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|    IVAN VALAREZO to All    |
|    (IVÁN): LA NATURALEZA CARNAL DEL HOMBRE     |
|    11 Nov 06 20:28:13    |
      [continued from previous message]              uno de "los dones" de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de vida, el       Señor Jesucristo, "están siempre contigo", para bendecir tu vida y       salvaguardarte de todo mal eterno. Por lo tanto, en Dios, tú tienes grandes       poderes sobrenaturales, siempre obrando día y noche y a toda hora, para       bien y salud eterna de tu vida, en la tierra y de tu nueva vida infinita,       en el nuevo reino de los cielos de Dios y de su gran Rey Mesías, el Santo       de Israel y de las naciones, ¡Jesucristo!              Por ello, si deseas desde hoy mismo que tu nombre sea pronunciado por los       labios del Señor Jesucristo delante del Padre Celestial y de sus millares       de ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres santos, de su       reino celestial, pues bien, cree en tu corazón y confiesa con tus labios,       desde este mismo instante, su nombre sobrenatural, ¡el Señor Jesucristo!       Porque sólo el Señor Jesucristo es tu misión divina de tu corazón, tu       confesión de tu voz eterna, tu salvador viviente para tu alma sedienta y       hambrienta de Dios, en la tierra y en el paraíso, como lo fue en su día,       con Adán y Eva, por ejemplo, en sus vidas celestiales, en el cielo.              Pero ambos le rechazaron, desdichadamente, no porque Dios o el Señor       Jesucristo les haya hecho algún mal, sino por culpa de las palabras       mentirosas en los labios, de la serpiente antigua del Jardín del Edén, para       que sus almas se pierdan eternamente y para siempre, en su pecado y en sus       profundas tinieblas, de confusión y de ceguera espiritual eterna. Es por       eso, que para Dios, si crees en tu corazón y confiesas con tus labios a su       Jesucristo, entonces no solamente Jesucristo ha de confesar tu nombre, en       todos los lugares del reino de Dios, sino que también tu nombre será       escrito en el cielo, para la eternidad venidera, como en "el libro de la       vida eterna", por ejemplo.              Y una vez que tu nombre se haya escrito en "el libro de la vida", entonces       jamás ha de ser borrado por nadie ni menos por los poderes mentirosos, de       Lucifer o de la serpiente antigua ni por ningún ángel caído, tampoco, sino       que permanecerá para siempre. Tu mismo nombre permanecerá para siempre en       el reino de los cielos, hasta que tú mismo entres a tu vida eterna, en el       más allá, en la nueva ciudad celestial e infinita de Dios y de su gran rey       Mesías, el Hijo de David, ¡La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta, para       siempre!              LA GRAN COMISION CELESTIAL              Desde el comienzo de todas las cosas, en el cielo y por toda la tierra,       también, ha sido la voluntad perfecta de nuestro Padre Celestial, de que       todos sus seres creados, hombres, mujeres, niños, niñas y hasta ángeles del       cielo "anuncien" las buenas nuevas de su santa palabra y del nombre de su       Jesucristo. Porque su palabra y el nombre de su Hijo amado tienen que ser       predicados a todas las naciones del mundo entero, para que entonces puedan       ser bautizados en su nombre santo, en el de su Hijo y en el de su Espíritu       Santo.              Para luego enseñarles todo lo del amor, de la verdad y de la gracia       inagotable de su corazón santo y de la vida gloriosa y sumamente honrada,       de su Hijo amado, el Cristo de Israel y de la humanidad entera, a cada uno       de ellos, en la tierra y en el cielo, también, para siempre. Porque todo lo       que tienen que aprender de Dios, de su Hijo y de su Espíritu Santo con sus       millares de ángeles gloriosos, comienza en la tierra y jamás ha de terminar       en el nuevo reino de los cielos, en el más allá, en la nueva eternidad       venidera, para todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera.              