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|    27 Mar 10 23:57:45    |
      XPost: soc.culture.argentina, soc.culture.uruguay       From: mitialagordasinesto@hotmail.com.ar              Julio Florencio Cortázar              Entre la última cucharada de arroz con leche -poca canela, una lástima- y       los besos antes de subir a acostarse, llamó la campanilla en la pieza del       teléfono e Isabel se quedó remoloneando hasta que Inés vino de atender y       dijo algo al oído de su madre. Se miraron entre ellas y después las dos a       Isabel, que pensó en la jaula rota y las cuentas de dividir y un poco en la       rabia de misia Lucera por tocarle el timbre a la vuelta de la escuela. No       estaba tan inquieta, su madre e Inés miraban como más allá de ellas, casi       tomándola como pretexto ; pero la miraban.       - A mí, créeme que no me gusta que vaya - dijo Inés.- No tanto por el tigre,       después de todo cuidan bien ese aspecto. Pero la casa tan triste, y ese       chico sólo para jugar con ella...       - A mí tampoco me gusta - dijo la madre, e Isabel supo como desde un tobogán       que la mandarían a lo de Funes a pasar el verano. Se tiró en la noticia, en       la enorme ola verde, lo de Funes, lo de Funes, claro que ella mandaban. No       les gustaba pero convenía. Bronquios delicados, Mar del Plata carísima ,       difícil manejarse con una chica consentida, boba y conducta regular con lo       buen que es la señorita Tania, sueño inquieto y juguetes por todos lados,       preguntas, botones, rodillas ssucias. Sintió miedo, delicia, olor de sauces       y la ú de Funes se le mezclaba con el arroz con leche, tan tarde y a dormir,       ya mismo a la cama.              Acostada, sin luz, llena de besos y miradas tristes de Inés y su madre, no       bien decididas pero ya decididas del todo a mandarla. Anteviviía la llegada       en break, el primer ayuno, la alegría de Nino cazador de cucarachas, Nino       sapo, Nino pescado (un recuerdo de tres años atrás, Nino mostrándole unas       figuritas puestas con engrudo en un álbum , y diciéndole grave : "Este es un       sapo y éste un pes - ca -do"). Ahora Nino en el parque esperándola con la       red de mariposas, y las manos blandas de Rema - las vio que nacían de la       oscuridad, estaba con los ojos abiertos y en vez de las cara de Nino zás las       manos de Rema, la menor de los Funes. "Tía Rema me quiere tanto", y los ojos       de Nino se hacían grandes y mojados, otra vez vio a Nino desgajarse flotando       en el aire confuso del dormitorio, mirándola contento. Nino pescado. Se       durmió queriendo que la semana pasara esa misma noche, y las despedidas, el       viaje en tren., la legua en break, el portón, los eucaliptos del camino de       entrada. Antes de dormirse tuvo un momento de horror cuando pensó que podía       estar soñando. Estirándose de golpe dio con los pies en los barrotes de       bronce, le dolieron a través de las colchas, y en el comedor grande se oía       hablar a su madre y a Inés, equipaje, ver al médico por lo de la erupciones,       aceite de bacalao y hammaelis virgínica. No era un sueño, no era un sueño.              No era un sueño. La llevaron a Constitución una mañana ventosa, con       banderitas en los puestos ambulantes de la plaza, torta en el Tren Mixto y       gran entrada en el andén. Número catorce. La besaron tanto entre Inés y su       madre que le quedó la cara como caminada, blanda y oliendo a rouge y polvo       rache de Coty., húmeda alrededor de la boca, un asco que el viento le sacó       de un manotazo. No tenía miedo de viajar sola porque era una chica grande,       con nada menos que veinte pesos en la cartera, Compañía Sansinena de de       Carnes Congeladas metiéndose por la ventanilla con un olor dulzón, el       Riachuel amarillo e Isabel repuesta ya del llanto forzado, contenta, muerta       de miedo, activa en el ejercicio pleno de su asiento, su ventanilla, viajera       casi única en un pedazo de coche donde se podía probar todos los lugares y       verse en los espejitos. Pensó una o dos veces en su madre, en Inés -ya       estarían en el 97, saliendo de Constitución-, leyó prohibido fumar,       prohibido escupir, capacidad 42 pasajeros sentados, pasaban por Banfield a       toda carrera, ¡vuuuúm ! campo más campo mezclado con el gusto de milkibar y       las pastilla de mentol. Inés le había aconsejado que fuera tejiendo la       mañanita de lana verde., de manera que Isabel la llevaba en lo más escondido       de su maletín, pobre Inés con cada idea tan pava.              En la estación le vino un poco de miedo, porque si el break... Pero estaba       Ahí, con don Nicasio florido y respetuoso, niña de aquí y niña de allá, si       el viaje bueno, si doña Elisa siempre guapa, claro que había llovido - Oh       andar del break, vaivén para traerle el entero acuario de su anterior venida       a los Horneros. Todo más a menudo, más de cristal y rosa, sin el tigre       entonces, con don Nicanor menso canoso, apenas tres años atrás., Nino un       sapo, Nino un pescado, y las manos de Rema que daban deseos de llorar y       sentirlas eternamente contra su cabeza, en una caricia casi de muerte y de       vainillas con crema, las dos mejores cosas de la vida.              Le dieron un cuarto arriba, entero para ella, lindísimo. Un cuarto para       grande (idea de Nino, todo rulos negros y ojos, bonito en su mono azul ;       claro que de tarde Luis lo hacía vestir muy bien, de gris pizarra con       corbata colorada) dentro de otro cuarto chiquito con un cardenal enorme y       salvaje. El baño quedaba a dos puertas (pero internas, de modo que se podía       ir sin averiguar antes dónde estaba el tigre), lleno de canillas y metales,       aunque a Isabel no la engañaban fácil y ya en el baño se notaba bien el       campo, las cosas no eran tan perfectas como en un baño de ciudad. Olía a       viejo, la segunda mañana encontró un bicho de humedad paseando por el       lavabo. Lo tocó apenas, se hizo una bolita temerosa, perdió pie y se fue por       el agujero borboteante.              Querida mamá tomo la pluma para - Comían en el comedor de cristales , donde       se estaba más fresco. El Nene se quejaba a cada momento del calor, Luis no       decía nada pero poco a poco se le veía brotar el agua en la frente y la       barba. Solamente rema estaba tranquila, pasaba los platos despacio y siempre       como si la comida fuera de cumpleaños, un poco solemne y emocionante.       (Isabel aprendía en secreto su manera de trinchar, de dirigir a las       sirvientitas). Luis casi siempre leía, los puños en las sienes y el libro       apoyado en un sifón. Rema le tocaba el brazo antes de pasarle el plato, y a       veces el Nene lo interrumpía y lo llamaba filósofo. A Isabel le dolía que       Luis fuera filósofo, no por eso sino por el Nene tenía pretexto para       burlarse y decírselo.              Comían así : Luis en la cabecera, Rema y Nino en un lado, el Nene e Isabel       del otro , de manera que había un grande en la punta y a los lados un chico       y un grande. Cuando Nino quería decirle algo de veras le daba con el zapato       en la canilla. Una vez Isabel gritó y el Nene se puso furioso y le dijo              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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