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|    IVAN VALAREZO to All    |
|    (IVÁN): ALABAR A DIOS ES VIVIR (1/10)    |
|    11 Mar 07 05:50:19    |
      From: valarezo7@hotmail.com              Sábado, 10 de marzo, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,       Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica                     (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)                            ALABAR A DIOS ES VIVIR              De tanto Dios ver a los ángeles alabar y honrar su nombre, a       través de los siglos de la antigüedad, entonces pensó por vez       primera por el hombre del paraíso. Y cuando Dios pensó en el       hombre, no pensó en él, como un ángel más de sus millares de       huestes celestiales, sino alguien igual a Él, en su imagen y       conforma a su semejanza santa. (Y en éste preciso día,       nuestro Dios pensó en ti, mi estimado lector, por amor a su       nombre santo.) Para que su nombre sea glorificado aun mucho       más que antes, con mayor gloria y con mayor honra infinita en       tu vida, llena por siempre de su Hijo amado, en tu corazón.              Es por eso, que el hombre de toda la tierra y sus       descendientes son muy importantes para nuestro Dios y hasta       aun más allá de la muerte. Ya que, Él nos había formado en su       corazón santo, lleno del espíritu de su Hijo amado, el Señor       Jesucristo, para que seamos sus siervos y sus siervas fieles,       así como su Hijo amado ha sido fiel para con Él, desde       siempre y hasta nuestros días. Por lo tanto, la fidelidad del       Señor Jesucristo es tan alta, como ninguna otra, que nuestro       Dios jamás la cambiara por la de ningún ángel del cielo ni       por la de ningún hombre de la tierra, por ejemplo.              Y ha sido así, como nuestro Dios ha creado al hombre y a la       mujer en sus manos santas, para que cada uno de ellos y con       sus descendientes, en sus millares, en toda su creación,       entonces le sea fiel, tan fiel por siempre, como su Árbol de       vida, como su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y para cada       uno de nosotros ser, como el Señor Jesucristo delante de su       presencia sagrada, entonces por nuestros corazones, por       nuestras venas y por todos nuestros cuerpos, corporales e       espirituales, tiene que correr el espíritu de la sangre viva       del sacrificio eterno de Jesucristo, ni más ni menos.              El sacrificio sobrenatural, para cumplir la Escritura, el       cual se llevo acabo sobre la cima de la roca eterna, en las       afueras de Jerusalén, en el día de la única crucifixión       redentora, en Israel, para ponerle fin a la vida del pecado y       la rebelión del hombre. Y así entonces cambiar a la humanidad       entera, en aquel hombre y en aquella mujer, uno a uno de       todos ellos, de los cuales Dios había creado con sus manos       santas y limpias de toda inmundicia, para que le alaben, le       conozcan y le sirvan eternamente y para siempre, en su nueva       vida infinita del nuevo reino de los cielos.              Entonces los cielos, ciertamente, celebrarán gozos, oh Dios       nuestro, tus maravillas y tus muchas grandezas de siglos de       antaño; y tu fidelidad se manifestara como siempre día y       noche en la congregación de los justos, de los que aman tu       verdad y tu justicia infinita, para que sus corazones y sus       almas sean por siempre edificadas, sólo en tu nombre sagrado.       Porque los cielos son creación de tu palabra, por tanto, te       adoraran como siempre, desde la eternidad y hasta la       eternidad, en el corazón de ángeles, y así también de       hombres, mujeres, niños y niñas, del espíritu de la fe, de la       sangre de tu "Cordero Escogido", el único Santo de Israel y       de la humanidad entera, ¡el Señor Jesucristo!              Ya que, los cielos anuncian día y noche de las grandezas       inescrutables de tu palabra sobrenatural y toda poderosa,       también, oh Dios nuestro, para que todos conozcan que sólo tú       eres el Soberano del cielo y de sus profundas inmensidades y       con todas sus cosas, de las que se ven y de las que no (se       ven). Porque si no fuera por el poder sobrenatural de tu       palabra, oh Señor nuestro, entonces los cielos saben muy bien       que no podrían existir jamás; en verdad, todo fuese un vacío       y silencio inmenso sin vida alguna ni nada de nada, en su       inmensidad.              Entonces los cielos por siempre te rinden gracia y honra a tu       palabra viva y a tu nombre santo, por tu poder y por tu       grandeza infinita, como Dios y Creador del paraíso y de toda       la tierra, también, para que el hombre viva y conozca más de       ti, a través de tu gran firmamento de gran envergadura, por       ejemplo. Y todo este conocimiento celestial es manifestado       sólo en el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la       niña, de entre los que verdaderamente te aman, en el espíritu       y en la verdad viviente del espíritu y de la sangre de vida y       de salud eterna de tu Árbol Viviente, tu Hijo, oh Dios, ¡el       Señor Jesucristo!              Por cuanto, la verdad es que toda la creación ama a su Dios y       Creador de todas sus cosas, como, pléyades, constelaciones,       planetas con sus lunas, Vía láctea, nebulosidades de colores       fenomenales de materias interestelares, galaxias y sus       millares de estrellas, en su inmensa bóveda celestial, de las       que se ven y de las que no (se ven), también. Y hasta que ese       día del SEÑOR llegue, entonces toda la creación ha de seguir       llorando con gemidos indecibles delante de su presencia, para       ser liberado del poder del espíritu de error y de maldad del       pecado de Lucifer, en el corazón de cada uno de sus seres       amados, ángeles y hombres, mujeres, niños y niñas, de la       humanidad entera.              Porque también todos los cielos claman por la justicia de       Dios, con gemidos y lagrimas, ya que Lucifer les ha hecho       tanto daño con su pecado y con su presencia abominable en las       alturas, para pecar no sólo en contra de su Creador, sino       también de todas las cosas celestiales del más allá. Por       ello, el espíritu de la sangre bendita, del pacto eterno de       Dios y del hombre, es muy importante para que esté en el       cielo y por toda la tierra, también, para limpiar y liberar       al hombre con todas sus cosas, de los poderes de las       profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos del       más allá, por ejemplo.              Pues el espíritu de fe, de la sangre bendita del Señor       Jesucristo, no sólo libera al hombre de su pecado y de su       muerte eterna, en la tierra y en el más allá, también, como       en el infierno o como en el lago de fuego, sino también a los       cielos y a sus cosas de las alturas eternas de Dios. De las       alturas del más allá del cielo, como de los primeros días de       la antigüedad, por ejemplo, en donde nuestro Dios y su Árbol       de vida eterna siempre han habitado, en perfecta armonía con       las cosas y con su Espíritu Santo, rodeado de sus ángeles,       alabando y honrado día y noche el nombre glorioso de nuestro       Dios Eterno.              Por esta razón, los cielos han de celebrar por siempre la       gloria infinita de la palabra creadora de nuestro Dios y de       su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, en el corazón       de los ángeles y así también en el corazón de todos los       hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera.       Porque todo esto es gloria tras gloria, levantadas desde       nuestros corazones, por los cielos y todas sus cosas       universales, y aun hasta más allá del cielo más alto del       reino de los ángeles, por ejemplo, para exaltar aun mucho más       que antes el nombre sagrado de nuestro Dios y de nuestro       salvador eterno, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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