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   Message 842 of 2,060   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): ALABAR A DIOS ES VIVIR (1/10)   
   11 Mar 07 05:50:19   
   
   From: valarezo7@hotmail.com   
      
   Sábado, 10 de marzo, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,   
   Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica   
      
      
   (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)   
      
      
      
   ALABAR A DIOS ES VIVIR   
      
   De tanto Dios ver a los ángeles alabar y honrar su nombre, a   
   través de los siglos de la antigüedad, entonces pensó por vez   
   primera por el hombre del paraíso. Y cuando Dios pensó en el   
   hombre, no pensó en él, como un ángel más de sus millares de   
   huestes celestiales, sino alguien igual a Él, en su imagen y   
   conforma a su semejanza santa. (Y en éste preciso día,   
   nuestro Dios pensó en ti, mi estimado lector, por amor a su   
   nombre santo.) Para que su nombre sea glorificado aun mucho   
   más que antes, con mayor gloria y con mayor honra infinita en   
   tu vida, llena por siempre de su Hijo amado, en tu corazón.   
      
   Es por eso, que el hombre de toda la tierra y sus   
   descendientes son muy importantes para nuestro Dios y hasta   
   aun más allá de la muerte. Ya que, Él nos había formado en su   
   corazón santo, lleno del espíritu de su Hijo amado, el Señor   
   Jesucristo, para que seamos sus siervos y sus siervas fieles,   
   así  como su Hijo amado ha sido fiel para con Él, desde   
   siempre y hasta nuestros días. Por lo tanto, la fidelidad del   
   Señor Jesucristo es tan alta, como ninguna otra, que nuestro   
   Dios jamás la cambiara por la de ningún ángel del cielo ni   
   por la de ningún hombre de la tierra, por ejemplo.   
      
   Y ha sido así, como nuestro Dios ha creado al hombre y a la   
   mujer en sus manos santas, para que cada uno de ellos y con   
   sus descendientes, en sus millares, en toda su creación,   
   entonces le sea fiel, tan fiel por siempre, como su Árbol de   
   vida, como su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y para cada   
   uno de nosotros ser, como el Señor Jesucristo delante de su   
   presencia sagrada, entonces por nuestros corazones, por   
   nuestras venas y por todos nuestros cuerpos, corporales e   
   espirituales, tiene que correr el espíritu de la sangre viva   
   del sacrificio eterno de Jesucristo, ni más ni menos.   
      
   El sacrificio sobrenatural, para cumplir la Escritura, el   
   cual se llevo acabo sobre la cima de la roca eterna, en las   
   afueras de Jerusalén, en el día de la única crucifixión   
   redentora, en Israel, para ponerle fin a la vida del pecado y   
   la rebelión del hombre. Y así entonces cambiar a la humanidad   
   entera, en aquel hombre y en aquella mujer, uno a uno de   
   todos ellos, de los cuales Dios había creado con sus manos   
   santas y limpias de toda inmundicia, para que le alaben, le   
   conozcan y le sirvan eternamente y para siempre, en su nueva   
   vida infinita del nuevo reino de los cielos.   
      
   Entonces los cielos, ciertamente, celebrarán gozos, oh Dios   
   nuestro, tus maravillas y tus muchas grandezas de siglos de   
   antaño; y tu fidelidad se manifestara como siempre día y   
   noche en la congregación de los justos, de los que aman tu   
   verdad y tu justicia infinita, para que sus corazones y sus   
   almas sean por siempre edificadas, sólo en tu nombre sagrado.   
   Porque los cielos son creación de tu palabra, por tanto, te   
   adoraran como siempre, desde la eternidad y hasta la   
   eternidad, en el corazón de ángeles, y así también de   
   hombres, mujeres, niños y niñas, del espíritu de la fe, de la   
   sangre de tu "Cordero Escogido", el único Santo de Israel y   
   de la humanidad entera, ¡el Señor Jesucristo!   
      
