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|    La Argentina masoca    |
|    27 Jan 10 12:30:29    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitiagorda@gomail.com.ar              La Argentina masoca              Festejamos cuando nos va mal              Sociólogos, historiadores y psicólogos explican la fascinación local por el       fracaso. Individualismo, globalización y eterna adolescencia.              Por Luz Laici              La frase volvió a escucharse en las últimas semanas. "Ojalá se vaya esta       yegua." No hace falta especificar demasiado: el uso ofensivo del animal       refiere a la presidenta Cristina Fernández. El disparador esta vez fue el       conflicto entre el gobierno y el presidente del Banco Central, Martín       Redrado, fogoneado por una oposición política y ciertos sectores de la       sociedad que parecieran regodearse con el camino al fracaso. Para (casi)       todos.              Ya pasó tiempo atrás: la mayoría de los argentinos festejó el bombardeo del       '55, acompañó el golpe del '76 con gritos de gol incluidos, entregó oro y       comida porque "las Malvinas son argentinas", aplaudió la presión económica       que llevó a la entrega anticipada del gobierno de Raúl Alfonsín, festejó las       privatizaciones de Carlos Menem, marchó en diciembre de 2001 hacia Plaza de       Mayo y caceroleó en Barrio Norte por la pobre Sociedad Rural. ¿Casualidad o       puro masoquismo local?              "Golpe blando", sentencia el teólogo Rubén Dri. Y explica: "Como lo       describió el politólogo norteamericano Gene Sharpe, esos procesos       destituyentes se caracterizan por la deslegitimación, el calentamiento de la       calle, las fracturas políticas. La defensa de las instituciones y su calidad       constituyen muletillas de quienes no pierden oportunidad, porque toda       ocasión es buena para un brindis, para desgastar al gobierno y su capacidad       de llevar adelante la gestión para la que fue elegido. En ese caso, se       apuesta al conflicto respondiendo a los intereses personales y no a los       colectivos. Hoy en día, (Julio) Cobos y Redrado son los exponentes máximos       de quienes hacen de la traición y la hipocresía una virtud. Como lo       insinuaron Grondona y Biolcati en amigable conversación, Cobos está allí       esperando que la manzana le caiga en las manos, mientras la oposición sacude       el manzano con todas sus fuerzas".              Ni siquiera en tiempos como el 2010 que, en la mayoría de las previsiones,       se avizoraba con recuperación económica, superávit fiscal y comercial y       redistribución del ingreso con la asignación universal por hijo a la cabeza,       los argentinos nos entregamos al disfrute de las buenas perspectivas. Una       idiosincracia que, para el historiador Pacho O'Donnell, tiene su raíz       histórica en "la base del dilema sarmientito, de civilización o barbarie,       donde la civilización era el ideal europeo y la barbarie, las provincias,       los gauchos, los federales, los caudillos, las tradiciones criollas, lo       propio. Esa cuestión, el construirnos al revés, hace que sintamos lo ajeno       como mejor de lo propio y nos autodenigremos".              El psicoanalista Enrique Carpintero, en cambio, lo ilustra de otro modo:       "Sin ir tan lejos en el tiempo, en los '90 el afianzamiento de la       globalización capitalista generó una cultura basada en el individualismo que       no encontró alternativa de cambio. Es conocido el ego de los argentinos en       el mundo pero no debemos entender el fracaso de nuestra estabilidad como       sociedad sólo por cuestiones internas sino ante la complejidad de un mundo       globalizado. En griego, individualismo se llama idiocia, lo cual nos lleva a       que uno de los problemas sea la importancia que tuvo la subjetividad del       idiota al que sólo le interesa el mezquino interés privado. El idiota, hoy       en día, desconoce al otro y los valores de solidaridad, y eso hace que       amenace con llevar la catástrofe a todo el mundo. Es aquí donde encontramos       el fracaso de una cultura globalizada que no responde a nuestras necesidades       e intereses".              La historia de los países tiene sus particularidades. Y la nuestra no es la       excepción: crisis cíclicas, festejadas por amplios sectores sociales y un       alto grado de desacople en las consecuencias. ¿Ausencia de culpa o       autocrítica nula? "Abundante clase media", ironiza Dri. "Un abanico social       que, en general, no se hizo ni se hace cargo de sus actos -continúa-, porque       la culpa la tiene el otro, como canta Larralde."              "No bien el único proyecto de país se redujo a que nadie te joda, un       horizonte descomprometido y genocida se abrió paso en la sociedad argentina",       analiza el historiador Alejandro Horowicz. Y agrega: "El responsable final       de las conjuras es el gobierno nacional mientras todos buscan seguir siendo       indefinidamente adolescentes, carentes de la menor responsabilidad. El 2001       mitigó durante una fracción de segundo histórico esa pobrísima perspectiva,       pero no bien el 3 a 1 se estabilizó, cada cual volvió a sus asuntos. Con la       reaparición del conflicto social -la resolución 125 trajo a la superficie       los sedimentos más miserables y constitutivos de una sociedad que no repensó       nada- los temores revivieron movilizados por el nuevo horizonte de crisis. Y       una vez más quedó claro que los responsables de la dictadura terrorista no       eran sólo tres comandantes militares, sino la compacta mayoría que,       implícita o explícitamente, militó bajo las banderas del 'por algo será'".              Una elección, al menos, curiosa si se tiene en cuenta que la desdicha, lejos       de ser ajena, resulta compartida. Y deshilacha todo intento de integración       social. "Pero el establishment nunca reconoce las políticas que buscan       mejorar la situación social", comenta Jorge Elbaum, profesor de Sociología y       Comunicación Política. Y remata: "Aunque también implica un déficit político       y comunicacional de quienes buscan transformar la realidad, como sucedió en       los primeros años del kirchnerismo, porque entienden al pesimismo como una       'esencia', algo inserto en la sociedad. Y esto no es así: el sabotaje       político es simplemente enarbolado por aquellos que perderían el tren de su       proyecto. Como sucede con el neoliberalismo y los conservadores hoy, que       sienten que está en juego su propia supervivencia futura y cuando se trata       de proyectos en conflicto, el fracaso del otro suele verse como triunfo       propio".              Y eso que estamos en el año del Bicentenario. ¿Habremos madurado?              Veintitres              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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