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|    Deuda pública externa y Censo de Acreedo    |
|    04 Feb 10 00:06:32    |
      XPost: soc.culture.argentina, soc.culture.uruguay       From: mitiagorda@gomail.com.ar              Deuda pública externa y Censo de Acreedores              (AW) En la tónica del anonimato, para no identificar negocios non sanctos,       los acreedores del Estado devinieron invisibles, básicamente durante el Plan       Brady de 1992 y a través de Títulos Públicos. Una suerte de oleada de nueva       deuda luego de la primera y siniestra gran ola de endeudamiento durante la       dictadura cívico-militar genocida. Y siguió el baile con el gobierno de       Néstor Kirchner y así sucesivamente hasta que hoy, en esta nota de uno de       los más importantes referentes sobre el estudio e investigación de la deuda       pública externa, queda expuesta la necesidad y urgencia de un Censo de       Acreedores. Sería una punta muy importante para iniciar el desarme.              Por Héctor Luis Giuliano              En el marco de la tradicional complicidad que existe entre los gobiernos de       turno y los acreedores financieros del Estado junto con sus permanentes       bancos intermediarios, la Administración Kirchner pugna actualmente por       cerrar en forma acelerada y secreta un acuerdo con los bonistas que no       entraron en el Megacanje Kirchner-Lavagna del 2005 (los Holdouts) sin       identificar, entre otras cosas, una información clave en estas       negociaciones: a quiénes les debe hoy la Argentina.       La esencia del Plan Brady de 1992 fue pasar la Deuda Externa del Estado,       arrastrada desde el Proceso con una serie fuertemente concentrada de Bancos       Acreedores, a Deuda "anónima" expresada en Títulos Públicos.       Lograda esta maniobra básica, la servidumbre al Sistema de la Deuda Perpetua       venía consolidada por añadidura porque el argumento acordado de ahí en más       entre los verdaderos acreedores y los gobiernos que rotasen en el poder       formal del país iba a ser que las nuevas Administraciones no podían       identificar a los tenedores de bonos. Este replanteo fundamental de la       relación del Estado con su Deuda Pública - precedida por el Acuerdo de Nueva       York de 1985, en que el gobierno Alfonsín emitió Bonods y Promissory Notes       en respaldo de las acreencias nominativas de los grandes bancos y       acreedores - fue consolidado después con la transformación de la Deuda       Externa en Bonos Brady durante 1992-1993 y constituyó el hito principal en       la nueva etapa de endeudamiento público de la Década del ´90: la Ola de       Deuda Nueva, después de la Primera gran Ola de "Deuda Vieja" durante la       Administración del Proceso Militar de 1976-1983.       Los Bonos Brady fueron luego canjeados en su mayoría por nuevos títulos a       través de la operación cuasi-delictiva del Megacanje De la Rúa-Cavallo del       2001, pactada con una serie de grandes bancos bajo la coordinación del       Credit Suisse-First Boston, dirigido por David Mulford (el mismo que, como       Subsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, había intervenido en la       gestación del Plan Brady y que, junto con el titular del Comité de Bancos       Acreedores, William Rhodes, recibiera las máximas condecoraciones del Estado       Argentino por parte del Gobierno Menem).       Cuando el Gobierno Kirchner acordó su Megacanje de Junio de 2005 no sólo       reconoció y absorbió entonces la mayor parte de los títulos originados en el       negociado del Megacanje anterior del 2001 (pese a que esa operación está       siendo investigada por la Justicia Federal) sino que cedió además en un       punto clave que fue boicoteado por los Acreedores: la identificación de los       tenedores de bonos.       Esto configuró una actitud tan importante como insólita: los Acreedores - al       contrario de lo que ocurre, por lógica, en todo Concurso Privado - se       negaron a identificarse; y la Administración Kirchner lo terminó aceptando       así.       Es que el anonimato en las grandes renegociaciones de la Deuda es       consustancial al mecanismo de la Deuda como Instrumento de Dominio.       Es una de las piezas-clave a través de la que los gobiernos de turno aceptan       la sumisión al poder de la Banca Acreedora y los Fondos de Inversión que       actúan mimetizados a través de la pantalla de ser representantes de bonistas       anónimos.       Ésta es, repetimos, una de las piezas esenciales dentro de las negociaciones       secretas de todas las reestructuraciones de Deuda; y los gobiernos de turno       son, en este punto, cómplices de los Acreedores en contra del Interés       Nacional.       No existe justificación alguna para que estos acreedores sigan siendo       titulares no identificados: si la Administración de Gobierno actuara con la       mínima transparencia y honestidad lo primero que debe hacer es exigir la       identificación de todos los acreedores no sólo involucrados en la presente       refinanciación sino la de todo acreedor del Estado en general.       Hoy en día no existe excusa válida para rehusar la constitución de un Banco       de Datos que contenga los registros de todos y cada uno de los Acreedores       del Estado, empezando por aquéllos que se presenten hoy al Canje de los       Holdouts.       Este mecanismo sería simple y directo: a cada tenedor de Bonos se le       debieran pedir básicamente cinco tipos de datos: 1. Su identificación       personal (que en caso de ser persona jurídica debiera identificar además los       titulares personalizados de la firma), 2. El lógico detalle de los títulos       de Deuda Argentina en su poder, 3. La fecha y operación de compra de esos       títulos, 4. A quién se los compró (esto es, la identificación del Vendedor),       y - punto clave - 5. A qué Precio los pagó en su momento, ya que este último       dato es fundamental a los efectos de cuantificar el resarcimiento monetario       pertinente, si es que se tratase de una Deuda Legítima; porque en principio,       el Estado, por fundadas razones de fuerza mayor - incapacidad de repago - no       estaría obligado a rescatar dichos títulos a mayor valor que el precio       abonado por el acreedor.       Jactarse el Gobierno, el día de mañana, de haber "conseguido" una quita del       40, 50 ó 60 % sobre títulos que los acreedores especulativos anónimos       compraron al 30, 20 o menos por ciento de su valor es, en principio, una       burla a la Opinión Pública; y convalida un negociado de tales acreedores. Es       justamente lo que configura la ganancia típica de los Fondos Buitre.       La identificación de las operaciones de adquisición es importante no sólo       como dato sino también como fuente de información - nacional e       internacional - sobre eventuales operaciones de lavado de dinero. Y ésta es       una de las razones por las que los Acreedores tratan siempre de evitarla       escondiendo así sus operaciones de triangulación financiera.       Este sólo proceder estatal - si existiera la mínima voluntad de confrontar y       no convivir con el problema de la Deuda - constituiría un giro copernicano       frente a todos los falsos planteos gubernamentales que se sostienen en       complicidad con los acreedores y sus intermediarios financieros.              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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