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|    IVANIVAN555@aol.com to All    |
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|    23 Mar 14 05:44:14    |
      Sábado, 22 de Marzo, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                      MALASIA, SIN SABER MÁS DE SUS DESAPARECIDOS: Deseamos expresar nuestro amor,       condolencias y oraciones a cada una de las familias que tiene ya algunos días       de no saber si sus muy amados y amistades han desaparecido en el mar entre       Malasia y Vietnam o que        aún están vivos en algún lugar, secuestrados. Nosotros esperamos por lo mejor,       y esto es que aún estén vivos en algún lugar secuestrados por algún grupo       terrorista, por ejemplo.               Pero hasta el momento, no se sabe mucho de la desaparición súbita del vuelo MH       370 con más de 230 pasajeros y tripulantes con destino a Beijín, en China. En       momentos así, nosotros tenemos que confiar en nuestro Padre celestial que está       en el cielo, por        medio de su Hijo Jesucristo, porque solamente él puede enviar su Espíritu       Santo al corazón de cada uno de todos ellos, para infundirles el amor que       ustedes sienten por ellos--al no saber nada de su destino final.               Porque si ellos cayeron al agua, porque el avión en que viajan perdió altura,       y descendió al mar repentinamente, siendo un avión moderno y tripulado por       expertos aviadores, entonces nuestro Padre celestial los recogió para él y       para su nueva vida        gloriosa del nuevo reino angelical, por medio de la vida todopoderosa,       resucitada y gloriosa de su Hijo Jesucristo. Visto que, nuestro Padre       celestial envió a su Hijo Jesucristo ha nacer del vientre virgen de la hija de       David, por medio del poder del Espí       ritu Santo de los Diez Mandamientos, para que introduzca en la humanidad la       vida eterna cubierta con su carne santa, sus huesos intactos y su sangre       redentora, para vencer al mal, y rescatarnos con salvación eterna.               Ya que, no es la voluntad de nuestro Padre celestial, ni de su Hijo       Jesucristo, ni de su Espíritu Santo que ninguna alma de todas las familias de       las naciones se pierda, por culpa del pecado de Adán y Eva cuando creyeron en       Satanás que les decía que podí       an comer del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal.       Tempranamente, nuestro Padre celestial envió a su Hijo Jesucristo al mundo,       para que existiese en Israel la vida escrita en las dos tablas de la Ley por       su mismo dedo, la cual si        podía vencer a Satanás y sus mentiras para siempre, para que toda alma del       hombre pueda entonces al fin comer del fruto del árbol de la vida       infinitamente.               Por cuanto, si Adán y Eva se perdieron en el paraíso al comer del fruto       prohibido, el cual nuestro Padre celestial les había mandado que no comiesen       de él jamás, para que no mueran, entonces en la tierra si el alma del hombre       come del fruto de vida, el        cual es nuestro Señor Jesucristo, pues ciertamente vivirá para regresar al       paraíso inmediatamente. Por lo tanto, confianza tenemos en nuestro Padre       celestial que ha enviado a su Hijo Jesucristo para cuidar de cada alma del       hombre, de la mujer, del niño y        de la niña de todas las familias, para que si Satanás se les ha acercado con       sus mentiras de siempre, entonces él mismo los rescate del mal más terrible       que estén viviendo.               Ciertamente, para nuestro Padre celestial nada es imposible, sino que todas       las cosas le son posibles para él, y siempre por medio de la vida gloriosa de       su Hijo Jesucristo como nuestro sumo sacerdote y Cordero con la sangre       santísima que nos limpia de        pecado en todo momento en la tierra y para la eternidad, en el reino de los       cielos. Puesto que, todo trabajo de poder y de santidad perfecta ya lo logró       nuestro Padre celestial, por medio de su Hijo Jesucristo, para que sólo su       Hijo entonces sea la        puerta, el camino, la verdad y la vida para que el alma del hombre pueda       ascender al reino angelical, y entrar en su presencia santísima de la vida       eterna para siempre.               Y lo único que nuestro Padre celestial espera de cada uno de nosotros, es tan       sólo creer en la gran obra salvadora que su Hijo Jesucristo ya alcanzó para       limpiarnos de todo pecado y así bendecirnos grandemente con su santidad       perfecta que nos da vida        eterna, para jamás morir para el pecado, sino vivir infinitamente por su amor       y por gracia imperecedera. Toda ésta gran obra salvadora, nuestro Padre       celestial la empezó con cada uno de todos nosotros, cuando se sentó con       Abraham y sus compañeros a comer        de la Mesa del Señor, el pan y el vino de la mano de su Hijo Jesucristo que no       solamente le servia a su Padre primeramente, sino también a Abraham y a todos       los demás.               Y cuando todos comían con nuestro Padre celestial y con su Hijo Jesucristo que       servia el pan y el vino como la Santidad de Dios en la tierra y en el cielo,       entonces todos comimos santidad perfecta de día en día y hasta siempre; porque       lo que nuestro Dios        empezó en aquellos días lo hizo para todo el mundo, para la eternidad. Y       porque nuestro Padre celestial estableció un Pacto de Vida Eterna con Abraham       y sus amistades, entonces Isaac su hijo nació milagrosamente del vientre       muerto de su esposa Sarah,        para no solamente darle vida a su familia, sino también a todas las familias       de las naciones: porque luego Jesucristo nace del vientre virgen de la hija de       David, para redención eterna.               Además, porque nuestro Señor Jesucristo nació del vientre virgen de la hija de       David, entonces la humanidad entera, desde el día que Adán y Eva pecaron en el       paraíso, desobedeciendo a Dios, cuando les decía que no comiesen jamás del       fruto prohibido,        tiene en estos días un cuerpo sin pecado, con huesos intactos y sangre       salvadora para ser nuestro sumo sacerdote perpetuamente. Y es precisamente       éste sumo sacerdote que nosotros necesitábamos, para no solamente cumplir con       el Espíritu Santo de los        mandamientos, sino también glorificarlos grandemente en nuestros corazones y       en nuestras vidas (terrenales y celestiales), para que él mismo tome su lugar       de nuevo en el cielo, en el Lugar Santo de los Santos, para abogar por       nosotros constantemente        delante de nuestro Padre celestial.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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