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   Message 40,571 of 40,993   
   IVANIVAN555@aol.com to All   
   =?ISO-8859-1?Q?=28IV=C1N=29=3A_NUESTRAS_   
   09 Aug 14 08:43:09   
   
   Sábado, 09 de Agosto, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,   
   Ecuador-Iberoamérica    
      
   (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)    
      
   NUESTRAS CONDOLENCIAS A LAS FAMILIAS Y SUS DESAPARECIDOS: Deseamos expresar   
   nuestro amor, condolencia y oraciones delante de nuestro Padre celestial, en   
   el nombre bendito de su Hijo Jesucristo, por cada una de las familias de   
   Yunnan, China, en donde como    
   615 de sus amados desaparecieron en un terremoto que desbasto grandemente su   
   región meridional de esta provincia. En estos días, cada uno de ellos se   
   encuentra en la presencia santísima de nuestro Padre celestial, porque su Hijo   
   Jesucristo descendió a    
   vivir sus vidas en la tierra prometida, por los poderes asombros del Espíritu   
   Santo, para que ellos tengan vida, y puedan regresar a sus lugares de origen   
   del reino de los cielos.    
      
   Visto que, cuando el Espíritu Santo accedió en el vientre virgen de la hija de   
   David, para cumplir con la Escritura, entonces entró para darnos al Hijo de   
   Dios con la sangre sagrada, huesos inquebrantables y sangre santísima llena de   
   vida eterna y salud    
   para cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones,   
   empezando por Israel. Éste es nuestro Salvador Jesucristo, quien no solamente   
   nació del vientre virgen de la hija de David por el Espíritu Santo, sino que   
   también nos trajo su    
   cuerpo santo y libre de toda mentira del enemigo, para no solamente vivir   
   nuestras vidas santas, sino también para ser nuestro Cordero con la sangre que   
   nos limpia de todo pecado, para la eternidad.    
      
   Y en su vida santísima no solamente la vivió Jesucristo para complacer a   
   nuestro Padre celestial que está en el cielo, sino también para cumplir con el   
   Espíritu Santo de los Diez Mandamientos, para que postreramente sea   
   glorificada en el corazón de    
   nuestro Padre y asimismo en el de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las   
   familias de las naciones. Porque era necesario no solamente cumplir cabalmente   
   con el Espíritu Santo de los Mandamientos delante de nuestro Padre celestial   
   que está en el    
   cielo, sino también en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de todas   
   las familias de la Tierra, para que finalmente él pueda ponerle fin al pecado   
   sobre el holocausto que el hombre tenia para él.    
      
   Y éste holocausto es un holocausto santo que el hombre pecador de toda la   
   tierra tenia que llevarlo acabo sobre el monte santo de Jerusalén, en Israel,   
   para que el Hijo de Dios, nacido por el poder del Espíritu Santo del vientre   
   virgen de la hija de    
   David, entonces pueda derramar su sangre bendita del pacto para el perdón de   
   pecados. Y ésta sangre expiatoria, libre de toda mentira y mal del enemigo de   
   las almas (Satanás), tenia que ser vertida por completo sobre los cuerpos ya   
   sin vida de Adán y Eva,   
    cruzados sobre el monte santo de Jerusalén como pacto eterno de sangre, para   
   el fin del pecado y reconciliación eterna con nuestro Padre celestial que está   
   en el cielo.    
      
   Además, nuestro Señor Jesucristo tenia que derramar su sangre santísima sobre   
   los cuerpos cruzados y sin vida de Adán y Eva sobre el monte santo de   
   Jerusalén, porque éste es un holocausto muy especial que nuestro Padre   
   celestial se lo pide al hombre    
   inicialmente que lo haga ya, después de haber leído la Ley toda, y adorado a   
   él como su salvador. Visto que, cuando leemos los Mandamientos en el capitulo   
   20 de Éxodo, entonces después de haberlos leído cabalmente, nuestro Padre   
   celestial nos pide que    
   hagamos un altar de tierra, para ofrecer nuestros holocaustos de paz y de   
   comunión para con él, ofreciendo así nuestro sacrificio de derramar la sangre   
   expiatoria a tierra, para que nuestros pecados sean perdonados y borrados   
   perpetuamente.    
      
   Y, además, nuestro Padre celestial nos dice a donde sea que yo haga recordar   
   (grabar, clavar, sellar, establecer, poner) mi nombre santo, entonces tú me   
   invocaras, y yo vendré a ti, y te bendeciré. Y es precisamente éste holocausto   
   de su Hijo Jesucristo    
   que nuestro Padre tenia en mente y en su corazón establecido, clavado,   
   sellado, de que se llevase acabo lo más pronto posible, para que el pecado   
   tenga su fin y así perdonar los pecados de todos los hombres, mujeres, niños y   
   niñas de todas las familias    
   de las naciones, empezando por Israel.    
      
   Por esta razón, nuestro Padre celestial le decía a los Hebreos, por ejemplo,   
   no iré con ustedes por el desierto del Sinaí hacia la tierra prometida, porque   
   quizás por el camino me vayas a ofender como ya lo han hecho y ahí los mate   
   mucho antes de entrar    
   a la tierra promedia, sino que mi Ángel (Jesucristo) ira por mí, en mi lugar.   
   Mi Ángel ira delante de ustedes para guiarlos por el desierto del Sinaí hasta   
   entrar en la tierra promedia, prometida a Abraham y a sus descendientes para   
   siempre, para que    
   tengan una tierra santa y escogida por Dios mismo, para que empiecen a vivir   
   desde ya su vida eterna y así entrar al reino de los cielos infinitamente   
   bendecidos para la eternidad.    
      
   Pero tengan mucho cuidado de obedecer todo lo que mi Ángel les diga, porque él   
   lleva mi santo nombre en su corazón sellado, por sus venas y por donde toda su   
   sangre corre por todo su cuerpo, y de los que creen igual, y él no les   
   perdonara sus pecados y    
   rebeliones, sino que los castigara, les aseguraba nuestro Padre celestial. Y   
   nuestro Señor Jesucristo, como el Ángel de Dios, lleva por siempre el nombre   
   santo de nuestro Padre celestial no solamente para introducir a los Hebreos en   
   la tierra prometida,    
   sino también para ir con el nombre de nuestro Padre celestial ha ser clavado   
   sobre los árboles secos y sin vida de Adam y Eva sobre el monte santo de   
   Jerusalén.    
      
   Porque cuando nuestro Señor Jesucristo fue clavado a los árboles cruzados de   
   Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, entonces el nombre de nuestro   
   Padre celestial fue clavado a los cuerpos inertes de ellos también, y para   
   siempre, para que jamás    
   vuelvan a dar ni un solo paso más en sus vidas, sin su nombre santo viviendo   
   en sus cuerpos. Ahora, Adán y Eva tenían que tener el nombre de nuestro Padre   
   celestial clavados a ellos, por medio del cuerpo sin pecado y sangre santísima   
   de nuestro Señor y    
   salvador Jesucristo, porque desde el día que pecaron en el paraíso, al comer   
   del fruto prohibido, entonces ya no podían arrepentirse de su pecado ni menos   
   invocar el nombre santo para salvación.   
      
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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