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   Message 905 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   no han cesado jamás de mentir, de calumniar y de intentar con la vida del   
   hombre y hasta con la de Dios mismo, si fuese posible hacerlo así con sus   
   palabras y con sus obras malvadas, para destruir toda vida infinita. Y sólo   
   así entonces todo sea tinieblas y perdición eterna, para siempre, en toda   
   la creación de Dios.   
      
   Es por eso, que nuestro Dios lucha día y noche con las palabras, con el   
   espíritu de la sangre y de la misma vida de su Árbol de vida, el Señor   
   Jesucristo, para librarnos de todos los males de sus enemigos habituales y   
   eternos. Y así entonces vivamos por siempre: libres y limpios de todo mal   
   eterno, como peligros, enfermedades y la amenaza constante del ángel de la   
   muerte, para llevarnos al más allá, al bajo mundo de los espíritus y de las   
   almas rebeldes y eternamente perdidas, entre las llamas del infierno, por   
   ejemplo. Por esta razón, no debemos permanecer "silenciosos" ni por un solo   
   instante ante Dios y ante todo hombre, mujer, niño y niña de la tierra,   
   para ayudarlos a escapar: los males y los peligros eternos de las profundas   
   mentiras, de Lucifer y de sus ángeles caídos, en sus corazones y en sus   
   cuerpos terrenales e espirituales, también.   
      
   Porque cuando ellos entran en "el conocimiento" de Dios y de su verdad   
   viviente de Jesucristo en sus corazones, entonces salen de las tinieblas   
   del más allá, a la luz de Dios y de su reino celestial, para ver la vida   
   con sus muchas y ricas bendiciones de la tierra y del cielo, también, y más   
   no la muerte eterna. Por lo tanto, para Dios "la predicación" de su palabra   
   y de su nombre bendito a todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la   
   tierra, es gloria tras gloria infinita para su nueva vida celestial, en el   
   más allá y para su nombre santo, también.   
      
   En vista de que, los corazones de las gentes han de cambiar siempre para   
   "el bien infinito" de sus cuerpos y de sus espíritus humanos, en la tierra   
   y en el paraíso, también, para siempre. Para que entonces cada uno de ellos   
   sirva a su Dios y a su Espíritu todos los días de sus vidas por la tierra y   
   en el más allá, también, como en la nueva ciudad celestial del gran rey   
   Mesías, el Hijo de David, el Cristo de Israel y de la humanidad entera, en   
   La Nueva Jerusalén Perfecta e Infinita.   
      
   Pero si no hablamos de las verdades de Jesucristo y de su justicia   
   sobrenatural e infinita, entonces la voluntad de Dios no fuese hecha jamás   
   en nosotros, ni en nadie. Es decir, que las almas seguirían viviendo día y   
   noche bajo los terribles peligros de un enemigo invisible que jamás se ve,   
   haciendo siempre de las suyas, para destruir toda vida del hombre ante Él y   
   ante su reino santo y celestial, para el más allá.   
      
   Dado que, la predicación de la palabra de Dios es para perdonar y para   
   sanar todo mal del cuerpo y de la vida del hombre, pero la verdad es mucho   
   más que esto: la verdad siempre es sanidad y vida eterna para todos. Es   
   decir, que entonces Dios está edificando su nueva vida celestial e infinita   
   para su nuevo reino de los cielos, en el más allá, con cada hombre, con   
   cada mujer, con cada niño y con cada niña, de todas las familias, razas,   
   pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra, también, por ejemplo.   
      
   Porque el nuevo reino de los cielos ha de ser habitado por todas las   
   familias de las naciones de la tierra, desde Adán y Eva hasta el último   
   descendiente de la humanidad entera que nazca en la tierra, para recibir a   
   Jesucristo en su corazón y en toda su vida terrenal y celestial para la   
   eternidad venidera. Y sólo así entonces complacer toda verdad y toda   
   justicia infinita en su vida, para que en su último día entrar a su nueva   
   vida celestial, en el nuevo paraíso de Dios y de su Árbol de vida eterna:   
   La Nueva Jerusalén Santa e Infinita de Dios y de su Gran Rey Mesías, el   
   Hijo de David, ¡el Cristo!   
      
