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|    De torturador a profesor    |
|    13 Feb 10 09:40:35    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitiagorda@gomail.com.ar              De torturador a profesor              "Su nombre de guerra era Toro, pertenecía a uno de los grupos de tareas más       temidos", contó hace años el ex sargento Víctor Ibáñez. El capitán se había       reciclado como docente de la Universidad Católica de Salta. Quedó detenido       en Marcos Paz.              Por Diego Martínez              Hace treinta años, como capitán del Ejército, Martín Rodríguez interrogaba a       secuestrados en Campo de Mayo. Tras el retiro se recibió de licenciado en       Ciencia Política en la Universidad Kennedy y se radicó en Salta. Fue       entrenador de rugby del Jockey Club y dirigió la carrera de Relaciones       Internacionales en la Universidad Católica, que encabeza el arzobispo Mario       Antonio Cargnello. Una investigación de Pablo Llonto, abogado de los hijos       del ex diputado Diego Muniz Barreto, permitió identificarlo. Ayer, con 63       años y media vida impune, se presentó bolsito en mano en el juzgado de San       Martín, a cargo de Juan Manuel Yalj. Dos horas después salió con esposas,       que mostró con odio ante el fotógrafo de Página/12, y ya pasó su primera       noche en el penal de Marcos Paz.              "Su nombre de guerra era Toro, pertenecía a uno de los grupos de tareas más       temidos", contó el ex sargento Víctor Ibáñez años atrás. "Terminó procesado       por un asunto de robos de autos. Entre sesión y sesión de tortura les hacía       firmar a los prisioneros un formulario de transferencia para quedarse con       los vehículos", recordó el ex guardia de El Campito.              La segunda pieza la aportó Juan José Fernández, secuestrado junto a Muniz       Barreto en febrero de 1977. Ambos pasaron por las manos de Luis Patti y       luego fueron trasladados a El Campito. El 6 de marzo, adormecidos, fueron       arrojados al fondo de un arroyo en el interior de un Fiat 128. Fernández       sobrevivió y, antes de exiliarse, declaró ante un escribano. Dejó constancia       de un diálogo telefónico que escuchó en cautiverio:              -Habla el capitán Rodríguez, comuníqueme con el coronel Sambrano -grabó en       su mente.              Luego el capitán transmitió información arrancada bajo torturas. Con esos       datos, Llonto preguntó al Ejército cuántos capitanes Rodríguez había en       Campo de Mayo en 1977. Respuesta: uno. Citado a declarar, Ibáñez no dudó al       ver la foto del represor. "Era el más salvaje", agregó.              Ayer a las once, con barba crecida, remera y saco gris, Rodríguez se       presentó ante el juez. Ante la ausencia del fiscal Jorge Sica, declaró sólo       ante Yalj y su secretario. Tres horas después salió esposado. "No vas a       tener perdón", le gritó Juana Muniz Barreto, que perdió a su padre cuando       tenía quince años. Rodríguez se subió al patrullero y, a diferencia de Luis       Patti, que se cubría las esposas, mostró las suyas para la foto.              "El corazón me latía fuerte -contó luego Juana-. Ahora siento paz: la       satisfacción de haber logrado algo por lo que venimos batallando hace       tiempo, la tranquilidad de saber que ya no está entre nosotros como un       profesor respetable. Siento haber cumplido con mi deber de hija. Pensé todo       el tiempo en mi papá, en lo feliz y agradecida de haberlo tenido quince       años, en el orgullo que siento por su valentía, y estoy segura de que él       estaría orgulloso de su hija", confesó. "También pensé en mis hijos: éste es       el mejor legado que puedo dejarles", concluyó. Llonto se mostró satisfecho       "porque en un mes, después de años de investigación, cayeron dos de los       torturadores más salvajes de Campo de Mayo". El otro es Carlos Somoza, alias       Gordo, ex interrogador del Batallón 601.              Rodríguez nació el 14 de marzo de 1946 en Posadas, Misiones. Cuando se       produjo el golpe de Estado era teniente primero. En diciembre de 1976       ascendió a capitán, grado que anteponía a su apellido y que permitió       identificarlo. En 1976 y 1977 alternó destinos entre la Escuela de Servicios       General Lemos y el Comando de Institutos Militares. Sus calificaciones a       fines de 1977 demuestran que tenía un óptimo concepto por parte de sus       superiores. "Un brillante oficial que prestigia al instituto", escribió el       coronel Eugenio Guañabens Perelló, que ahora afronta su primer juicio por       crímenes de lesa humanidad.              El decano de la Facultad de Derecho de la UCA salteña, Armando Isasmendi, se       enteró de la detención por Página/12 y dijo ignorar la citación judicial.       "Sabíamos que estaba por declarar y estábamos a la expectativa de ver qué       sucedía", admitió segundos después Martín Andrés Rodríguez, homónimo y       director de la carrera de Relaciones Internacionales.              -¿Lo sorprende la noticia?              -Y... sí, uno sabe que son militares de esa época, pero dice "son        profesores", mejor no meterse en esos temas.              -¿Muchos militares como profesores?              -Sí, la UCA tiene relación con Ejército y Gendarmería. También por el perfil       de las materias: geopolítica, estrategia.              Un ex alumno consultado por Página/12 recordó a Rodríguez como "una persona       querida, muy correcto". "No era un defensor de los derechos humanos pero       tenía posiciones racionales -recordó-. Muchas veces comentaba cosas de la       dictadura pero nunca hablaba de su propio rol. Sólo decía que debía actuar       la Justicia."              Impune desde 1987              Luego de años burlando con éxito a las fuerzas de seguridad, la Policía       Federal detuvo ayer en Santa Teresita al ex agente penitenciario Néstor       Norberto Cendón, que tenía pedido de captura del juez Daniel Rafecas por       delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. Como suboficial de       inteligencia del Servicio Penitenciario Federal y con el alias "Néstor       Castro", Cendón actuó como guardia y como miembro de los grupos operativos       que actuaron en el centro clandestino La Ponderosa, más tarde Vesubio.       También formó parte del Grupo de Tareas 2 del Batallón de Inteligencia 601.       Un antecedente lo diferencia de la mayor parte de los represores: con el       retorno de la democracia, preso por delitos comunes, Cendón admitió su       participación en la represión ilegal y aportó información valiosa ante       distintos emisarios de la Conadep. Sus declaraciones permitieron confirmar       el paso de varios secuestrados por el centro de exterminio ubicado en la       Autopista Ricchieri y Puente 12, y también identificar a muchos de sus       pares, unir grados militares y apellidos con los apodos que recordaban los       sobrevivientes, dato no menor con vistas a su seguridad a cuatro días del       comienzo del primer juicio oral y público a un grupo de torturadores       encabezados por el coronel Pedro Durán Sáenz. Vivió impune desde 1987,       cuando se sancionó la ley de punto final, hasta ayer.              dmartinez@pagina12.com.ar              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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