home bbs files messages ]

Forums before death by AOL, social media and spammers... "We can't have nice things"

   alt.culture.argentina      Argentina culture... clothing optional      40,993 messages   

[   << oldest   |   < older   |   list   |   newer >   |   newest >>   ]

   Message 40,027 of 40,993   
   RLunfa to All   
   Los asesinos de palabras (1/2)   
   06 Sep 10 10:30:58   
   
   XPost: soc.culture.argentina, soc.culture.uruguay   
   From: mitialagorda@chotmail.com   
      
   Contra la irracionalidad discursiva de los asesinos de palabras   
      
   Por Hernán Brienza *   
      
   La otra gran bastardeadora de la palabra es Elisa Carrió. Las palabras están   
   allí para generar títulos para el diario Clarín o La Nación. No tienen peso   
   en sí mismas.   
      
   Cómo se mata una palabra? Casi todos responderemos que se mata con el   
   silencio. Pero no es cierto. Cuando un dictador impone el silencio, lo que   
   está haciendo en una forma dialéctica es dándole vida, otorgándole una   
   importancia que antes no tenía.   
      
   Es por eso que hay que prohibirla. Irónicamente, los tiranos aman y temen a   
   las palabras. Los verdaderos criminales de las palabras son aquellos que   
   hacen un uso irresponsable de ellas, los que producen su banalización, los   
   que la vacían de sentido.   
      
   Carlos Menem, por ejemplo, fue un gran asesino de palabras. Las utilizaba a   
   su gusto. Las mentía, las deformaba, las cambiaba. Daba lo mismo leer un   
   discurso o el otro. Total, nunca era importante lo que uno podía llegar a   
   decir. Lo sustantivo era otra cosa: el mundo de los negocios, de lo fáctico,   
   de lo terrenal.   
      
   La otra gran bastardeadora de la palabra es Elisa Carrió. Las palabras están   
   allí para generar títulos para el diario Clarín o La Nación. No tienen peso   
   en sí mismas. Pueden decir o desdecir, pueden profetizar pariciones que   
   nunca se producen o despertar huracanes que jamás arriban a la realidad.   
   Están allí para generar impacto mediático.   
      
   Recientemente, Carrió profundizó su hobby de banalizar las palabras: acusó a   
   Néstor Kirchner de "fascista", al gobierno de "dictadura" y citó a Bertolt   
   Brecht para realizar la operación de equiparar al ex presidente con Adolf   
   Hitler.   
      
   Hay que tener cuidado con las palabras. Porque no son inocentes. Y están   
   cargadas de recuerdos, de dolores, olores, sufrimientos. Cuando Carrió   
   asegura que el gobierno actual es una dictadura, está burlándose de los 30   
   mil desaparecidos, de los millones de silenciados, de los miles de   
   exiliados, de los miles de detenidos. Cuando compara a Kirchner con Hitler,   
   con una sonrisa prepotente y burlona, con la soberbia de quien sabe que   
   tiene licencia para usar el micrófono -¿cuánto hace que Carrió no debate con   
   alguien; cuánto hace que Carrió no hace otra cosa que hablar para un   
   auditorio mediático que sólo está allí para aplaudir sus iluminaciones   
   proféticas?- no hace otra cosa que humillar a los 6 millones de   
   personas -judíos, gitanos, marxistas, homosexuales- que fueron masacrados en   
   los campos de concentración nazis.   
      
   Las comparaciones remiten. Y son un recurso metafórico. Y como dice Vicente   
   Huidobro: "Un adjetivo, cuando no da vida, mata." Carrió asesina a las   
   palabras. "La conducción política es persuadir", explicaba Juan Domingo   
   Perón a todo aquel que quisiera escucharlo. La palabra es la herramienta del   
   consenso, la argumentación. Es la materia prima de la política. Si se   
   bastardean las palabras, se bastardea la política.   
      
   ¿Abandonó Carrió la política?   
      
