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   RLunfa to All   
   Tilingos (1/3)   
   23 Feb 10 10:51:13   
   
   XPost: soc.culture.argentina, soc.culture.uruguay   
   From: mitiagorda@gomail.com.ar   
      
   Tilingos   
    Arturo Jauretche   
    (Revista Confirmado)   
   Junio 1966   
      
   CONFIRMADO me propuso este tema. Pensé entonces que era la oportunidad para   
   ofrecer una respuesta, entre las muchas que pueden articularse, a un   
   interrogante que plantea José Luis de Imaz en Los que mandan: "¿Por qué, no   
   obstante su peso económico, su rol en la modernización y haber sido   
   innovadores tecnológicos, los empresarios no pesan en la vida del país?".   
   O pesan al revés. Este es el caso de ciertos tipos de grupos económicos   
   capitalistas, adscriptos a la política de la Sociedad Rural, ya consolidados   
   dentro del viejo sistema agro-importador, que prefieren un mercado interno   
   pobre en condiciones de monopolio a un mercado en crecimiento en condiciones   
   de competencia, como los que apoyaron la política de contención del progreso   
   en las Juntas Reguladoras de la Década Infame. Sólo que éstos sí saben lo   
   que quieren.   
      
   Pero no voy a hablar de economía, sino del tema propuesto; de la forma en   
   que la tilinguería impone sus pautas y cómo ellas están perturbando el   
   desarrollo de la inteligencia nacional y sus impulsos creadores.   
   Y ésta es cosa de que debe tomar cuenta también el político militante, si es   
   que no sabe que el comité ha muerto definitivamente. Porque los estados de   
   opinión, entre los cuales tiene importancia fundamental el slogan que surge   
   de la cuestión de los status, pesan mucho más que una recluta que sólo vale   
   para las elecciones internas.   
   En el Espasa Calpe se lee tilingo: "Argentinismo: Insustancial, ligero, que   
   habla muchas tonterías". Segovia, en su "Diccionario de Argentinismo",   
   expresa: "Dícese de la persona simple y ligera que suele hablar muchas   
   tonterías".   
   Los paisanos, de un tipo así, dicen; "Hombre sin fundamento".   
   Don Hipólito -desde luego, Yrigoyen es el Hipólito por antonomasia- decía   
   "palangana". Supongo a esta expresión tradicional fundada en la poca cosa y   
   mucho ruido de la enlosada al caer retumbante.   
   Usted lo conoce al tilingo. Y si no lo conoce, ahí lo tiene al lado, en esta   
   mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con   
   portafolios.   
   Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio. Hubo la   
   etapa de la posguerra con los "ingenieri" italianos recién llegados que   
   escondían bajo el cuero -con una sugestión de planos y patentes de   
   invención- el sandwich de milanesa del almuerzo. Ahora es posible que el   
   portafolio contenga la cuarenta y cinco persuasiva, o la concluyente   
   tartamuda portátil.   
   Pero esos que están en la mesa de al lado sólo llevan allí sueños,   
   proyectos, hipotéticas transacciones. Andan a la búsqueda de enganchar algo,   
   intermediar en alguna operación cualquiera para ganar una comisión, y muchas   
   veces intermediando entre intermediarios. Generalmente se ayudan con el   
   teléfono de un amigo que tiene escritorio y al que han pedido permiso para   
   que les "dejen dicho". Ese teléfono, la mesa del café y el portafolio   
   constituyen su establecimiento comercial.   
   Mientras llega "el asunto", hablan de fútbol, de carreras, de política, de   
   economía.   
   Cuando tocan estos dos temas últimos, nunca faltará quien diga: "Lo que pasa   
   es que los obreros no producen". Ahí está el tilingo.   
   No se le ha ocurrido averiguar qué es lo que él produce y qué producen todos   
   ellos, puntas sueltas, mallas erradas en la enorme red de intermediación que   
   es Buenos Aires.   
   Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen,   
   que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería. En esto de   
   producir, tenemos muchos productores rurales por el estilo que creen que la   
   condición de productor la da la propiedad de una estancia, unos breeches y   
   unas botas de polo, que viven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay   
   que educar a los chicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días.   
   Productores rurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden   
   ser patrones o peones, pero no los que no intervienen en la producción sino   
   como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estos también   
   son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya no desde la   
   posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándose como "fuerza   
   viva" sobre la que descansa la economía del país.   
   Inevitablemente, éstos y otros representantes de la tilinguería son los que,   
   ante la menor dificultad, califican al país: "Este país de m...",   
   colocándose fuera del mismo a los efectos de la adjetivación. Y la verdad es   
   que el país lo único que tiene de eso son ellos: los tilingos.   
      
   El racismo es otra forma frecuente de la tilinguería.   
      
   La tilinguería racista no es de ahora y tiene la tradición histórica de todo   
   el liberalismo. Su padre más conocido es Sarmiento, y ese racismo está   
   contenido implícitamente en el pueril dilema de "civilización y barbarie".   
   Todo lo respetable es del Norte de Europa, y lo intolerable, español o   
   americano, mayormente si mestizo. De allí la imagen del mundo distribuido   
   por la enseñanza y todos los medios de formación de la inteligencia que han   
   manejado la superestructura cultural del país.   
   Recuerdo que cuando cayó Frondizi, uno de esos tilingos racistas me dijo, en   
   medio de su euforia:   
   -¡Por fin cayó el italiano!   
   Se quedó un poco perplejo cuando yo le contesté:   
   -¡Sí!, lo volteó Poggi.   
   Muchos estábamos enfrentados a Frondizi; pero es bueno que no nos confundan   
   con estos otros que al margen de la realidad argentina, tan italiana en el   
   presidente como en el general que lo volteó, sólo se guiaban por los   
   esquemas de su tilinguería.   
   Ernesto Sábato, con buen humor, pero tal vez respirando por la herida, ha   
   dicho en Sobre héroes y tumbas más o menos lo siguiente: "Más vale descender   
   de un chanchero de Bayona llamado Vignau, que de un profesor de filosofía   
   napolitano". La cita me chocó en mi trasfondo tilingo (fui a la misma   
   escuela y leí la misma literatura) porque tengo una abuela bearnesa también   
   Vignau, tal vez más que por lo de Bayona, por lo de chanchero (vuelvo a   
   recordar que fui a la misma escuela, etcétera).   
   La verdad que ni el presidente ni el general son italianos. Simplemente son   
   argentinos de esta Argentina real que los liberales apuraron cortando las   
   raíces.   
   Pero la idea liberal o sarmientina no era ésa. Ella tenía, y tiene, una   
   escala de valores raciales que se identifican por los apellidos cuando son   
   extranjeros. Arriba están los nórdicos -con escandinavos, anglosajones y   
   germánicos-; después siguen los franceses; y después los bearneses y los   
   vascos; más abajo los españoles y los italianos, y al último, muy lejos, los   
   turcos y los judíos. Cuando yo era chiquilín nunca oí nombrar a un   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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