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|    valarezo7@hotmail.com to All    |
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|    27 Nov 18 16:25:01    |
      Sábado, 24 de Noviembre, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica              (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)              EL PADRE TE SANA DIARIAMENTE CON ISRAEL ANTIGUO: COMO EL DULCE MADERO SOBRE EL       MONTE SANTO DE JERUSALÉN:              Después que nuestro Padre celestial le habló a Moisés sobre el monte       Sinaí, entonces, fue para que él vaya con los líderes israelís a       encontrarse con el Faraón egipcio, porque él tenía que dejar ir ya a Israel       hacia el desierto: ofreciendo        sacrificios al Dios de sus antepasados, porque los días de adorar a su santo       nombre fuego sobre la tierra habían llegado. Estos fueron los días en que       nuestro Padre celestial ya había entregado su santo nombre a Moisés, como el       Dios de Abraham, el        Dios de Isaac y el Dios de Jacobo: porque ahora ellos estaban listos para       amar, servir y alabarlo sobre el monte santo de Jerusalén, en donde Él mismo       estaría sobre todo lo alto de la tierra con ellos.              Este fue un sacrificio importante: en donde todo Israel antiguo estaba       obligado a ejecutarlo sobre el monte santo de Jerusalén con toda perfección,       gloria perfecta y vida eterna, porque Él estaba exaltando no solamente su       santo nombre fuego sobre las        naciones, pero igualmente su nueva tierra con sus cielos gloriosos, nacido del       vientre estéril de Sarah, al nacer su Hijo Jesucristo como Isaac. En estos       días, toda la casa de Israel ya había vivido los cuatrocientos años del       cautiverio egipcio, que        nuestro Padre celestial le hablo a Abraham, cuando sacrificaba los tres       carneros con sus mitades opuestas una a otra sobre la roca de salvación junto       con dos pichones sin cortar, para luego Él regresar con su antorcha, expiando       los pecados del mundo        entero.              Esta antorcha encendida que nuestro Padre celestial trajo con Él en aquella       noche, expiando pecados del mundo entero con las mitades de los carneros       opuestas una a otra, fue su primogénito Jacobo junto con sus hijos que       nacerían en el cautiverio        egipcio con el Juramento a Isaac, acumulando cada pecado de las familias de       las naciones yaciendo ya en el infierno. Este fue el tiempo apropiado para       nuestro Padre celestial finalmente entregarle a Moisés su santo nombre fuego       por primera vez para que        Israel lo posea eternamente, porque toda la casa de Israel había nacido en el       cautiverio egipcio con las bendiciones del Juramento a Isaac, pero sin su       nombre todopoderoso, por lo tanto, ahora Él se los podía entregar a todos       ellos.              Entendiendo que, Israel necesitaba vivir inicialmente todo el tiempo del       cautiverio egipcio sin su santo nombre fuego, para que ellos puedan acumular       cada pecado de todas las familias de las naciones (aunque estén en el       infierno), porque nuestro Padre        celestial con poderes cotidianos del Juramento a Isaac entonces podía       destruirlos en el lecho marino en un bautismo de agua solamente, para siempre.       Por eso, nuestro Padre celestial no le podía dar a Jacobo y a sus hijos su       santo nombre fuego antes que        los años del cautiverio egipcio se cumplan, porque si Él se los hubiese       entregado antes, entonces, ellos hubiesen fallado en acumular cada pecado de       las familias de las naciones para tirarlos en el Mar Rojo, en el bautismo de       agua obligatorio.              Realmente, fue importante para el Israel antiguo de estar cautivado en Egipto       con las bendiciones del Juramento a Isaac, pero sin el santo nombre fuego y       sus poderes, para que el Plan Redentor obre eficientemente, porque ellos       seguidamente serian        bautizados en agua como sumos sacerdotes derramando sangre expiatoria de       corderos por todo el desierto del Sinaí antes de entrar a Canaán. En buen       tiempo, la casa de Israel necesitaba empezar a ministrar ante nuestro Padre       celestial con poderes de su        Juramento a Isaac no solamente como sumos sacerdotes sobre la tierra, pero       igualmente, como sus únicos mediadores posibles, en aquellos días, para las       gentes yaciendo ya en el infierno tormentoso (por culpa del pecado), y así       también para sus hijos        en todas las naciones.               Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesitaba oraciones, mediaciones y       ruegos importantes por cada alma viviente de la humanidad entera, y su       sanidad, desde cuando Adán y Eva descendieron del paraíso, y así, remover       todo pecado impidiendo que su        santo nombre sea amado, servido y exaltado sobre el monte santo de Jerusalén       por sus hijos, así como es con sus huestes angelicales del cielo. Realmente,       nuestro Padre celestial estaba preocupado por el bienestar de cada uno de sus       hijos, nacidos de su        imagen y de su alma viviente en la gloria angelical, como cuando dijo a su       Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo, descendamos a crear al hombre en       nuestra imagen y semejanza, y así, sea él uno como nosotros conociendo el       bien y el mal.              Ciertamente, nuestro Padre celestial creó a cada hombre, mujer, niño y       niña, empezando con Adán y luego a Eva junto con sus hijos en su perfecta       imagen y semejanza de su alma viviente, y así, ellos sean sus hijos de su       familia divina conociendo el        bien y el mal, como su Hijo amado y su Espíritu Santo los conocen en su reino       eterno. Sin embargo, desde que Adán y Eva comieron del fruto prohibido del       árbol de la ciencia del bien y del mal, empezando así a vivir rebeldes como       Lucifer había        empezado su vida en el reino angelical ante huestes angelicales, entonces, Él       actuó en su mejor forma posible para rescatarlos, y la única manera de       hacerlo así postreramente fue con su tierra nueva.              Realmente, esta es una tierra con cielos gloriosos, naciendo de su santo       corazón fuego, como el Juramento a Isaac, en donde únicamente sus palabras       vivas reinaran su vida eterna junto con bendiciones de riquezas insondables,       descendiendo sobre sus        huestes angelicales, pero igualmente sobre sus hijos, redimidos de la tierra       vieja: amando, sirviendo y alabándolo a Él sobre el monte santo de       Jerusalén perpetuamente. Por eso, es que nuestro Padre celestial después que       le había confiado a Abraham        a su Hijo Jesucristo como Isaac, naciendo del vientre estéril de Sarah, por       poderes cotidianos del Espíritu Santo, entonces: Él lo hizo así para tener       a su primogénito de su tierra nueva, que fue Jacobo inicialmente, seguido por       muchos hijos        incontables como las estrellas del cielo, hasta hoy.                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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