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   Message 40,494 of 40,993   
   rafa to All   
   en otro mando el link   
   06 Feb 13 22:51:29   
   
   XPost: soc.culture.argentina   
   From: rafa@msn.com   
      
   El insulto   
      
     Por Mario Goloboff *   
      
     El insulto muestra, de la manera más despiadada con su propio emisor,   
   de la manera acaso más patética, la escasez de lenguaje, es decir, de   
   pensamiento. Es una de las formas más primitivas, menos elaboradas (más   
   apasionadas, es cierto, pero también más elementales), en la escala   
   biológica, de expresión de un sentimiento. Quizás solo le sea semejante   
   el grito.   
      
     Y, hay que admitirlo, emana de la parte menos alta, menos inteligente   
   de nosotros como seres humanos. Puesto que está hecho con lenguaje casi   
   onomatopéyico, casi visceral, cercano a la interjección, vecino de la   
   exclamación, confesadamente impotente, reconocidamente pobre. Por eso,   
   viviendo o circulando en el extranjero, solo puede pronunciarse, para   
   sentirse que se pronuncia, en lengua materna, porque va unido a lo más   
   primigenio. A lo que viene de la cuna, de la sangre.   
      
     El insulto a una mujer, cualquiera sea, a las mujeres, en el que   
   además se vincula permanentemente con atributos o cuestiones sexuales,   
   pone de relieve el carácter profundamente atrasado de una formulación   
   que se utiliza desde los tiempos bíblicos. (¿No es acaso “hijo de puta”   
   la vuelta de tuerca de “hijo de la Virgen”, derivado, como los demás,   
   casi todos de la necesidad de transgredir la interdicción bíblica de   
   pronunciar el nombre de Dios?) Como enseña el sabio lingüista Emile   
   Benveniste sobre la blasfemia, “es un proceso de lenguaje; ella   
   consiste, en cierto modo, en reemplazar el nombre de Dios por su ultraje”.   
      
     Aquella débil constitución lingüística permite al emitente o a sus   
   cómplices decir por ello que el insulto es algo “que salió, que se dejó   
   escapar” y de lo cual “uno puede arrepentirse, pedir perdón, reconocer   
   que se le fue la mano...”. (O, más bien, que se le fue la lengua...)   
      
     Pero, precisamente ¿en qué se le fue “la mano”? ¿En pensarlo, en   
   decirlo, en ambas cosas...? No deja de ser enigmático, aunque me inclino   
   por la primera hipótesis. Debe ser más bien en pensarlo. Porque el   
   insulto no comunica nada, ninguna circunstancia precisa, ningún hecho,   
   ninguna consideración. Es la expresión de un pensamiento (si puede   
   llamársele graciosamente así), de un sentimiento; es la expresión misma;   
   el insulto es, puramente, expresivo. Por eso también la desconfianza que   
   infunden los “arrepentimientos”, puesto que ¿cómo puede arrepentirse uno   
   de pensar?   
      
     Comprendo, sí, que estas son cuestiones que solo pueden plantearse los   
   intelectuales, los “cabezas de huevo” (como llamaban los macarthistas a   
   sus sospechosos), vamos, pero no los seres de carne y hueso, la gente   
   del común, los correctos ciudadanos, los hombres de la calle, hasta los   
   humoristas, claro, que saben muy bien y siempre dónde están parados.   
      
     Aunque, vacilo, y hasta me cuestiono y me desdigo: ¿dónde están   
   parados? ¿Allí donde están hablados...?   
      
      
     04/02/13 Página|12   
      
   --- SoupGate-Win32 v1.05   
    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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