Porque el corazón del hombre de fe, de su nombre salvador, ha de tener que       aprender y entender, a la vez, todo lo que es de su Dios y de la vida       gloriosa y sumamente sagrada de su Jesucristo, en esta vida y en la       venidera, también, para siempre, en el más allá, en el nuevo reino de los       cielos. Para que entonces ninguna tiniebla de Lucifer y de sus palabras       mentirosas ya no reine en sus corazones, como lo había sido así, desde       siempre, desde el día que Adán y Eva pecaron en contra de Él y de su Árbol       de vida, en el paraíso, para mal de sus vidas celestiales y de las de sus       descendientes, por doquier.              Es decir, que ninguna tiniebla ha de volver a existir jamás, en el corazón       y en toda el alma viviente del hombre, de la mujer, del niño y de la niña       de la humanidad entera, una vez que el Señor Jesucristo entra en su vida,       para quedarse y para glorificar por siempre a su Dios y a su Espíritu       Santo. Entonces sólo la luz de Dios y de su Jesucristo ha de brillar en la       vida, de cada uno de sus nuevos hijos y de sus nuevas hijas, en la nueva       vida celestial de su nuevo reino, junto con cada uno, de sus millares de       ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres santos, del reino       de los cielos, para siempre.              Además, todos han de ser libres, eternamente y para siempre, de todas las       tinieblas eternas, de Lucifer y de sus ángeles caídos, delante de Dios y de       su Espíritu Santo, para no volver a conocer jamás ninguna tiniebla, de       ninguno de ellos, para miles de siglos venideros, en el más allá. Sólo han       de conocer por siempre, de su amor y de su verdad infinita, únicamente       manifestada, en cada uno de nosotros, por la fe, la cual solo es posible en       creer en nuestros corazones y de confesar con nuestros labios, de que "el       Señor Jesucristo es el SEÑOR".              Y esto ha de ser una confesión celestial y divina para gloria y para honra       eterna, de nuestro Padre Celestial en su trono santo, en el reino de los       cielos, desde ahora mismo, en esta vida y para siempre en la nueva       eternidad venidera, del más allá del nuevo reino de Dios, en los cielos.       Por eso, todos los que han creído en su Dios y en la vida de Jesucristo,       entonces han recibido, sin duda alguna, en sus corazones y en sus espíritus       humanos, poderes celestiales, de los lugares altos del reino de los cielos,       para que actúen en sus vidas, mientras vivan en la tierra, siempre fieles a       Él y a su nombre.              Y estos poderes de Dios son para cada uno de nosotros, en esta misma hora y       por siempre, poderes sobrenaturales que actúan en nuestras vidas,       protegiéndonos de todos los males eternos del pecado y de Lucifer, en la       tierra y en el más allá, también, como en el paraíso, por ejemplo. Es por       eso, que todo ministro de Dios tiene la protección de Dios y de su       Espíritu, para hablar libremente siempre de su palabra y de su nombre       santo, a aquellos que aun permanecen perdidos y confundidos entre las       profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, en toda la tierra       de nuestros tiempos y de siempre, por ejemplo.              Por esta razón, nuestro salvador Jesucristo descendió del paraíso, para       redimir no sólo a Adán de sus males eternos, sino también a cada uno de sus       descendientes, de todas las familias, naciones, pueblos, linajes, tribus y       reinos de toda la tierra, de la antigüedad y de nuestros tiempos, también.       Porque nuestro Jesucristo no fue entregado por nadie a los pecadores, sino       que él mismo, de su propia voluntad santa y perfecta, entonces se entrego a       sí mismo para cumplir no sólo la Ley, sino "toda su verdad y toda su       justicia" necesaria, en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la       humanidad entera, complaciendo así a Dios para siempre.              Para que entonces el poder de la Ley ya no le culpe de pecado, sino que le       dé vida y vida en abundancia, en esta vida y en la venidera, también, en el       más allá, en la nueva ciudad celestial del gran rey Mesías, en el nuevo              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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