   Ya que, los cielos anuncian día y noche de las grandezas   
   inescrutables de tu palabra sobrenatural y toda poderosa,   
   también, oh Dios nuestro, para que todos conozcan que sólo tú   
   eres el Soberano del cielo y de sus profundas inmensidades y   
   con todas sus cosas, de las que se ven y de las que no (se   
   ven). Porque si no fuera por el poder sobrenatural de tu   
   palabra, oh Señor nuestro, entonces los cielos saben muy bien   
   que no podrían existir jamás; en verdad, todo fuese un vacío   
   y silencio inmenso sin vida alguna ni nada de nada, en su   
   inmensidad.   
      
   Entonces los cielos por siempre te rinden gracia y honra a tu   
   palabra viva y a tu nombre santo, por tu poder y por tu   
   grandeza infinita, como Dios y Creador del paraíso y de toda   
   la tierra, también, para que el hombre viva y conozca más de   
   ti, a través de tu gran firmamento de gran envergadura, por   
   ejemplo. Y todo este conocimiento celestial es manifestado   
   sólo en el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la   
   niña, de entre los que verdaderamente te aman, en el espíritu   
   y en la verdad viviente del espíritu y de la sangre de vida y   
   de salud eterna de tu Árbol Viviente, tu Hijo, oh Dios, ¡el   
   Señor Jesucristo!   
      
   Por cuanto, la verdad es que toda la creación ama a su Dios y   
   Creador de todas sus cosas, como, pléyades, constelaciones,   
   planetas con sus lunas, Vía láctea, nebulosidades de colores   
   fenomenales de materias interestelares, galaxias y sus   
   millares de estrellas, en su inmensa bóveda celestial, de las   
   que se ven y de las que no (se ven), también. Y hasta que ese   
   día del SEÑOR llegue, entonces toda la creación ha de seguir   
   llorando con gemidos indecibles delante de su presencia, para   
   ser liberado del poder del espíritu de error y de maldad del   
   pecado de Lucifer, en el corazón de cada uno de sus seres   
   amados, ángeles y hombres, mujeres, niños y niñas, de la   
   humanidad entera.   
      
   Porque también todos los cielos claman por la justicia de   
   Dios, con gemidos y lagrimas, ya que Lucifer les ha hecho   
   tanto daño con su pecado y con su presencia abominable en las   
   alturas, para pecar no sólo en contra de su Creador, sino   
   también de todas las cosas celestiales del más allá. Por   
   ello, el espíritu de la sangre bendita, del pacto eterno de   
   Dios y del hombre, es muy importante para que esté en el   
   cielo y por toda la tierra, también, para limpiar y liberar   
   al hombre con todas sus cosas, de los poderes de las   
   profundas tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos del   
   más allá, por ejemplo.   
      
   Pues el espíritu de fe, de la sangre bendita del Señor   
   Jesucristo, no sólo libera al hombre de su pecado y de su   
   muerte eterna, en la tierra y en el más allá, también, como   
   en el infierno o como en el lago de fuego, sino también a los   
   cielos y a sus cosas de las alturas eternas de Dios. De las   
   alturas del más allá del cielo, como de los primeros días de   
   la antigüedad, por ejemplo, en donde nuestro Dios y su Árbol   
   de vida eterna siempre han habitado, en perfecta armonía con   
   las cosas y con su Espíritu Santo, rodeado de sus ángeles,   
   alabando y honrado día y noche el nombre glorioso de nuestro   
   Dios Eterno.   
      
   Por esta razón, los cielos han de celebrar por siempre la   
   gloria infinita de la palabra creadora de nuestro Dios y de   
   su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, en el corazón   
   de los ángeles y así también en el corazón de todos los   
   hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera.   
   Porque todo esto es gloria tras gloria, levantadas desde   
   nuestros corazones, por los cielos y todas sus cosas   
   universales, y aun hasta más allá del cielo más alto del   
   reino de los ángeles, por ejemplo, para exaltar aun mucho más   
   que antes el nombre sagrado de nuestro Dios y de nuestro   
   salvador eterno, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!   
      
      
   [continued in next message]   
      
   --- SoupGate-Win32 v1.05   
    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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