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|    Basta de redistribuir, por favor    |
|    24 Feb 10 18:06:40    |
      XPost: soc.culture.argentina, soc.culture.uruguay       From: mitiagorda@gomail.com.ar              Basta de redistribuir, por favor              Por Oscar Taffetani              (APe).- "En el sistema neoliberal -leemos en Wikipedia- existe una pugna       ideológica respecto a si el mercado puede regularse solo y distribuir de       manera equilibrada la riqueza de un país o si deben intervenir agentes       externos a él, es decir, si el Estado debe dictar sus normas. Detrás de esta       discusión está la desigualdad social, que en ciertos países es un tema       sensible en la relación entre las élites y el resto de la población. El       neoliberalismo radical postulará que el Estado debe desentenderse totalmente       de la actividad empresarial y servir sólo como garante de estabilidad. El       socialismo renovado y sectores de centro forman parte de un neoliberalismo       más templado que promueve un Estado más preocupado de temas sociales, pero       sin abandonar la ideología del liberalismo contemporáneo".              Por lo visto, ni Wikipedia ha conseguido librarse de la inflación       lingüística, y el articulista nos habla de un "socialismo renovado" y un       "neoliberalismo más templado", dos engendros que hubieran puesto las barbas       de punta al autor de El Capital.              Sin embargo, la inflación lingüística arranca mucho antes. Wikipedia no       existía. El neoliberalismo no existía. Nos decía con humor Luis Franco,       pensador sin barba y con mucha libertad, que hablar de democracia cristiana,       por ejemplo, era una contradicción en los términos (ya que la democracia,       por definición, supone la ausencia de dogmas). ¿Y la justicia social? (otra       burrada, nos hubiera dicho aquel maestro, ya que toda justicia es social, o       no es justicia).              La digresión viene a cuento por las expresiones redistribución del ingreso y       redistribución de la riqueza, muy en boga por estos días. Son tan vacuas       esas frases que servirían tanto para definir la acción de Robin Hood (aquel       bandido que les quitaba a los ricos para darle a los pobres) como para       definir al Hood Robin argentino del siglo XXI (éste que les quita a los       pobres para darle -todavía más- a los ricos). Ambos, a su manera,       redistribuyen.              La injusticia como fenómeno climático              "Redistribución de la riqueza en la era K", titula irónico el diario Crítica       de la Argentina. "El INDEC admitió que, durante la gestión de Cristina, los       que más tienen ganan 28 veces más que el sector de menores ingresos".              Ocurre que, según los datos de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares),       hacia 2003, al asumir la presidencia Néstor Kirchner, el 10% más rico de la       población ganaba 54 veces más que el 10% más pobre. Cuatro años más tarde,       al asumir Cristina Kirchner, la desproporción se había reducido a 28 veces,       y seguía achicándose la brecha. Pero a partir del tercer trimestre de 2009,       esa tendencia se revirtió y la brecha volvió a crecer hasta 28,24 veces. En       la hermética nomenclatura del Gini (coeficiente creado para expresar el       nivel de desigualdad), la última medición de INDEC tendría una ratio de       0,457, que sería mayor (es decir "más injusta") que la de 0,450 alcanzada en       2008.              Admitimos nuestra total incredulidad y escepticismo sobre este juego de       índices y contraíndices sujetos a variables incesantes, relacionadas con la       forma de calcular o la forma de expresar los resultados (si se incluyen los       planes sociales o la Asignación Universal, por ejemplo, si se corre la línea       de pobreza un poco más abajo o un poco más arriba, y así).              Lo cierto es que el último aumento de los precios de los alimentos, los       servicios y las cosas elementales para la vida de las personas, acompañado       del congelamiento o rezago (con respecto a la inflación) de los ingresos de       los trabajadores, son la reedición de una vieja fórmula de ajuste       capitalista, cuyo único propósito es el mantenimiento de la renta y la       ganancia de los que más tienen, así como el empobrecimiento, hasta niveles       de esclavitud, de los que menos tienen.              Resulta impropio, entonces, hablar de la brecha económica y de la       distribución del ingreso, como si se tratara de un fenómeno climático.       Tantos milímetros de injusticia caídos en las últimas horas. Y resulta       impropio, asimismo -aunque siga figurando en algunos programas políticos y       sindicales- hablar de redistribución de la riqueza, como si el PBI fuera una       canasta de pan y el gobierno una especie de samaritano que tratará de que a       ninguno le falte (en el mejor de los casos) su ración.              No. Humildemente, no. Definitivamente, no. Volvamos al comienzo de esta       historia. Hablemos de la injusta apropiación, por unos, del valor creado por       el trabajo de otros. Hablemos de la injusticia -componente estructural del       capitalismo- y de la eterna lucha de la masa laboriosa (porque los       trabajadores desocupados son, antes que nada, trabajadores) por reconquistar       la riqueza de la que ha sido despojada y por cambiar (¡vaya utopía!) las       inhumanas reglas de juego.              Basta de inflación, queremos y decimos, por supuesto. Pero de este lado del       mostrador, empecemos por liquidar la inflación lingüística.              Agencia de Noticias Pelota de Trapo              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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