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   Message 906 of 1,739   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE    
   11 Nov 06 20:28:13   
   
   [continued from previous message]   
      
   eterno del infierno tormentoso, por ejemplo.   
      
   Por esta razón, el Espíritu de Dios tenia "la misión" muy especial, por   
   cierto, de parte de Dios, de descender sobre la faz de la tierra, para   
   subyugar a las fuerzas del mal y así facilitar entonces el descenso de la   
   luz más brillante que el sol de nuestro cosmos, su Árbol de vida eterna, el   
   Señor Jesucristo. Porque sólo entonces con "la luz de Jesucristo   
   brillando" en lo profundo de su corazón, Adán y sus descendientes podía   
   volver a tomar la vida eterna, que habían dejado atrás en el paraíso, en el   
   día que su corazón se torno de la luz de Dios, a las tinieblas de las   
   palabras mentirosas de Lucifer, el enemigo eterno de Jesucristo.   
      
   Es por eso, que la misión divina del llamado de Dios hacia cada hombre, ha   
   sido desde siempre, de que cada uno de ellos entonces reciba en su corazón   
   la vida eterna, que Adán en su día de gran error, desprecia en el paraíso.   
   Y esto fue tanto en él, como en Eva, por ejemplo, al no comer del fruto de   
   vida, del Árbol de Dios, cuando Dios le entrego su misión en su vida para   
   hacerlo así por siempre para bien de su vida y la de sus descendientes,   
   sino que peca cobardemente, sin saber sus consecuencias eternas. Y Adán   
   peca cobardemente ante el Señor Jesucristo al comer del fruto prohibido,   
   del árbol de la ciencia, del bien y del mal, de las manos de Eva, su esposa   
   eterna, para mal eterno de muchos, en el paraíso y por toda la tierra de   
   nuestros días, también, por ejemplo.   
      
   Pero, sin embargo, si en esta hora "comes" del fruto de vida eterna, el   
   Señor Jesucristo, en tu corazón y en toda tu alma viviente, también,   
   entonces has de complacer a tu Dios y a toda su verdad y su justicia   
   infinita para contigo y para con cada uno de los tuyos, mi estimado hermano   
   y mi estimada hermana. Para entonces Dios comenzar a entregarte todos los   
   milagros, maravillas y prodigios que necesitas día y noche en tu vida, para   
   poder vivirla en la tierra y en el paraíso, también, para siempre.   
      
   Porque para el hombre "poder vivir" su vida normal, como Dios lo ha llamado   
   a vivir su vida santa, ya sea en el paraíso o en la tierra o en el nuevo   
   reino de los cielos, en el más allá, entonces necesita poder de lo alto, de   
   Dios y de su Espíritu Santo. Y estos poderes de Dios y del Espíritu Santo   
   para el corazón y para la vida de cada hombre, mujer, niño o niña de la   
   humanidad entera, sólo se encuentran "en la vida gloriosa" y eternamente   
   honrada de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, para poder entonces vivir su   
   vida infinita y en perfecta normalidad, como Dios mismo la constituyo.   
      
   Y esto es, realmente, de vivir su vida humana y celestial, de acuerdo a la   
   perfecta voluntad de nuestro Padre Celestial, en el paraíso o en cualquier   
   lugar de toda su creación, de hoy en día y de siempre, en el más allá, en   
   su nueva vida celestial, de su nuevo reino de los cielos. Por esta razón,   
   si tienes al Señor Jesucristo viviendo en tu corazón, mi estimado hermano y   
   mi estimada hermana, entonces deja que su luz alumbre delante de la vida de   
   los hombres de la tierra, para que ellos se den cuenta, de que están en las   
   tinieblas, de perdición eterna y entonces regresen a Dios por la vía   
   celestial, Jesucristo.   
      
   Cuando realmente podrían muy bien vivir en la luz sobrenatural de vida y de   
   felicidad eterna, en sus corazones y en todas sus vidas por la tierra,   
   antes de entrar a la vida eterna, del nuevo reino de los cielos, en el más   
   allá. Porque la vida de Dios, por la cual su Espíritu Santo y luego el   
   Señor Jesucristo han traído al mundo, para tocar a toda vida humana, ha   
   sido con el fin de librarlos, del poder del pecado y de su muerte eterna,   
   para que entonces vuelvan a sus vidas celestiales, de su Árbol de vida, en   
   el paraíso, por ejemplo.   
      
