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   RLunfa to All   
   Manuel Dorrego (1/2)   
   17 Jul 11 13:29:22   
   
   XPost: soc.culture.argentina   
   From: vuele@bajo.com   
      
   Manuel Dorrego   
   Por Hernán Brienza   
      
   Le decían "el loco", por sus irreverencias militares que enfurecían a   
   San Martín y Belgrano. Pero desde el gobierno intentó aplicar un muy   
   cuerdo plan de desarrollo productivo y organización nacional. Tocó   
   intereses que explican el tamaño y la saña final de sus enemigos.   
      
   Manuel Dorrego, nacido el 11 de junio de 1787 y fusilado 41 años después   
   por Juan Galo de Lavalle, fue revolucionario en Santiago de Chile,   
   soldado y eficaz coronel del Ejército del Norte, exiliado político,   
   periodista –fundador del diario El Tribuno–, legislador nacional y   
   gobernador de la provincia de Buenos Aires. Vehemente, díscolo,   
   insubordinado, apasionado, pagó con su muerte los aciertos de su vida   
   política: haberse mantenido fiel al pensamiento republicano y   
   democrático y, sobre todo, haber sido el primer líder popular de la   
   Argentina. Sin embargo, en comparación con su grandeza, es el gran   
   olvidado de la historia nacional.   
      
   "Jacobino y liberalísimo", como lo definió José Ingenieros en su libro   
   La evolución de las ideas argentinas, es heredero de la línea fundada   
   por Mariano Moreno y profundizada por Bernardo de Monteagudo tras las   
   jornadas de Mayo de 1810. Es, también, un caso singular: republicano y   
   federal, ilustrado y popular, porteño y bolivariano, liberal pero   
   nacionalista, Dorrego.   
      
   El "loco"   
      
   Manuel Críspulo Bernabé –tal era su nombre completo– fue el quinto y   
   ultimo hijo de una próspera y comercial familia de portugueses, lo que   
   significaba en la Buenos Aires colonial poco menos que un enemigo de la   
   corona española. Dorrego estudiaba Derecho en Santiago de C hile cuando   
   lo sorprendió la Revolución de Mayo, por eso no participó del proceso en   
   su ciudad natal, pero sí tuvo una destacada participación en el   
   alzamiento trasandino de junio.   
      
   Fue el primer patriota que cruzó la Cordillera de los Andes a cargo de   
   un ejército. Lo hizo en 1811, seis años antes que José de San Martín,   
   sólo que en sentido inverso, desde Chile a la Argentina, con tres   
   contingentes de 300 hombres por vez.   
      
   Durante los años siguientes, Dorrego fue coronel del ejército del Alto   
   Perú, bajo las órdenes de Manuel Belgrano, y con su valiente accionar al   
   mando de los Cazadores –la tropa de elite– se obtuvieron las victorias   
   de Tucumán y Salta, definitivas para consolidar el poder de la Primera   
   Junta. Enseguida, fue sancionado por alentar a que dos soldados se   
   batieran a duelo. Quedó confinado en Jujuy, mientras ocurrían los   
   desastres de Vilcapugio y Ayohuma, derrotas que –según Belgrano– no se   
   habrían producido si Dorrego hubiera estado al mando de los Cazadores.   
   Cuando San Martín se presentó ante Belgrano para reemplazarlo se produjo   
   uno de los hechos más insólitos de la historia militar argentina. En una   
   ronda de unificación de voces de mando, Dorrego se burló de la voz   
   finita de Belgrano y fue separado definitivamente de ese ejército. Ya se   
   lo conocía entre la tropa como "El loco Dorrego".   
      
   Hasta 1816, por recomendación de San Martín que encontraba así un punto   
   de equilibrio salvaguardando la autoridad de Belgrano sin prescindir de   
   Dorrego en la lucha por la independencia, participó de las batallas en   
   la Mesopotamia contra las fuerzas artiguistas. Pero cuando averigua que   
   el director supremo Juan Martín de Pueyrredón había negociado con el   
   Imperio del Brasil la entrega de la Banda Oriental para sacarse de   
   encima a Artigas y al mismo tiempo trasladar recursos de esa guerra al   
   cruce de los Andes, Dorrego prepara la defensa uruguaya. Pueyrredón   
   ordenó apresarlo y desterrarlo a Baltimore, Estados Unidos. En pleno   
   viaje, el barco es asaltado por piratas y a punto estuvo de ser fusilado   
   cuando la nave fue detenida en Jamaica. Pudo explicar a tiempo que era   
   doble prisionero: del poder de Buenos Aires y de los bucaneros.   
      
   En Norteamérica, se enamora de las ideas federales y cuando regresa a   
   Buenos Aires, en 1820, ya no es un jovencito díscolo: es todo un hombre   
   político.   
      
   El cuerdo   
      
   En esta segunda etapa de su vida, Dorrego enfrentó desde la prensa y la   
   Legislatura a los unitarios cuyo hombre fuerte era Bernardino Rivadavia.   
   Desde su banca abogó por el voto popular, libre y sin coacciones y la   
   extensión del sufragio a todos los sectores de la sociedad, incluso para   
   los humildes que tenían vedado el acceso a los derechos políticos, por   
   ejemplo, los jornaleros o los empleados domésticos.   
      
   Quizás el discurso más interesante que dio fue el del 29 de septiembre   
   de 1826. Ese día delineó su proyecto de un país federal sostenido en   
   economías regionales viables con mayor racionalidad que el centralismo   
   unitario basado en la especulación financiera y aduanera. Dorrego buscar   
   germinar la idea de una gran federación republicana que incluyera no   
   sólo a la Banda Oriental sino también a los estados del sur de Brasil   
   –los actuales departamentos de Río Grande, San Pablo y Porto Alegre–, al   
   Paraguay y al territorio de Bolivia, independizado en 1826 gracias a la   
   desidia de los rivadavianos. Y completa el trípode doctrinario abogando   
   por un republicanismo no elitista, basado en la legitimidad popular: "No   
   sé que se pueda presentar el ejemplo de un país, que constituido bien   
   bajo el sistema federal, haya pasado jamás a la arbitrariedad y al   
   despotismo; más bien me parece que el paso naturalmente inmediato es del   
   sistema de unidades al absolutismo…".   
      
   Caído Rivadavia en 1826, tras la deshonrosa paz firmada con el Brasil, y   
   disuelto ya el fraudulento proceso de constitucionalización de la   
   República, Dorrego asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires.   
      
   Hay que descifrar las claves de su gestión para entender el tamaño y la   
   saña final de sus enemigos. Acusó de "aristocracia mercantilista" a las   
   autoridades del Banco Nacional, que entonces era el centro del poder   
   económico. Los créditos de esa banca, dominada por intereses británicos,   
   habían engendrado la monstruosa deuda externa de 13.100.795 pesos, que   
   sólo era de un millón al comienzo del gobierno de Rivadavia. Muy poca de   
   esa plata podía verse en obras y mucha en renegociación de deuda y   
   comisiones de intermediarios.   
      
   Dorrego apuntó a un empréstito interno, con la plata de los sectores   
   productivos –no especulativos– y a una tasa reducida que limitara la   
   usura. Envió a la Legislatura en 1828 –año de su fusilamiento– un   
   proyecto para transformar el Banco Nacional en Banco de la Provincia de   
   Buenos Aires, con capitales de comerciantes y hacendados locales, que   
   pusiera esa entidad al servicio de un proyecto nacional. Sancionó la ley   
   de curso forzoso con inconvertibilidad de la moneda en metálico para   
   detener la estruendosa fuga de capitales –episodio final de todas las   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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