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|    Los niños agonizan sobre las vías del tr    |
|    08 Dec 09 07:47:46    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitialagordasinestortoo@gmail.com              Los niños agonizan sobre las vías del tren              Por Ulises Naranjo/MDZ              mdz11(APe).- Cuadro Nacional, San Rafael: donde antes hubo trenes llenos de       productos y personas, ahora hay un caserío arrojado sobre los rieles a la       buena de Dios. Cientos de niños y de perros, de hombres y mujeres de Mendoza       repitiendo un destino macabro, mientras los Dueños del Reino juegan a las       zancadillas. Entrá a esta nota y permitite mirarla: esta es la provincia que       supimos conseguir.              Pocas cosas más representativas de una provincia que se vino a pique que un       asentamiento de indigentes levantados sobre las vías del tren. La imagen es       particularmente poderosa porque resume dolores largos: la ausencia del       tren -y ya se dijo que un país sin trenes no es un país- y el crecimiento de       la indigencia, en este caso, en una villa donde sobran los niños, los perros       y el abandono institucional.              Estamos en Cuadro Nacional, distrito vecino de la villa cabecera de San       Rafael. En la estación de trenes, donde antes hubo locomotoras que       atravesaban el mundo cargadas de carbones, vinos, frutas, gentes y asuntos       por el estilo, ahora, hay una villa con señoras tristes que riegan un par de       tristes malvones y perros con garrapatas tristes y piecitas breves bajo el       sol del Tercer Milenio.              Bajo estos casi ilusorios hogares, hay rieles y durmientes y un par de       galpones en los que malviven carteles de bienvenida de otros tiempos.       Actualmente, el caserío alberga a más de mil personas, unas 160 familias,       quince años de historia, 700 niños, 500 perros y por lo menos una docena de       años de dejadez estatal. ¿Ayuda oficial? Ninguna.              La excusa, para los asentamientos en esta clase de terrenos, es la misma en       nuestro sur que en nuestra ciudad: los terrenos del ferrocarril son       nacionales, "entonces la Municipalidad de San Rafael y el Gobierno       Provincial dicen que no pueden hacer nada".              Hubo que ponerle un nombre al lugar y esta vez no primó el afán de eternidad       a través de algún nombre asociado con alcurnias, prosapias o victorias: le       pusieron Barrio Nuevo, así, cortito. Vamos a conocerlo.              "Mire la villa, mírela"              Ni bien atravesamos el umbral del olvido, unos vagos se cruzan con una       amenaza que oculta un chiste. "Cuidado con la villa, se pone peligrosa",       larga uno. "¿Y hay laburito pa' los vagos?", dice otro. Rápidamente, llegan       las risas y terminan por quedar descolocados cuando ven que, en realidad,       vamos a hablar con sus madres, ese objeto divino dentro de la cosmogonía del       pobre.              En las villas, ellas son las que saben cómo funciona el asunto que no       funciona. Las madres, ustedes saben, siempre son las que todo lo saben y por       todos velan. Y si algún progreso se logra, es porque hay madres detrás y       esto es así, indefectiblemente, en cada rincón del mundo.              Vamos a la primera casa: es otra mañana en la villa y el sol pega en las       latas, mientras la señora Estela intenta reunir un litro de un hilito de       agua que sale de su canilla. ¿Por qué todo tiene que ser siempre así de       difícil? ¿No debiera uno tener agua ni bien abre el surtidor? Uno imaginaría       que semejante situación puede atacarla al abrir la heladera, pero es posible       que ni heladera, mire, vea.              El problema aquí, no empezó con el asentamiento, sino que, según los       vecinos, tendió a solucionarse, porque antes los galpones "eran aguantaderos       de delincuentes".              "Hace como cinco que nos prometieron el barrio, pero nos piden tener el       terreno comprado para hacer las casas y después pagar cuotas por lotes y por       casas y se hace difícil para nosotros", dice ella, al pie de surtidor y ya       llega otra vecina.              "Acá la Municipalidad de San Rafael no entra. Dicen que no pueden entrar a       este terreno y con esa excusa no hacen nada. Con Edemsa nos pasa lo mismo,       para poder darnos luz nos piden un comodato para poder poner una pilastra en       cada casa. Mientras tanto, estamos todos colgados y por ahí nos amenazan con       que van a pasar la topadora", escuchamos y el hilito de agua sigue cayendo y       el litro parece que jamás va a completarse.              No hace mucho, la Policía de Mendoza les pidió a los vecinos que hicieran       una calle que atravesara la villa como una cicatriz atraviesa el antebrazo       de un preso. Lo hicieron: pusieron diez manguitos por familia, contrataron       una máquina e hicieron la calle, con la intención de que fuera transitada       por la Policía, porque el afán de seguridad, al fin y al cabo, no es sólo       apetito de los que tienen.              Le pusieron nombre a la calle: "Unión Obrera". Y ahora entonces vale       recordar que Borges ha escrito que el nombre es arquetipo de la cosa.              "Venga, joven", llama una vieja que se enteró. "Mire la villa, mírela", y la       villa es mirada. "Fíjese una cosita: está más limpia esta villa que la       Ciudad de San Rafael y que el Cuadro Nacional", larga. "Y le digo otra cosa:       hay cero delincuencia en el barrio", termina. Tiene razón la vieja, que       sonríe satisfecha, más allá de las ausencias que, en silencio, pronuncia su       boca.              "Me los traje a vivir con nosotros"                     Los primeros vecinos que llegaron se fueron de una a vivir a los galpones:       no era muy agradable en invierno, pero tampoco en verano. Corría la segunda       mitad de los '90 y el menemismo había hecho ya tanto daño que se lo podía       respirar por las calles.              Entre los primeros habitantes que fueron a los galpones, estaba doña Luisa       Montoya. Tiene 49, pero parece de diez más. Con el tiempo, a Luisa y su       marido les ha ido bien; tanto que dejaron el galpón y se hicieron un       ranchito con patio a 200 metros. Tan bien les ha ido, que tenían una piecita       vacía ahí atrás y se la dieron a una señora con cuatro hijos, una señora que       hace unos días que no está, porque ha ido a parir al Schestakow, y sus       cuatro hijos se levantan a la mañana como se acostaron a la noche y así       andan por ahí.              "No tenían donde ir y me los traje a vivir con nosotros", dice doña Luisa       con toda naturalidad, como si fuera normal, como si los mendocinos       tuviéramos como costumbre ser solidarios y cosas por el estilo.              Hay un dato más: doña Luisa se puso un almacén y, ya saben ustedes, los       vecinos vienen a pedirle fiado. Y no le pagan la cuenta. "Pero no ponga       nada, porque no está declarado", se excusa como si, efectivamente a alguien       le preocupara lo que ocurre o deja de ocurrir en este caserío de largas       miserias, que a esta altura ya ni propietario de las tierras exhibe.              Doña Luisa es tajante: "¿Qué se puede esperar de gobernadores e intendentes?       Este barrio es de gente trabajadora: hay albañiles, gente que trabaja              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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