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|    Valarezo to All    |
|    =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_EL_CONSOL    |
|    25 Nov 08 08:26:16    |
      91bbcb23       From: valarezo1212@aol.com              Sábado, 22 de noviembre, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,       Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica              (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                     EL CONSOLADOR, EL ESPÍRITU DE VERDAD, VIENE A TI FIEL CADA DÍA:              Y yo mismo le rogaré al Padre celestial, para que les dé otro       Consolador, para que esté con todos ustedes en la tierra y así también       para siempre en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial, les       aseguraba nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos que haría por       ellos y los suyos cuando regresase al reino de los cielos. Porque es       necesario que todos sean llenos del Espíritu de Dios en toda la       tierra, como en el comienzo de las cosas en el reino de Dios y de sus       ángeles santísimos. Éste es el Espíritu de verdad, a quien el mundo no       puede recibir, como las religiones falsas, por ejemplo, porque no lo       ve ni lo puede conocer jamás, a no ser que vuelvan a nacer no del       espíritu de Adán y Eva en la tierra, sino únicamente del Espíritu       Santo de nuestro Padre celestial y en el paraíso.              Pero ustedes mismos lo conocerán, porque permanece con ustedes y está       en ustedes en sus corazones ya, por cuanto han creído en la verdad de       su Hijo amado, el Hijo de David, para cumplir con toda verdad y con       toda justicia del Espíritu de Los Diez Mandamientos eterno del cielo y       de la humanidad entera. Porque el creer en el Espíritu del Hijo de       Dios es realmente creer en el Padre celestial, fundador del cielo y de       la tierra, para perdón de pecados y para sanidad y para salvación       infinita de sus almas vivientes, en esta vida y en la venidera       también, eternamente y para siempre.              Además, éste Consolador de sus corazones y de sus almas infinitas       estará en ustedes y para obrar siempre a favor de cada uno de todos       ustedes, de acuerdo a la voluntad santa de nuestro Padre celestial,       para que todo se haga siempre para bien de sus vidas y para gloria y       para honra de su nombre muy santo. Es por eso que todo aquel que cree       en Jesucristo y lo confiesa con sus labios delante de Dios, entonces       vuelve a nacer en el paraíso, así como Adán y Eva nacieron en el       paraíso, por ejemplo, pero esta vez llenos del Espíritu de verdad; así       es, el que cree en Jesucristo nace hoy nuevamente en el paraíso, lleno       del Consolador.              Ya que, nuestro Padre celestial busca día y noche de la gloria       infinita de su Hijo amado, en el corazón de cada uno de todos los       hijos e hijas de los hombres de toda la tierra, para que entonces Él       sea grandemente glorificado en sus vidas y en los cielos también y       para siempre delante de sus ángeles gloriosos. Es por eso que el       Espíritu Santo de nuestro Padre celestial regresa a ti fiel cada día,       gracias al Señor Jesucristo, el cual te ha vuelto a dar vida santa y       eterna, para que vuelvas a vivir no sólo en la tierra sino en el       paraíso o en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por       ejemplo.              Y ésta gloria nadie se la podrá quitar a nuestro Padre celestial, de       nosotros volver a nacer en el paraíso, porque sólo le pertenece a su       corazón santo y a su alma sumamente gloriosa, desde el paraíso y para       siempre en toda la tierra y en toda su nueva creación venidera de       ángeles y de la humanidad eterna de naciones también. Además, este es       el Espíritu Santo de Dios, el cual jamás se apartara de sus vidas,       porque es el Espíritu de verdad de la vida santa y sumamente gloriosa       de su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna, el cual vive ya en cada       uno de ustedes, como debió ser así en el comienzo de las cosas en el       paraíso.              Entonces el Espíritu de Dios estará en ustedes tan santo y glorioso,       como siempre lo ha estado en los corazones y en las vidas celestes de       los ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seré santísimos       del cielo, porque la sangre misma del Señor Jesucristo también lo       protege cada día de toda contaminación de pecado del hombre de toda la       tierra. Verdaderamente, la sangre del Hijo de David, nuestro Señor       Jesucristo, es lo más santo que hay en el cielo con los ángeles y en       la tierra igual para con Israel y la humanidad entera, por lo cual el       Espíritu de Dios puede descender del cielo, de sus lugares santísimos,       para habitar con el hombre y dentro del hombre también, sin       dificultad.              En realidad, ésta es la gloria que nuestro Padre celestial les       prometió inicialmente a Abraham, Isaac e Israel para bendición       infinita y sumamente gloriosa de cada hombre, mujer, niño y niña de       las familias de las naciones del mundo entero, para que puedan así ser       llenos cada día del Espíritu de verdad, ¡el Consolador! Porque éste       Espíritu de Dios sólo puede venir y entrar en la vida del hombre,       comenzando con Israel, primeramente, si el espíritu de la sangre de su       corazón y de sus venas es el mismo Espíritu de la sangre santísima del       Árbol de la vida, para vivir en perfecta santidad en el cielo y en la       tierra, ¡nuestro Señor Jesucristo!              Es decir, que si el Espíritu de la sangre bendita del pacto eterno       entre nuestro Padre celestial y el hombre del mundo entero está en sus       corazones, pues entonces el Espíritu de Dios, el cual es el       Consolador, ya no podrá temerle más mancharse o contaminarse con sus       pecados/mentiras de siempre, porque la misma santidad de la sangre lo       protege grandemente. Y esto es poder de nuestro Padre celestial en la       vida del hombre, así como siempre lo ha sido en la vida de cada uno de       sus ángeles fieles en el cielo, por ejemplo, desde la antigüedad y       hasta para aún más allá de la nueva vida eterna de La Nueva Jerusalén       Santa y Gloriosa del cielo, por ejemplo.              Porque la verdad es que así como la sangre de Jesucristo protege al       hombre y a la mujer de todos sus pecados para no ser afectados o       destruidos por ellos, así pues también protege al Espíritu de verdad       de nuestro Padre celestial y de sus huestes angelicales en la tierra y       en el cielo también, para siempre. Ciertamente que hay muchos poderes       sobrenaturales para cada uno de todos nosotros, en nuestros millares,       de todas las familias de las naciones de la tierra, y sólo en la       sangre bendita del Señor Jesucristo, como abundancias de vida, salud,       protección, milagros, maravillas, prodigios y muchas y más ricas       bendiciones de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo,       ¡nuestro Consolador celestial!              Es por eso que es importante que el hombre, la mujer, el niño y la       niña de todas las familias del mundo reciban el Espíritu bendito de la              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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