   QUE LA LUZ DE CRISTO BRILLE EN USTEDES, POR SUS OBRAS   
      
   Pues entonces así alumbre su luz delante de los hombres de toda la tierra,   
   de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre Celestial que   
   está en los cielos, en Cristo Jesús, Señor nuestro. Porque nuestro Dios   
   tiene que ser glorificado con sus corazones, día y noche, llenos del nombre   
   bendito de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para cumplir toda justicia y   
   toda verdad en sus vidas.   
      
   Para que luego junto con los ángeles santos del reino puedan entrar, desde   
   ya, a la vida celestial e infinita, de cada uno de ustedes en toda la   
   tierra y por siempre hasta el nuevo más allá de Dios y de su Árbol de vida   
   eterna. Porque la vida santa del reino de los cielos tiene que ser llena de   
   todos los hombres y de todas las mujeres de la tierra del ayer, de hoy y de   
   siempre, confesando con sus corazones y con sus labios: las verdades y las   
   glorias divinas del nombre bendito, de nuestro único salvador eterno, ¡el   
   Señor Jesucristo!   
      
   Dado que, ésta confesión de fe, de la bondad y del amor infinito de Dios,   
   hacia cada uno de nosotros, en nuestros millares, en la tierra,   
   "descendientes directos" de la vida celestial del paraíso de Adán y Eva,   
   por ejemplo, tiene que ser hecha por cada uno de nuestros corazones y de   
   nuestros labios, también, para honra de nuestro Dios. Por cuanto, sin esta   
   confesión de fe, entonces el hombre, la mujer, el niño o la niña de toda la   
   tierra, está diciéndole a su Dios (sin saber verdaderamente que es lo que   
   está diciendo): No te amo. Y esto es tiniebla; esto es pecado para muerte   
   eterna.   
      
   Puesto que, cuando Adán y Eva no comieron del fruto de vida eterna, del   
   Árbol de la vida, el Señor Jesucristo, en el paraíso, entonces estaban   
   diciéndole al SEÑOR: No te amamos, Señor. Y al entender estas palabras   
   inicuas el SEÑOR en su corazón santo, entonces no veía en ninguno de ellos,   
   ni menos en sus descendientes, ninguna verdad ni ninguna justicia posible   
   en sus corazones y en todas sus vidas celestiales y terrenales, a la vez.   
      
   Es decir, si es que se hubiesen quedado a vivir sus vidas en el paraíso,   
   Adán y Eva con todos sus descendientes en sus millares, por doquier, para   
   comer por siempre del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y   
   del mal, por ejemplo. Entonces antes de que todo éste terrible pecado del   
   corazón de Eva primero y luego de Adán se regase por todos los rincones no   
   sólo del paraíso, sino también por todo el reino de Dios, entonces Dios   
   decidió trasladar sus vidas pecadoras y rebeldes a su fruto de vida, el   
   Señor Jesucristo, a la tierra de nuestros días, por ejemplo.   
      
   Hasta que cada uno de ellos, individualmente, cambie su vida por la verdad   
   y por la justicia infinita de su Hijo amado, su Árbol de vida eterna, el   
   Señor Jesucristo, en su corazón y en toda su alma viviente, también, para   
   la eternidad venidera de su nuevo reino celestial, en el más allá. Por lo   
   tanto, cuando Adán y Eva descendieron a la tierra para seguir viviendo sus   
   nuevas vidas pecadoras, rebeldes, a la verdad y a la justicia de Dios,   
   entonces dejaron la luz de la vida eterna, en el paraíso, el Árbol de vida   
   de Dios, su Hijo amado.   
      
   Y la luz de vida eterna se queda en el paraíso, no porque Dios lo quiso   
   así, sino todo lo contrario. Fue realmente porque había sido rechazada por   
   Adán, para mal eterno de cada uno de sus descendientes, comenzando con Eva,   
   por ejemplo. Y la única manera que esta luz podría regresar a ellos,   
   entonces seria si Dios lo quisiese hacer así, para ayudar a Adán y a sus   
   descendientes, escapar la terrible presencia de las profundas tinieblas de   
   sus pecados, en la tierra y en el más allá, también, como en el fuego   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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