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|    La conjura de Cleto (1/2)    |
|    15 Jan 10 23:49:25    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitiagorda@gomail.com.ar              La conjura de Cleto              Cobos alimentó la crisis del Banco Central para cimentar su carrera al 2011.       Las coincidencias con Redrado, el Grupo Clarín y la jueza Sarmiento. Cómo       funciona la política buitre.              Por Adrián Murano              En alemán se lo denominó Schadenfreude. La palabra, acuñada a mediados del       siglo XIX, designa el sentimiento de felicidad por el sufrimiento o la       infelicidad del otro. Aunque Freud no la incluye en su listado de       perversiones, Schopenhauer sostenía que esa "emoción diabólica era una señal       infalible de un corazón perverso". Nietzsche discrepaba: "Mejor que observar       un sufrimiento es causarlo". A medio camino entre ambos, Gore Vidal tradujo       la Schadenfreude en clave sociopolítica: "No basta con tener éxito. También       es preciso que los otros fracasen".              En la Argentina de estos días la Schadenfreude es ley. Un coro cerrado de       opositores, economistas ortodoxos y prensa canalla celebró el fallo del juez       estadounidense Thomas Griesa que embargó 1,7 millones de dólares de una       cuenta del Banco Central.              La Schadenfreude en versión local tiene componentes masoquistas: como       ocurrió en el '55, en el '62, en el '66, en el '76, en el '89 y en el 2001,       una inusitada porción de argentinos se regocija con las complicaciones de un       gobierno democrático, goza de sus tropiezos, como si permaneciera al margen       de las consecuencias. La historia reciente demuestra lo contrario: cada       crisis institucional derivó en penurias para las mayorías que la apañaron.       Sólo una minoría privilegiada de dirigentes oportunistas, financistas       buitres y empresarios voraces se benefició de los cataclismos económicos y       políticos que asolaron al país. Frente a un gobierno herido de respaldo       popular tras la derrota electoral, esa minoría ya eligió el nuevo rostro de       su conjura: el de Julio César Cleto Cobos.              El vicepresidente pasó un diciembre agitado. Su despacho, teléfono y auto       oficial -beneficios de su cargo- estuvieron a disposición de un raid que       incluyó una docena de contactos reservados con lo más variado de la escena       política doméstica. La agenda incluyó al presidente de la Corte Suprema de       Justicia, Ricardo Lorenzetti; el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, y el       entonces presidente del Banco Central, Martín Redrado. Con todos ellos       compartió su deseo: "Voy a ser candidato en el 2011". Y una preocupación:       cómo hacer para que los Kirchner no lleguen en buena forma a esa fecha.              El vicepresidente sabe que, por imperio de las encuestas, su candidatura       contará con el aval de su partido de cuna, la UCR. Con la estructura radical       jugando a su favor, Cobos descuenta que resultará vencedor en una eventual       interna abierta frente a Elisa Carrió o Hermes Binner, los otros       presidenciables del Acuerdo Cívico y Social. En ese sentido, el principal       escollo es el recelo de "lilitos" y socialistas a participar de una compulsa       con el vice. Pero el mendocino confía en que los buenos oficios de su       comprovinciano y titular de la UCR, Ernesto Sanz, logrará mantener al       Acuerdo unido. O al menos evitará que la dispersión dinamite sus       pretensiones.              Superado ese escollo, el siguiente problema de Cobos son los dos años que       quedan de gestión K. El vicepresidente teme que una mejora de los       indicadores económicos refresque la alicaída imagen de Cristina Fernández y       la coloque en la pole de la puja electoral. Tiene motivos para afligirse:       todos los economistas, a izquierda y derecha, reconocen que, superada la       crisis global, el 2010 se presenta venturoso para la Argentina. Los cálculos       más conservadores estipulan un crecimiento del 4,5 por ciento, traccionado       por la demanda exterior de granos, el repunte en el consumo y un incremento       en la producción de bienes. El talón de Aquiles de la recuperación: para       sortear la crisis, en 2009 el Gobierno exprimió los recursos fiscales para       sostener la demanda interna en base a inversión en infraestructura,       subsidios y programas sociales como Argentina Trabaja y la asignación por       hijo.              Para capear eventuales problemas de caja, el Gobierno se propuso iniciar el       año provocando un shock de confianza que lo reinsertara en el mercado de       capitales. La crisis global propició la oportunidad: la emisión de dólares       en EE.UU. y la necesidad de colocarlos en plaza provocó una abrupta caída en       las tasas de interés que se tradujo en ofertas de créditos baratos. Para la       Argentina, que en los últimos años debió endeudarse a tasas de entre el 15 y       el 20 por ciento como consecuencia del default, el acceso a tasas más       accesibles implicaba un ahorro futuro en el pago de intereses y la       posibilidad de ordenar el perfil financiero del país.              Pero antes debía solucionar el asunto pendiente del default. Para eso creó       el Fondo del Bicentenario, con la declarada intención de disponer de 6.500       millones de dólares de reservas extraordinarias para pagar vencimientos y       amortizar deuda, además de lanzar un canje que resolviera los litigios con       los holdouts -los bonistas que retuvieron bonos declarados en default-.              El anuncio provocó euforia en los mercados. Los bonos argentinos treparon       hasta un cuarenta por ciento y el riesgo país -un índice creado por JP       Morgan que se usa como referencia para aplicar sobretasas en los préstamos-       se derrumbó. Mientras en el Ministerio de Economía festejaban el éxito del       canje por anticipado, en el despacho senatorial de Cobos reinaba la       inquietud. "No hay que dejar que se levanten, porque nos van a aplastar",       repetía el inquilino, ante la mirada sombría de sus laderos. Hasta que uno       de ellos recordó una conversación de pasillo y comentó al pasar: "Escuché       que Redrado no está de acuerdo con el fondo. En una de esas nos da una       mano...". El diablo de la política, voraz y carroñero, había metido la cola.              El intelectual estadounidense Noam Chomsky sostiene que las teorías       conspirativas son opuestas al "Análisis Institucional", el cual se enfoca en       estudiar el comportamiento público a largo plazo de instituciones conocidas       públicamente. Según el planteo de Chomsky, las conspiraciones no       necesariamente se acunan en coaliciones secretas, sino que pueden ser       ejecutadas por personas que no poseen contactos entre sí pero que, por       distintos motivos, confluyen en el mismo interés común. Basta con que uno       solo de ellos conduzca esa confluencia.              La definición encaja con la descripción que, el martes 12, realizó la       presidenta Cristina Fernández al ubicar a Cobos, Redrado, la jueza María       José Sarmiento, al Grupo Clarín, a los holdouts y a un sector de la       oposición como arietes de una "conspiración". Ante la falta de evidencias,       resultará difícil que el Gobierno pueda establecer lazos concretos entre              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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