   EL QUE CONFIESE A JESÚS, ENTONCES JESÚS LE CONFESARA EN ELCIELO   
      
   Por todo ello, todo aquel que confiese el nombre del Señor Jesucristo   
   delante de los hombres, Él mismo entonces y no otro, le confesará delante   
   de su Padre Celestial que está en los cielos y de sus numerosos ángeles   
   celestiales del más allá. Porque el que se avergonzare cobardemente de Él y   
   de su Ley Bendita, entonces él también se avergonzara de él y de sus   
   pecados eternos, delante de Dios y de sus ángeles santos, por ejemplo, en   
   el reino de los cielos, de hoy en día y de siempre, en el más allá, en la   
   nueva eternidad venidera.   
      
   Es por eso, que Dios llama, e insiste, también, de que todo hombre, mujer,   
   niño y niña de la humanidad entera, crea en su corazón y así confiese con   
   sus labios su nombre bendito, para cumplir toda verdad y justicia divina,   
   para bien eterno de su alma y de su vida, en la tierra y en el cielo, para   
   siempre. Así pues, otra vez, si el hombre le confesare delante de su   
   prójimo y no tuviere vergüenza alguna de su nombre ni de ninguna de sus   
   palabras, entonces el Señor Jesucristo también le confesara, delante de su   
   Padre Celestial y de sus huestes de ángeles gloriosos, de su nuevo reino   
   celestial, desde hoy mismo, en el más allá.   
      
   Y para Dios ésta confesión de fe, del nombre de su Hijo amado, es tan   
   importante para su verdad y para su justicia infinita, para bien de cada   
   hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, que Él no lo   
   reemplazaría por nada, en el reino de los cielos ni menos en la tierra. Es   
   decir, de que con el corazón del hombre, en haber creído en él y en la obra   
   santísima de su Hijo y así confesase el nombre del Señor Jesucristo, con   
   sus labios, entonces le está diciendo todo lo que tendría que decirle para   
   ser perdonado, por sus pecados y por sus muchas maldades, para entonces   
   recibir la vida eterna.   
      
   Además, también, de que para nuestro Padre Celestial, sólo el Señor   
   Jesucristo es la verdad y la única justicia infinita y posible, para el   
   hombre ser justificado por Él y por su Espíritu Santo, en la tierra y en el   
   más allá, también, para entonces entrar de lleno a la vida eterna, del   
   nuevo reino de los cielos. Por esta razón, es "la misión divina" y   
   primordial del Espíritu de Dios, en el corazón de cada siervo y de cada   
   sierva de él y de su nombre salvador, el nombre de su Jesucristo, para   
   entregárselo al hombre, a la mujer, al niño y a la niña de toda la tierra,   
   que necesite de su Dios, para reconciliación eterna.   
      
   Y esto de que necesite del perdón, de la bendición y de la sanidad perfecta   
   del "favor de Dios" y de los dones de su Espíritu Santo, para edificar su   
   vida y la vida de los suyos, también, en cualquier tiempo o en cualquier   
   lugar de toda la tierra, es de toda alma viviente. Para entonces poder   
   vivir su vida terrenal en la tierra y celestial en el cielo, sólo de   
   acuerdo a la perfecta voluntad de Dios y de su Árbol de vida eterna, el   
   Señor Jesucristo.   
      
   Es por eso, que el Espíritu de Dios y sus dones divinos, de parte de   
   nuestro Padre Celestial, desciende del cielo día y noche, para ejecutar   
   milagros, maravillas y prodigios, en nuestros corazones y en nuestros   
   cuerpos corporales e espirituales, también. Por lo tanto, los dones de Dios   
   jamás han dejado de descender del cielo, desde el día que el Espíritu de   
   Dios descendió a la tierra por vez primera, por la palabra de Dios, génesis   
   1:2, por ejemplo, para comenzar su gran obra, de bendición y de salvación   
   eterna, para cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera.   
      
   Es decir, que hoy en día, aunque tú no lo entiendas en tu corazón eterno,   
   mi estimado hermano y mi estimada hermana, el Espíritu de Dios, con cada   
      
   [continued in next message]   
      
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