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|    El secreto de sus piojos (1/2)    |
|    10 Apr 10 21:59:58    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitialagordasinesto@hotmail.com.ar              El secreto de sus piojos              Por Alfredo Grande              "-Disculpame, querido León. Pero no todo está clavado en la memoria"       (aforismo implicado)              La cartera de Educación porteña censuró materiales pedagógicos del       Bicentenario por su "tendencia ideológica". Hay libros que el ministro no       deja leer en el aula. "Como ministro no puedo permitir que se publiquen       materiales con alguna tendencia ideológica", argumentó Esteban Bullrich."Creo       que ningún jefe de Gobierno, ni ministro, ni director de Area debe definir o       influir en que los docentes y alumnos utilizen (sic) material con una       tendencia ideológica, sea ésta de izquierda, derecha o 'centro'".              "Esteban Bullrich, el sucesor de Abel Parentini Posse en la cartera       educativa porteña, sinceró con este argumento la decisión de 'no publicar'       los materiales sobre el Bicentenario, elaborados por especialistas de la       Dirección de Currícula, aunque sí, en cambio, colgarlos en su página web       personal (www .estebanbullrich.com). Cinco pedidos de informes en la       Legislatura reclamando explicaciones, la publicación impresa del trabajo       realizado durante 18 meses por los docentes, más un dictamen en el mismo       sentido de la Defensoría del Pueblo, una marcha, dos grupos en Facebook de       repudio a la 'censura ideológica' y una rueda de prensa convocada para el       viernes en la Legislatura, muestran que la solución on line del licenciado       en sistemas está lejos de conformar a las partes.       (Nora Veiras, Página/12)              (APe).- Luis Landriscina contaba un cuento. Un señor se levanta por la       mañana y se da cuenta que le quedan 5 pelos. "Me peino dos para la       izquierda, dos para la derecha y uno al medio". Al dia siguiente, sólo       encuentra 4. "Bueno, dos para un lado, dos para el otro". Un día más y sólo       quedan tres: "Uno para la izquierda, otro para la derecha y el del centro.       atrás". Cuando sólo quedan dos, resuelve: "una para este costado, uno para       el otro". Finalmente, al día siguiente se encuentra con un solo pelo. "¡Ma       sí, hoy no me peino!". Cuando no quedan pelos, se nota. Cuando no quedan       ideas, se nota menos. Suponer que en la educación puede haber ideas que no       impliquen tendencias, mas aún, que no impliquen firmes posicionamientos       ideológicos, es haberse quedado pelado de neuronas.              El Bicentenario, para el señor ministro del imposible, al decir del poeta       Mario Benedetti, son sólo doscientos años. Habría que preguntarle:       "doscientos años. ¿de que?". Sin tendencia ideológica alguna, apenas       podríamos balbucear que el pueblo "quería saber de qué se trataba", que       "French y Berutti tenían el franchising de las escarapelas", que "llovía,       pero, como de costumbre, siempre que llovió, paró", que "el obispo Lué era       un alcahuete de Fernando" (no, en realidad, esto es un poco       tendencioso),bueno, que hay gente que viene, que hay que gente que va, como       en la casa de Irene. Recordar, conmemorar, evocar, convocar al primer       gobierno criollo sin tendencias, apenas permitiría con el rostro grotesco de       Stella y Amore, los compradores compulsivos de la tele, decir: "la junta de       Mayo financia mejor. Qué grande questa targeta".              El señor ministro del imposible ha regresado a las épocas del pensamiento       único, pero lo ha mejorado. Ha demostrado tener un único pensamiento. A los       demás pensamientos se los llevó el peine de la historia. Y el único       pensamiento es que el Bicentenario sea tan descafeinado como nuestro himno       nacional, amputado, castrado, emasculado justamente para el Centenario.       Porque para que las tendencias ideológicas de los criollos no se notaran       demasiado y Infanta no se acalorara, se consideró que, por ejemplo, "escupió       su pestífera hiel", era un texto demasiado directo. Por eso tenemos un himno       que, en la actualidad, hasta sirve como cortina musical de un aviso de la       banca solidaria.              Seguramente, el ministro del imposible cantará sin preguntarse cuál es la       tendencia ideológica del himno censurado. Pues bien: es simplemente acallar       las voces de los rebeldes de la Historia, para que todo sea más parecido a       un partido de bridge o de tute, que a una lucha sin cuartel de un pueblo en       armas contra un ejército invasor. Es más grave que censurar. Al menos Tato,       aquel voyeur, no ocultaba que cortaba las películas de acuerdo con sus       obscenas tendencias ideológicas y eróticas. Cuando en la década del '40 se       censuraron las letras de algunos tangos, todos recordaban que "en mi pobre       vida paria" tenía poco que ver con "en mi existencia azarosa".              La censura prohíbe lo censurado, pero no puede eliminarlo. La censura no es       neutral, ni pretende serlo. El censor es un cerdo que tiene bien claro en       qué chiquero le dan de comer. Pero este ministro del imposible aspira a que       ninguna tendencia "no de izquierda, ni de derecha, ni de centro" manche el       recuerdo inodoro, incoloro e insípido del Bicentenario. No es poca cosa       señalar que este ministro no está en condiciones mentales de conmemorar el       Bicentenario, porque no puede tolerar tendencias.              Pobres los historiadores revisionistas de la historia "no tendenciosa" de       Mitre. ¿O será una de las tantas zonceras que Jauretche no pudo incluir en       su libro? Sin embargo, a pesar del grotesco educativo que propone, el tema       es grave, muy grave. Tan grave porque de un plumazo, es decir, de un       bromazo, sepulta décadas de educación popular, de bachilleratos populares,       de experiencias autogestionarias en Educación.              La crítica a la educación formal, sarmientina (con el perdón de las       notebooks, que son muy necesarias)ha señalado con justicia que hay educación       para el sometimiento o hay educación para la libertad. Y que, en todo caso,       quizá sea cierto que el saber es poder, pero no será en los espacios que la       cultura represora habilita donde ese poder pueda ser ejercido.              El ministro del imposible pretende una educación que no eduque. Porque       educar no es instruir. No es una catequesis laica. No es escuchar       comunicados de las fuerzas conjuntas. Educar al soberano es poder disputar       la hegemonía de sentidos que los enemigos decantaron durante décadas en la       conciencia de los pueblos. Supongo que este ministro del imposible estará de       acuerdo en que hubo una Campaña del Desierto, y que eso no tiene que ver con       ninguna tendencia ideológica. Pues bien: lo que hubo no fue una campaña,       sino una expedición de exterminio; y no fue del desierto, sino al desierto;       y además, el desierto no estaba desierto. Pero este ministro contento       hubiera ido en ancas de Roca, ya que cuando se habla de tendencias       ideológicas, políticas, siempre es para descalificar los intentos de       subvertir la historia oficial.              Haga memoria, ministro del imposible: ¿Qué pensó cuando escuchó la noticia              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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