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|    La milicia sanitaria de Eva Perón (1/2)    |
|    25 Jul 10 12:38:00    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitialagordasinesto@chotmail.com              La milicia sanitaria de Eva Perón, una historia silenciada por la       intolerancia       Hace 62 años nacía la Escuela de Enfermeras. Tuvo 858 egresadas y 430       especialistas.       Su competencia contra la Cruz Roja y el intento del golpe del '55 por       borrarlo todo.              Tenían el día organizado "para cultivar el espíritu, la mente y las       condiciones físicas". Se despertaban al alba, hacían gimnasia, se duchaban y       tomaban clases teóricas. Incluían Anatomía, Fisiología y también Doctrina       Peronista. Almorzaban "respondiendo a un régimen alimentario científico".       Volvían a hacer deporte y se retiraban a limpiar su cuarto, "bajo el más       estricto aseo", sus tres uniformes reglamentarios, y su alma: "antes del       sueño reparador" debían realizar "un examen de conciencia, preguntándose qué       han hecho para la felicidad de la comunidad y de la patria". No podían       mentir. Estas eran algunas de las normas que cumplieron las mujeres, de       entre 16 y 21 años, que se sumaron a la Escuela de Enfermeras de la       Fundación Eva Perón. Esta verdadera milicia sanitaria fue creada a       principios de 1948 y llegó a formar 858 enfermeras y 430 especialistas,       cifra récord para la época. Pero el sueño dorado duró poco: con el golpe del       '55, las persiguieron, les allanaron las casas y les quemaron hasta los       uniformes. Su historia fue silenciada hasta hoy.       En su mayoría eran chicas humildes, a las que no les importaba nada más que       "servir a su pueblo". Todo lo que pudieran hacer, para ellas, era poco,       porque la escuela significaba "la dignidad, la vida". El rigor era lo de       menos. Así lo recuerda María Luisa Fernández, en diálogo con Tiempo       Argentino: "Abnegación, desinterés y amor, esa era la frase de Evita. Y       nosotras lo vivíamos así, no se nos ocurría cuestionarlo"       Lo mismo cree Nilda Cabrera, egresada de la escuela en 1951: "En nuestras       vidas no habíamos ido ni a La Salada -relató a este diario-. Era un sueño       para nosotras. La primera vez que me subí a un avión fue para ir a Ecuador.       Después a Perú. Y nos recibía el presidente del país" (ver recuadro).       Por eso se sentían elegidas, por conocer países latinoamericanos y europeos,       príncipes y presidentes. Sentían que las habían transformado y, en       definitiva, ese era el objetivo de la Escuela: formar "misioneras de paz",       siempre "dentro de la norma disciplinaria". Así lo explicó Adelina Fiora, la       primera regenta: "muchas venían de hogares muy humildes y desconocían por       completo el sentido de la disciplina, indispensable para el estudio que       emprendían. Se me ocurrió que una manera de enseñarles a organizarse era       izar y arriar la bandera en el patio. Tal como hacen en la escuela primaria       y secundaria." Y funcionó.       La idea tenía dos fuentes de inspiración muy concretas: el justicialismo, de       raíz socialdristiana, y el proyecto del médico Ramón Carrillo para cambiar       el mapa sanitario argentino. En 1945, por ejemplo, en la provincia de Jujuy,       se morían 300 bebés de cada mil que nacían. Carrillo sostenía que debía       formar a 20 mil enfermeras profesionales, para el cuidado de la población       civil, pero también para la defensa nacional en casos extremos, como guerras       y catástrofes. En su "Plan Analítico de Salud Pública" (1947) sostuvo que       por medio de la medicina asistencial, la sanitaria y la social podía       cambiarse la realidad.       Y el plan se puso en práctica. Hasta ese momento, la escuela de enfermería       más conocida, tal vez, era la de la Cruz Roja Argentina. Para el peronismo,       ninguna de las dos servía: eran del sistema capitalista. Bajo los parámetros       de Eva y Carrillo, las alumnas debían tener otros principios: "No creen       ofrecer limosnas, no entienden que van a regalar ayuda a los pobres: están       regidas por el concepto justicialista, que constituye la base de la entidad       central a la que pertenece. No esperan el llamado de los necesitados, se       dedican organizadamente a buscar a quienes necesitan auxilio", detalla una       publicación de 1949, de la propia escuela. Para las alumnas era sencillo: la       Cruz Roja era para la aristocracia. "Era gente de dinero, de doble y de       triple apellido. Se anotaban para casarse con un médico. Nosotras éramos el       Pueblo, las grasitas", explica María Luisa. Grasitas o no, tenían que pasar       exámenes, bolillero de por medio "Llegábamos re nerviosas", agrega.       El programa se considera de los más completos del momento: en primer año       tenían Anatomía y Fisiología, Semiología (Médica), Higiene y Epidemiología       General, Defensa Nacional, Historia de la Enfermería y Moral y Doctrina       Peronista. En segundo: Enfermería Quirúrgica, Enfermería Clínica, Primeros       Auxilios, Medicina Social y Doctrina Peronista. Y en tercero: Obstetricia y       Ginecología, Infecciosas, Puericultura y Pediatría, Dietética y Arte       Culinario, Neuropsiquiatría y Doctrina Peronista. Además, podían optar por       estudiar un año más y recibirse como especialistas en Anestesia,       Hemoterapia, Laboratorio y Asistencia Dental, entre otras. Resulta evidente       que la única materia que se repetía año tras año era Doctrina Peronista. El       objetivo era muy concreto, formar enfermeras, pero justicialistas: "la       alumna es preparada para el civismo -remarcaban los escritos-, pues con la       conquista de los derechos políticos de la mujer, adquiere gran importancia       la capacitación de la juventud femenina en ese campo". Se buscaba       revolucionar la enfermería y el país. Como consideraban que no había       material de formación suficiente, la escuela contaba con un equipo auxiliar       de taquígrafas. De esa manera, se tomaba nota de las clases, para preparar       los apuntes que después repartían en forma gratuita. Igual que los uniformes       (reglamentario interno, de labor y de gala) y que las habitaciones       individuales para las que venían del interior y la comida.       "Todo era revolucionario -sostiene Nilda-. Nos enseñaban a manejar, motos,       jeeps y ambulancias." Es que a su cargo tenían 200 motos, los jeeps blancos,       equipados con carpas, camillas y botiquines y las varias       "ambulancia-hospital", una suerte de motor-home, con diez camas en su       interior y una cabina de operaciones. Contaban también con equipo para       realizar transfusión y oxigenoterapia. Tenían, además, hasta perros       amaestrados, que transportaban botiquines de aluminio.        "La disciplina era una cosa que se nos inculcaba mucho -detalló Delia       Maldonado-. La primera lección que se nos dio fue la de saludar siempre al       paciente. Y preguntarle cómo se sentía. Jamás se prendían las luces de la       sala ni se despertaba a los pacientes batiendo las manos o gritando."       Así se los había pedido la propia Evita, el 14 de septiembre de 1950, cuando       la Escuela se incorporó a la Fundación Eva Perón. "En este acto le prometo              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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