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   From: Juan@salta.ar   
      
   La Carrió siempre me pareció un barril vacío; (cuanto menos contenido, mas   
   ruido hace). O como un estómago vacío; (cuanto mas vacío mas gases genera).   
   Juan   
      
      
   "RLunfa" wrote in message news:i62qe   
   $oev$1@news.eternal-september.org...   
   > Contra la irracionalidad discursiva de los asesinos de palabras   
   >    
   > Por Hernán Brienza *   
   >    
   > La otra gran bastardeadora de la palabra es Elisa Carrió. Las palabras están    
   > allí para generar títulos para el diario Clarín o La Nación. No tienen peso    
   > en sí mismas.   
   >    
   > Cómo se mata una palabra? Casi todos responderemos que se mata con el    
   > silencio. Pero no es cierto. Cuando un dictador impone el silencio, lo que    
   > está haciendo en una forma dialéctica es dándole vida, otorgándole una    
   > importancia que antes no tenía.   
   >    
   > Es por eso que hay que prohibirla. Irónicamente, los tiranos aman y temen a    
   > las palabras. Los verdaderos criminales de las palabras son aquellos que    
   > hacen un uso irresponsable de ellas, los que producen su banalización, los    
   > que la vacían de sentido.   
   >    
   > Carlos Menem, por ejemplo, fue un gran asesino de palabras. Las utilizaba a    
   > su gusto. Las mentía, las deformaba, las cambiaba. Daba lo mismo leer un    
   > discurso o el otro. Total, nunca era importante lo que uno podía llegar a    
   > decir. Lo sustantivo era otra cosa: el mundo de los negocios, de lo fáctico,    
   > de lo terrenal.   
   >    
   > La otra gran bastardeadora de la palabra es Elisa Carrió. Las palabras están    
   > allí para generar títulos para el diario Clarín o La Nación. No tienen peso    
   > en sí mismas. Pueden decir o desdecir, pueden profetizar pariciones que    
   > nunca se producen o despertar huracanes que jamás arriban a la realidad.    
   > Están allí para generar impacto mediático.   
   >    
   > Recientemente, Carrió profundizó su hobby de banalizar las palabras: acusó a    
   > Néstor Kirchner de "fascista", al gobierno de "dictadura" y citó a Bertolt    
   > Brecht para realizar la operación de equiparar al ex presidente con Adolf    
   > Hitler.   
   >    
   > Hay que tener cuidado con las palabras. Porque no son inocentes. Y están    
   > cargadas de recuerdos, de dolores, olores, sufrimientos. Cuando Carrió    
   > asegura que el gobierno actual es una dictadura, está burlándose de los 30    
   > mil desaparecidos, de los millones de silenciados, de los miles de    
   > exiliados, de los miles de detenidos. Cuando compara a Kirchner con Hitler,    
   > con una sonrisa prepotente y burlona, con la soberbia de quien sabe que    
   > tiene licencia para usar el micrófono -¿cuánto hace que Carrió no debate con    
   > alguien; cuánto hace que Carrió no hace otra cosa que hablar para un    
   > auditorio mediático que sólo está allí para aplaudir sus iluminaciones    
   > proféticas?- no hace otra cosa que humillar a los 6 millones de    
   > personas -judíos, gitanos, marxistas, homosexuales- que fueron masacrados en    
   > los campos de concentración nazis.   
   >    
   > Las comparaciones remiten. Y son un recurso metafórico. Y como dice Vicente    
   > Huidobro: "Un adjetivo, cuando no da vida, mata." Carrió asesina a las    
   > palabras. "La conducción política es persuadir", explicaba Juan Domingo    
   > Perón a todo aquel que quisiera escucharlo. La palabra es la herramienta del    
   > consenso, la argumentación. Es la materia prima de la política. Si se    
   > bastardean las palabras, se bastardea la política.   
   >    
   > ¿Abandonó Carrió la política?   
   >    
   > Norberto Bobbio ha escrito en su célebre Diccionario de Ciencia Política que    
   > la "dictadura" moderna se caracteriza por "la concentración y la    
   > ilimitabilidad del poder; las condiciones políticas ambientales constituidas    
   > por la entrada de grandes estratos de la población en la política y el    
   > principio de la soberanía popular, y la precariedad de las reglas de   
   > sucesión al poder". Hasta el lector más dormido este domingo podrá darse    
   > cuenta de que el gobierno de los Kirchner dista tanto de ser una "dictadura"    
   > como Carrió de ser una heroína de la "Resistance" como Ingrid Bergman en    
   > Casablanca.   
   >    
   > Sencillo: a) Si bien el estilo de conducción de Néstor Kirchner es férreo,    
   > no es absoluto. Además, es imposible ningunear el carácter de mayor    
   > institucionalidad que le imprimió la presidenta Cristina Fernández de    
   > Kirchner a su gestión; b) El poder de la presidenta no es ilimitado. Tiene    
   > fecha de conclusión y lo dispone la Constitución Nacional; c) No existe un    
   > aparato de control y de coerción sobre la población (en este sentido es más    
   > dictatorial el espionaje telefónico y las listas de estudiantes "rojillos"    
   > que realiza Mauricio Macri en su gestión y que Carrió disimula que, por    
   > ejemplo, la decisión de no matar un solo manifestante en la calle por parte    
   > del gobierno nacional); d) Los Kirchner no han movilizado políticamente a la    
   > sociedad; e) Su legitimidad es electoral y no corporativa ni plebiscitaria    
   > ni de relación líder-masa; f) La sucesión de los Kirchner está garantizada    
   > por el juego democrático y el límite que impone la Constitución Nacional. En    
   > última instancia, quien va a decidir quién es el sucesor es el pueblo    
   > argentino en elecciones libres.   
   >    
   > Hablar de "dictadura", entonces, no es error metodológico de "estiramiento    
   > conceptual" como diría Giovanni Sartori, es decir, utilizar un lenguaje    
   > difuso y confuso para poder aplicar la categoría "perro" a animales que    
   > claramente son perros, gatos, cebras, rinocerontes o gansos salvajes. Lo que    
   > hizo Carrió es un acto de irracionalidad discursiva. Porque, además, jugó    
   > con el contenido simbólico y emocional que tienen las palabras "dictadura" y    
   > "nazismo".   
   >    
   > Pero hay algo interesante que hizo Carrió esta semana. Además de    
   > despolitizar su discurso, "impolitizó" -fue en contra de la política- su    
   > práctica cotidiana. En su más que sospechosa defensa a capa y espada del    
   > Grupo Clarín y de Héctor Magnetto expresó algo que desnudó su verdadera    
   > situación política: "Magnetto es, con todos sus defectos y sus errores, un    
   > contrapoder", afirmó.   
   >    
   > A ver, a ver.   
   >    
   > ¿Qué dijo exactamente Carrió? Simple: la oposición política, democrática,    
   > republicana no tiene ni la menor posibilidad de producir un contrapeso   
   > contra el poder del oficialismo. Es inútil de toda inutilidad posible. No    
   > puede ni siquiera hacer de oposición. Y esto la incluye, claro.   
   >    
   > Pero hay algo más grave, todavía, que se desprende de sus palabras. Y es que    
   > con tal de que haya un contrapoder, si es necesario, hay que ir a buscarlo    
   > por afuera de la política, es decir, a las corporaciones económicas como el    
   > Grupo Clarín, pero que también pueden ser la Sociedad Rural o la Asociación    
   > de Empresarios Argentinos, por ejemplo. Para Carrió, hay que apoyar a los    
   > grupos económicos concentrados en su lucha contra los políticos y la    
   > política.   
   >    
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   
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