Y sólo       así entonces todo sea tinieblas y perdición eterna, para siempre, en toda       la creación de Dios.              Es por eso, que nuestro Dios lucha día y noche con las palabras, con el       espíritu de la sangre y de la misma vida de su Árbol de vida, el Señor       Jesucristo, para librarnos de todos los males de sus enemigos habituales y       eternos. Y así entonces vivamos por siempre: libres y limpios de todo mal       eterno, como peligros, enfermedades y la amenaza constante del ángel de la       muerte, para llevarnos al más allá, al bajo mundo de los espíritus y de las       almas rebeldes y eternamente perdidas, entre las llamas del infierno, por       ejemplo. Por esta razón, no debemos permanecer "silenciosos" ni por un solo       instante ante Dios y ante todo hombre, mujer, niño y niña de la tierra,       para ayudarlos a escapar: los males y los peligros eternos de las profundas       mentiras, de Lucifer y de sus ángeles caídos, en sus corazones y en sus       cuerpos terrenales e espirituales, también.              Porque cuando ellos entran en "el conocimiento" de Dios y de su verdad       viviente de Jesucristo en sus corazones, entonces salen de las tinieblas       del más allá, a la luz de Dios y de su reino celestial, para ver la vida       con sus muchas y ricas bendiciones de la tierra y del cielo, también, y más       no la muerte eterna. Por lo tanto, para Dios "la predicación" de su palabra       y de su nombre bendito a todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la       tierra, es gloria tras gloria infinita para su nueva vida celestial, en el       más allá y para su nombre santo, también.              En vista de que, los corazones de las gentes han de cambiar siempre para       "el bien infinito" de sus cuerpos y de sus espíritus humanos, en la tierra       y en el paraíso, también, para siempre. Para que entonces cada uno de ellos       sirva a su Dios y a su Espíritu todos los días de sus vidas por la tierra y       en el más allá, también, como en la nueva ciudad celestial del gran rey       Mesías, el Hijo de David, el Cristo de Israel y de la humanidad entera, en       La Nueva Jerusalén Perfecta e Infinita.              Pero si no hablamos de las verdades de Jesucristo y de su justicia       sobrenatural e infinita, entonces la voluntad de Dios no fuese hecha jamás       en nosotros, ni en nadie. Es decir, que las almas seguirían viviendo día y       noche bajo los terribles peligros de un enemigo invisible que jamás se ve,       haciendo siempre de las suyas, para destruir toda vida del hombre ante Él y       ante su reino santo y celestial, para el más allá.              Dado que, la predicación de la palabra de Dios es para perdonar y para       sanar todo mal del cuerpo y de la vida del hombre, pero la verdad es mucho       más que esto: la verdad siempre es sanidad y vida eterna para todos. Es       decir, que entonces Dios está edificando su nueva vida celestial e infinita       para su nuevo reino de los cielos, en el más allá, con cada hombre, con       cada mujer, con cada niño y con cada niña, de todas las familias, razas,       pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra, también, por ejemplo.              Porque el nuevo reino de los cielos ha de ser habitado por todas las       familias de las naciones de la tierra, desde Adán y Eva hasta el último       descendiente de la humanidad entera que nazca en la tierra, para recibir a       Jesucristo en su corazón y en toda su vida terrenal y celestial para la       eternidad venidera. Y sólo así entonces complacer toda verdad y toda       justicia infinita en su vida, para que en su último día entrar a su nueva       vida celestial, en el nuevo paraíso de Dios y de su Árbol de vida eterna:       La Nueva Jerusalén Santa e Infinita de Dios y de su Gran Rey Mesías, el       Hijo de David, ¡el Cristo!              QUE LA LUZ DE CRISTO BRILLE EN USTEDES, POR SUS OBRAS              Pues entonces así alumbre su luz delante de los hombres de toda la tierra,       de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre Celestial que       está en los cielos, en Cristo Jesús, Señor nuestro. Porque nuestro Dios       tiene que ser glorificado con sus corazones, día y noche, llenos del nombre       bendito de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para cumplir toda justicia y       toda verdad en sus vidas.              Para que luego junto con los ángeles santos del reino puedan entrar, desde       ya, a la vida celestial e infinita, de cada uno de ustedes en toda la       tierra y por siempre hasta el nuevo más allá de Dios y de su Árbol de vida       eterna. Porque la vida santa del reino de los cielos tiene que ser llena de       todos los hombres y de todas las mujeres de la tierra del ayer, de hoy y de       siempre, confesando con sus corazones y con sus labios: las verdades y las       glorias divinas del nombre bendito, de nuestro único salvador eterno, ¡el       Señor Jesucristo!              Dado que, ésta confesión de fe, de la bondad y del amor infinito de Dios,       hacia cada uno de nosotros, en nuestros millares, en la tierra,       "descendientes directos" de la vida celestial del paraíso de Adán y Eva,       por ejemplo, tiene que ser hecha por cada uno de nuestros corazones y de       nuestros labios, también, para honra de nuestro Dios. Por cuanto, sin esta       confesión de fe, entonces el hombre, la mujer, el niño o la niña de toda la       tierra, está diciéndole a su Dios (sin saber verdaderamente que es lo que       está diciendo): No te amo. Y esto es tiniebla; esto es pecado para muerte       eterna.              Puesto que, cuando Adán y Eva no comieron del fruto de vida eterna, del       Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, en el paraíso, entonces estaban       diciéndole al SEÑOR: No te amamos, Señor. Y al entender estas palabras       inicuas el SEÑOR en su corazón santo, entonces no veía en ninguno de ellos,       ni menos en sus descendientes, ninguna verdad ni ninguna justicia posible       en sus corazones y en todas sus vidas celestiales y terrenales, a la vez.              Es decir, si es que se hubiesen quedado a vivir sus vidas en el paraíso,       Adán y Eva con todos sus descendientes en sus millares, por doquier, para       comer por siempre del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y       del mal, por ejemplo. Entonces antes de que todo éste terrible pecado del       corazón de Eva primero y luego de Adán se regase por todos los rincones no       sólo del paraíso, sino también por todo el reino de Dios, entonces Dios       decidió trasladar sus vidas pecadoras y rebeldes a su fruto de vida, el       Señor Jesucristo, a la tierra de nuestros días, por ejemplo.              Hasta que cada uno de ellos, individualmente, cambie su vida por la verdad       y por la justicia infinita de su Hijo amado, su Árbol de vida eterna, el       Señor Jesucristo, en su corazón y en toda su alma viviente, también, para       la eternidad venidera de su nuevo reino celestial, en el más allá. Por lo       tanto, cuando Adán y Eva descendieron a la tierra para seguir viviendo sus       nuevas vidas pecadoras, rebeldes, a la verdad y a la justicia de Dios,       entonces dejaron la luz de la vida eterna, en el paraíso, el Árbol de vida       de Dios, su Hijo amado.              Y la luz de vida eterna se queda en el paraíso, no porque Dios lo quiso       así, sino todo lo contrario. Fue realmente porque había sido rechazada por       Adán, para mal eterno de cada uno de sus descendientes, comenzando con Eva,       por ejemplo. Y la única manera que esta luz podría regresar a ellos,       entonces seria si Dios lo quisiese hacer así, para ayudar a Adán y a sus       descendientes, escapar la terrible presencia de las profundas tinieblas de       sus pecados, en la tierra y en el más allá, también, como en el fuego              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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