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|    Ideología oligárquica (1/2)    |
|    13 Feb 11 23:29:12    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitialagorda@chotmail.com              ¿Padre del aula o un ideólogo antinacional?              A 200 años de su nacimiento la falta de homenajes de relevancia actualiza la       controversia sobre su legado y el proyecto de país que defendía.       Intelectuales e historiadores opinan con pasión.              Por Diego Rojas              Es cierto. Parece que desde el año pasado estamos acostumbrados a la       celebración. Acostumbrados al homenaje, insaciables, pedimos más. Es que los       grandes festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo dejaron en       todos un gustito placentero que provoca el deseo de repetición ante cada       acontecimiento ocurrido hace doscientos años. Entonces la revisión del       calendario se convierte en una costumbre que responde a la pregunta: "¿Qué       conmemoramos este mes?". Febrero, además de muy corto, tiene entre sus       virtudes haber sido el mes que Domingo Faustino Sarmiento eligió para nacer.              "Bien, sale homenaje, entonces", podría pensar cualquier incauto. Pero no.       Es decir, están programados eventos institucionales -como la emisión de una       moneda con su efigie o la edición de sus obras por la Biblioteca del       Congreso-, pero no está planificado ningún acto de gran relevancia. Es más,       los festejos en San Juan, provincia natal de Sarmiento, tampoco estaban       completamente organizados, según El Diario de Cuyo. "Todavía no está       definida cómo será la agenda de actos oficiales que se llevará a cabo en la       provincia -señaló el diario-. Según el presidente de la comisión que se       conformó para organizar las actividades, Eduardo Bustelo, el retraso se debe       a que la mayoría de los integrantes de la Comisión de Homenajes del       Bicentenario 'estuvieron de vacaciones'". El mismo diario publicó que se       había decidido invitar al eventual acto, del que participarían los       abanderados de todas las escuelas de la provincia, a sus pares de las       escuelas chilenas fundadas por Sarmiento. Sin embargo, sería una misión       imposible, ya que esos establecimientos hace mucho tiempo dejaron de       existir.              Más allá de los homenajes concretos que se realizarán, queda la duda sobre       las razones de la falta de uno de envergadura. Es que la figura de Sarmiento       fue siempre, incluso mientras vivía, controversial. Una controversia que se       extiende hasta nuestros días, en los que sus protagonistas no se deciden por       definirlo como el genial padre del aula o como un cipayo ideólogo       antinacional.              "Sarmiento es un personaje de intensos claroscuros -explica el escritor e       historiador Pacho O'Donnell-. Como siempre se han privilegiado y difundido       sus aspectos más positivos, por ejemplo, los referidos a la concepción de la       educación como necesidad civilizatoria, quizás sea la oportunidad de hablar       de los aspectos menos loables. En ese sentido el revisionismo histórico       siempre ha tenido una posición crítica hacia las posturas de Domingo       Faustino Sarmiento. Fue el portavoz de los vencedores de las guerras       civiles, el representante de los unitarios devenidos y rebautizados       liberales, pero liberales a la argentina, es decir, autoritarios". O'Donell,       que hace poco publicó La gran epopeya, sobre la batalla de Vuelta de       Obligado, continúa exponiendo su visión: "Definió muy bien el proyecto de       organización nacional elitista, porteñista, antipopular y extranjerizante       cuando propuso el dilema 'Civilización o Barbarie'. 'Civilización' era su       grupo y 'barbarie' todo lo demás: los federales, las provincias, los       sectores populares, las tradiciones cristianas y criollas, todo aquello       contra lo que habían guerreado. El proyecto del que fue vocero, ideólogo y       ejecutor, fue derrotado. Este país es absolutamente unitario y centralista,       se denigra lo nacional en beneficio de lo extranjero, ser provinciano es un       demérito y siempre hubo élites sociales pendientes de los intereses       imperiales del momento. Muy groseramente podría decirse que si a alguien le       gusta ese modelo, alabará a Sarmiento sin dudar. Si le gusta un mapa       federal, donde se tengan en cuenta los intereses populares y lo nacional,       seguramente se lo objetará en algún punto".              La historiadora Lucía Gálvez es taxativa: "Era un genio. Con       contradicciones, pero un genio. Tenía un proyecto para el país que planteaba       la construcción de la civilización sobre una acción educativa y que       fomentara la inmigración. Defendió los derechos de la mujer como un       adelantado para su época y llegó a decir que la civilización se detiene a la       puerta de las naciones donde no se respeta a las mujeres. Le interesaba todo       al punto que aprendió idiomas de manera autodidacta y analizó la gimnasia y       el deporte para incluirlos en su proyecto de país. Fue, además, un gran       escritor: Unamuno dijo que fue el mayor escritor de habla hispana del siglo       XIX. Eso no quita que tuviera defectos, pero sus exabruptos siempre fueron       pronunciados al calor de una pelea."              Daniel Molina, director del Área de Letras y Cultura Web del Centro Cultural       Rojas (UBA) también es un apasionado defensor del prócer: "Sarmiento quizás       sea el estadista más grande que dio la Argentina. Fue quien mejor imaginó al       país y el que más aportó a que la Argentina sea una nación interesante. Sin       Sarmiento, este país no existiría. Entendió una utopía maravillosa, que es       la educación pública, masiva, laica y en manos del Estado, cuestiones que       destruyó la dictadura y fulminó el menemismo. Su acción logró terminar con       el analfabetismo en una generación; impulsó una verdadera revolución       cultural, sin semejanza a ninguna ley parlamentaria del montón. Se peleó con       la Iglesia a muerte, al punto que Roca tuvo que echar al embajador del       Vaticano y se rompieron las relaciones diplomáticas. Si se lo analiza con       las ideas del siglo XIX, porque no se puede juzgar con los valores del siglo       XXI, se puede afirmar que luchó por un país moderno y fue un apasionado que       muchas veces se equivocó, pero cuyo objetivo era inventarle una nación al       desierto, como dijo Tulio Halperin Donghi".              Para Hernán Brienza, que acaba de publicar Valientes, sobre héroes       marginales del siglo XIX, "Sarmiento es una figura contradictoria, ambigua.       La frase 'Civilización o barbarie' desató en la cultura argentina un efecto       malinchista (N. de R.: en referencia a Malinche, la india azteca que entregó       su pueblo al conquistador Hernán Cortés), incluso más que su propia obra,       porque si se leen Facundo o Argirópolis se nota un profundo cariño y       devoción por el país. Sin embargo, esa dicotomía produjo las peores       tragedias del pensamiento nacional: creer que hay un desvalor en lo       autóctono y criollo y, por el contrario, ejercer una devoción infinita hacia       lo extranjero. Sarmiento prefería lo europeo y lo norteamericano. Pensó que       el desarrollo implicaba una copia de lo extranjero y vio la cuestión de la              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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