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|    La Cucarda del Tilingo Nacional (1/2)    |
|    02 Mar 11 13:35:59    |
      XPost: soc.culture.argentina       From: mitialagorda@chotmail.com              La Cucarda del Tilingo Nacional              Por Hernán Brienza              No contento con insultar el sistema público de Educación, el funcionario       Carlos Pirovano comete la estupidez de admitir que él usufructuó los       beneficios de la universidad gratuita. Se despacha mordiendo la mano que le       dio de comer.              I la Gran Cucarda del Tilingo Nacional Argentino esta semana es para Carlos       Pirovano, subsecretario de Inversiones del Ministerio de Desarrollo       Económico del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pero no sólo por sus       hallazgos literarios en Twitter, como por ejemplo: "¿Y si asumimos que la       educación pública está muerta y con esa plata le pagamos a los chicos una       escuela privada?" o "Le regalamos las escuelas públicas a los maestros que       dejarían de ser empleados públicos y podrían ser empresarios. (Así, los       docentes) dejarían de discutir por el salario y se preocuparían por brindar       una buena educación y recibir el cheque del gobierno". En su genial defensa       de sus posturas se pone al desnudo la totalidad de su tilinguería.              Si Pirovano hubiera estudiado en una universidad extranjera de esas a las       que van los hijos de las familias acomodadas de la Argentina, si hubiera       estudiado en la San Andrés, en la Di Tella, en la Católica, en cualquier       centro universitario privado de nuestro país, sus dichos no estarían       justificados, pero al menos podría comprenderse que su desprecio por lo       público es el resultado de una formación académica de corte liberal       conservador. Pero no. ¡El tipo estudió en la UBA! ¡Y encima lo proclama! Es       decir, no contento con insultar el sistema público de Educación -algo que ni       el liberal más libérrimo se animaría ya que uno de los pocos roles que hasta       el libertario Robert Nozick pone a resguardo del Estado es justamente la       Educación-, comete la estupidez de admitir que él usufructuó los beneficios       de la universidad gratuita. Es decir, luego de estudiar durante años a costa       de todos los argentinos que con sus impuestos pagaron la instrucción de       Pirovano -desde Paolo Rocca, del Grupo Techint, hasta la abuelita que con su       magra jubilación paga un 21% de IVA- el personaje en cuestión se despacha       mordiendo la mano que le dio de comer.              En síntesis, se trata de uno más de los tantos beneficiados por la Educación       pública que una vez usados sus recursos, se pone al servicio del gran       negocio privado de la enseñanza. No sería grave si fuera sólo una persona.       Pero el funcionario representa una gran corriente de la tilinguería de clase       media. Y lo que es peor: representa el pensamiento de Mauricio Macri -no así       de su hermana, espero, que también estudió en la universidad pública, tras       una interesante decisión propia-. Porque si hubiera sido de otro modo, el       jefe de gobierno porteño ya le habría pedido inmediatamente su renuncia. Es       más, la subejecución del presupuesto educativo para las escuelas del Estado       y el mantenimiento de la política de subsidios para las privadas es una       clara demostración de que Macri piensa igual que Pirovano.              Es preocupante porque significa que las nuevas camadas de la élite liberal       conservadora de este país ya ni siquiera creen en el beneficio democrático       de la educación pública gratuita y universal que instituyeron sus padres       fundadores como Domingo Sarmiento o Julio Argentino Roca.              Por lo demás, sólo pedirle a Pirovano que tenga la gentileza de devolverle       al pueblo lo que es del pueblo: la inversión que hizo en la educación de un       hombre que, evidentemente, no merece, porque desprecia esa solidaridad       colectiva.              II. Los pensadores del liberalismo -conservador o progresista-, aquellos que       escriben con mayor o menor lucidez en los diarios Clarín y La Nación, que       "son la Argentina", como sostiene Elisa Carrió, sostienen que es la razón el       arma ideal para encausar el desborde "barbárico", en términos de Rodolfo       Kusch, que sospechan detrás del sentimentalismo popular que despiertan los       hechos históricos cargados de simbolismos y de condimentos afectivos.       Recelan y sienten repugnancia, por ejemplo, por los personalismos -siempre y       cuando no sean ellos los destinatarios de los homenajes, claro- y por las       demostraciones de cariño y devoción del pueblo hacia sus líderes y       representantes. Durante la masiva despedida de Néstor Kirchner, los       intelectuales racionalistas no entendieron qué le pasaba a esa muchachada       que se agolpaba detrás de las rejas para despedir al ex presidente. Y ahora       tampoco entienden el profundo simbolismo que significa la imagen de la       presidenta Cristina Fernández vestida de riguroso luto, sola, allí en las       tribunas relacionándose afectivamente con el pueblo. Basta ver las miradas       de los hombres y las mujeres que la escuchan en los actos o en la televisión       para darse cuenta de que en esos ojos ocurre algo más, un encantamiento, un       dejo de magia.              Esta semana, la presidenta se presentó en Catamarca -una de las provincias       que renueva autoridades dentro de muy pocos días- en un acto que tuvo mucho       ruido a campana de largada. Habló de fortalezas propias, pero también pidió       acompañamiento para los tiempos duros que se avecinan. Y en ese momento la       política otra vez quedó atravesada por la dimensión humana. La presidenta       también es un ser humano, también es una mujer, una persona. Parece una       estupidez esta sentencia -de hecho no es ninguna genialidad- pero teniendo       en cuenta con el salvajismo y la brutalidad con que los intelectuales y los       voceros del liberalismo conservador se ensañan con Cristina Fernández parece       necesario una vez más recordar su dimensión estrictamente humana.       Para la oposición y la derecha, la presidenta es una Otra. Es ajena. No han       logrado -como si pudo hacerlo un gran sector popular- ponerse un instante en       los zapatos de esa mujer vestida de negro que desde la altura de sus       convicciones pide que la acompañen.              Los sectores populares sí se identificaron. Por eso, además del apoyo       político a la gestión y al modelo, la imagen personal de la presidenta trepó       en casi todas las encuestas serias al 60% de positividad. Se sabe que cierto       camino de la cursilería -no entendida como berretismo sino como sensiblería-       es la forma que tienen los pueblos para transitar su felicidad. El       peronismo -el movimiento más noblemente kitsch de la Argentina- comprendió       esto hace mucho tiempo y por eso es el movimiento que mejor representa los       deseos, los sueños, las miserias y las contradicciones de los argentinos. La       intelectualidad racionalista, en cambio, no tolera esas exageradas       manifestaciones de afectividad popular. No soportan la capacidad simbólica y       su rol constructor de mitos.              Los racionalistas argentinos miran con develado desdén las manifestaciones              [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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