   Norberto Bobbio ha escrito en su célebre Diccionario de Ciencia Política que   
   la "dictadura" moderna se caracteriza por "la concentración y la   
   ilimitabilidad del poder; las condiciones políticas ambientales constituidas   
   por la entrada de grandes estratos de la población en la política y el   
   principio de la soberanía popular, y la precariedad de las reglas de   
   sucesión al poder". Hasta el lector más dormido este domingo podrá darse   
   cuenta de que el gobierno de los Kirchner dista tanto de ser una "dictadura"   
   como Carrió de ser una heroína de la "Resistance" como Ingrid Bergman en   
   Casablanca.   
      
   Sencillo: a) Si bien el estilo de conducción de Néstor Kirchner es férreo,   
   no es absoluto. Además, es imposible ningunear el carácter de mayor   
   institucionalidad que le imprimió la presidenta Cristina Fernández de   
   Kirchner a su gestión; b) El poder de la presidenta no es ilimitado. Tiene   
   fecha de conclusión y lo dispone la Constitución Nacional; c) No existe un   
   aparato de control y de coerción sobre la población (en este sentido es más   
   dictatorial el espionaje telefónico y las listas de estudiantes "rojillos"   
   que realiza Mauricio Macri en su gestión y que Carrió disimula que, por   
   ejemplo, la decisión de no matar un solo manifestante en la calle por parte   
   del gobierno nacional); d) Los Kirchner no han movilizado políticamente a la   
   sociedad; e) Su legitimidad es electoral y no corporativa ni plebiscitaria   
   ni de relación líder-masa; f) La sucesión de los Kirchner está garantizada   
   por el juego democrático y el límite que impone la Constitución Nacional. En   
   última instancia, quien va a decidir quién es el sucesor es el pueblo   
   argentino en elecciones libres.   
      
   Hablar de "dictadura", entonces, no es error metodológico de "estiramiento   
   conceptual" como diría Giovanni Sartori, es decir, utilizar un lenguaje   
   difuso y confuso para poder aplicar la categoría "perro" a animales que   
   claramente son perros, gatos, cebras, rinocerontes o gansos salvajes. Lo que   
   hizo Carrió es un acto de irracionalidad discursiva. Porque, además, jugó   
   con el contenido simbólico y emocional que tienen las palabras "dictadura" y   
   "nazismo".   
      
   Pero hay algo interesante que hizo Carrió esta semana. Además de   
   despolitizar su discurso, "impolitizó" -fue en contra de la política- su   
   práctica cotidiana. En su más que sospechosa defensa a capa y espada del   
   Grupo Clarín y de Héctor Magnetto expresó algo que desnudó su verdadera   
   situación política: "Magnetto es, con todos sus defectos y sus errores, un   
   contrapoder", afirmó.   
      
   A ver, a ver.   
      
   ¿Qué dijo exactamente Carrió? Simple: la oposición política, democrática,   
   republicana no tiene ni la menor posibilidad de producir un contrapeso   
   contra el poder del oficialismo. Es inútil de toda inutilidad posible. No   
   puede ni siquiera hacer de oposición. Y esto la incluye, claro.   
      
   Pero hay algo más grave, todavía, que se desprende de sus palabras. Y es que   
   con tal de que haya un contrapoder, si es necesario, hay que ir a buscarlo   
   por afuera de la política, es decir, a las corporaciones económicas como el   
   Grupo Clarín, pero que también pueden ser la Sociedad Rural o la Asociación   
   de Empresarios Argentinos, por ejemplo. Para Carrió, hay que apoyar a los   
   grupos económicos concentrados en su lucha contra los políticos y la   
   política.   
      
   Y es lógico, después de todo, Clarín y La Nación son la Argentina. ¿Pero qué   
   Argentina? La que defendió la campaña del desierto y el fraudulento reparto   
   de tierras, la que apoyó los golpes militares de 1930, 1955, 1966 y 1976, la   
   que festejó la apropiación cruenta de Papel Prensa, la que legitimó la   
   brutal transferencia de riqueza de los sectores populares a los grupos   
   concentrados en los '90. Esa es la Argentina que defiende Carrió.   
      
      
   [continued in next message]   
      
   --- SoupGate-Win32 v1.05   
    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

[   << oldest   |   < older   |   list   |   newer >   |   newest >>   ]


(c) 1994,  bbs@darkrealms.ca