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|    20 Aug 16 19:09:34    |
      Sábado, 20 de Agosto, 2016 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                      EN BAUTISMO: CAMBIAS INFIERNO, ENFERMEDAD, POBREZA, POR VIDA Y RIQUEZAS:               Toma a tu único hijo Isaac, al que amas mucho, y llévalo a la tierra del       Moriah al monte del que por siempre te hablare de él: Tú tienes que       sacrificarlo como en un sacrificio encendido en fuego, que jamás será       apagado delante de mí hacia toda la        eternidad venidera—nuestro Padre celestial empezaba a fundar a la nación       hebrea, para siempre. Nuestro Padre celestial necesitaba que Abraham levantara       sobre el monte alto a su hijo Isaac, que realmente es su Hijo Jesucristo en la       carne sagrada, los        huesos inquebrantables y la sangre reparadora, formando así la extensión de       su familia divina en las naciones, pero también a Israel que eventualmente le       servirá a él y a su nombre bendito sobre el monte Sión, perpetuamente.              Nuestro Padre celestial estaba contentó con Abraham al ascender sobre el       monte Sión, descansando sobre el Moriah, porque éste es el lugar escogido no       solamente para orar sobre Isaac, que realmente es cada hombre, mujer, niño y       niña de las doce        tribus de Israel, para que reciban sus bendiciones del pacto, pero también       clavarlos a la carne sagrada de vida eterna, perpetuamente. Nuestro Padre       celestial es el que estaca la carne sagrada de su Hijo Jesucristo no solamente       a Adán y a Eva sobre el        altar del amor prehistórico, descendió del cielo, pero también a cada hueso       del Valle de los huesos secos (Ezequiel 37), para que su Jesucristo derrame su       sangre reparadora sobre ellos, entregándoles así vida eterna, aunque estén       muertos aún.              Visto que, nuestro Padre celestial estaba uniendo no solamente a la nación de       Israel, como la casa de Israel que está muerta en el Valle de los huesos       secos, para que regresen a la vida pronto, pero también a Adán y a Eva,       porque él le prometió a        Abraham que él seria padre de una gran nación, y así también de muchas       más. Por ello, sobre el monte alto cuando Abraham ascendía con Isaac para       ponerlo sobre el leño del altar del amor prehistórico, descendido del cielo,       y que él tenía que        encenderlo para la eternidad, entonces nuestro Padre celestial hizo sus       oraciones, derramando así sus lagrimas de amor para recoger a Israel y a las       naciones que han aprendido amarlo, servirle y glorificarlo, perpetuamente.              Nuestro Padre celestial estaba fundando una gran nación eterna entre Israel y       las familias de las naciones, que habían aprendido a amarlo, servirle, y       glorificarle a él y a su nombre bendito sobre el monte santo de Jerusalén y       su altar del amor        prehistórico, descendido del cielo, enriqueciendo así a su nuevo reino del       cielo con sus hijos legítimos. Estos son los hombres, mujeres, niños y       niñas que han aprendido a bautizarse en su nombre bendito de su Hijo       Jesucristo y del Espíritu Santo,        para abandonar debajo del agua la carne pecadora con todos sus días malos,       que Satanás estaba listo para introducirlos en sus vidas: robándoles,       matándolos y destruyéndolos por completo con sus falsedades de siempre.              Visto que, solamente por bautismo de agua es que tú no solamente podrás       desgarrarte de la carne pecadora y los días malos, renaciendo de la carne       sagrada que nuestro Padre celestial convino con Abraham, entregándole así a       todos los hijos vida eterna        junto con el privilegio de vivir en la Nueva Jerusalén celestial, pero       también para entrar en su presencia santísima, eternamente justificados. Y,       es aquí, en la presencia santísima de nuestro Padre celestial, en donde no       solamente Isaac, como su        Hijo Jesucristo en la carne sagrada, los huesos inquebrantables y la sangre       reparadora, es el epicentro del altar del amor prehistórico, pero también es       el fuego de cada hombre, mujer, niño y niña nacidos de Israel y de las       familias de las naciones        redimidas.              Esto significa, que al nuestro Padre celestial tener a Abraham ascendiendo al       monte Sión, descansando sobre el Moriah, entonces él no solamente trajo con       él a su único hijo Isaac, pero también la vida gloriosa del Santo de Israel       y de los hijos por        nacer junto con los hijos de las naciones, tendidos todos sobre el altar, para       encender su gran fuego perpetuo. Esto nos dice también, que cada vez que el       fuego del altar prehistórico, descendido del cielo, arde apasionadamente,       entonces esto        significa que cada hombre, mujer, niño y niña de todo Israel está ardiendo       junto con los hijos de las familias de las naciones, que nuestro Padre       celestial ha llamado a renacer de la carne sagrada, salvándose así todo       creyente del mal, perpetuamente.                      En estos días, tú estás listo para experimentar el amor encendido, que       nuestro Padre celestial empezó no solamente con Abraham e Isaac, cuando ambos       ascendieron el monte santo para encender el fuego que hasta nuestros días       nadie ha podido        extinguirlo, porque es nuestro Padre celestial el que te tiene encendido en su       fuego, dándote salvación con bendiciones diarias, hacia la eternidad. Es       decir, que nuestro Padre celestial tenia que tenerte a ti junto con Israel y       las familias de las        naciones, ardiendo en su gran fuego de amor prehistórico sobre su monte       santo, para que él no solamente te clave al pacto de la carne sagrada de su       Hijo Jesucristo, pero también salpicó la sangre sobre ti, perdonándote así       con su misma vida eterna.              Visto que, cuando nuestro Padre celestial clavó a su Hijo Jesucristo sobre       los huesos secos de Adán y Eva, entonces alzó la casa de Israel del Valle de       los huesos secos, clavándolos a todos ellos juntos sobre el madero como una       gran familia de sus        sueños finalmente unida, derramando la sangre reparadora abundantemente sobre       ti, para que tengas vida eterna, siempre. Ahora, nuestro Padre celestial tenia       que tener a su Hijo Jesucristo clavado a Adán y a Eva junto con los huesos de       la casa de Israel,        del Valle de los huesos secos, porque él era el único con el derecho       eterno, de acuerdo al pacto de vida con Abraham, para derramar la sangre       reparadora: quitando así todo pecado, maldiciones, enfermedades, pobreza y       muerte, perpetuamente.                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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