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|    IVANIVAN555@aol.com to All    |
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|    11 Jun 15 21:23:44    |
      Sábado, 06 de Junio, 2015 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                     TODA LA SANGRE DE JESUCRISTO ESPERA POR TI SOBRE SU MONTE SANTO:              Ésta es la tierra que fluye leche y miel, la cual nuestro Padre celestial se       la ofreció inicialmente a Abraham, a Isaac y a Jacobo, porque es en donde su       Hijo Jesucristo nacería del vientre virgen de la hija de David, para       finalmente establecer        eternamente su nombre santísimo sobre los árboles cruzados de Adán y Eva,       sobre el monte santo de Jerusalén. Por lo tanto, ésta fue la razón porque       nuestro Padre celestial descendió sobre su monte santo y las tres cruces del       reino con su Hijo Jesucristo        en medio, descansando sobre el Sinaí, para hablarle a Moisés y con el mismo       Espíritu Santo con que le habló a Jacobo inicialmente, confirmando así la       tierra prometida y con todas sus familias, para la eternidad.               Porque esta tierra santísima jamás produciría leche y miel para Israel ni para       ninguna de las naciones de toda la tierra, a no ser que sea plantada por los       hijos de Abraham en el lugar designado ya por nuestro Padre celestial, para       que su Hijo Jesucristo        sea clavado a la cruz de Adán y Eva con su nombre santo, para salvación       eterna. Visto que, éste mismo monte santo saturada con la sangre santísima del       Cordero de Dios y las tres cruces del cielo, no podía jamás darle de comer ni       de beber del vino del Señ       or a nadie, a no ser que sea establecida en la tierra de Canaán, para       alimentar a las naciones, con el pan y vino que sólo Jesucristo sirve,       siempre.               Y éste monte santo de Jerusalén con la sangre del Cordero, salpicada sobre las       tres cruces del cielo, es el pacto de vida eterna no solamente establecido ya       con Abraham e Isaac su único hijo, el cual amaba mucho, más que todas sus más       preciadas        posesiones, sino también de Jacobo; porque sobre éste monte santo, Dios       estableció todos sus pactos eternos. Pactos de vida, que no solamente les       dieron vida y salud eterna a Abraham y así también a Isaac y a Jacobo, sino       también a cada uno de sus retoñ       os que nacerían después de ellos, estableciendo así el reino de Dios en la       tierra y con el monte santo de Jerusalén como el centro de servicio y amor a       él, para siempre.               Porque cuando nuestro Señor Jesucristo salió con pan y vino para recibir a       Abraham, que regresaba de la batalla que le había ganado a los reyes de       aquella región en donde vivía, entonces fue para recibir de sus manos el       diezmo de todo lo recobrado, para        entonces sentarse a la Mesa del SEÑOR y así empezar un nuevo pacto de vida. Y       nuestro Padre celestial necesitaba sentarse a su Mesa servida con Abraham y       sus 318 discípulos, que regresaban de la batalla, ganándole a sus enemigos la       vida de Lot y con        todos los suyos, que se los habían robado como botín, para que entonces su       Hijo Jesucristo naciese pronto de la carne sagrada y de la sangre del pacto de       vida eterna.               Porque si su Hijo Jesucristo no nacía en el mundo en la carne sagrada y con la       sangre del pacto de vida eterna entre Dios y el hombre de la tierra, en este       caso era Abraham con su hijo Isaac, entonces sus pecados jamás hubiesen sido       espiados por la        sangre del pacto ante nuestro Padre celestial que está en el cielo. Por lo       tanto, para que Abraham sea salvo, entonces su Hijo Jesucristo tenia que venir       al mundo como el cordero de Dios para él, y es aquí cuando nace Isaac su hijo       muy amado del vientre        muerto de su madre Sarai, para que por el Espíritu Santo entonces naciese al       fin, para ser llevado al Monte Moriah por su padre Abraham.               Entonces cuando Isaac nació del vientre muerto de su madre Sarai, por el poder       del Espíritu Santo, nació con la sangre del pacto de vida y la carne sagrada,       para ser levantado sobre todo lo alto del monte Moriah como sacrificio a Dios,       para que la fe sea        contada como justicia salvadora sobre el altar de Dios que está en el cielo. Y       sobre todo lo alto del Monte Moriah, entonces se encontraba nuestro Padre       celestial junto con su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo con sus huestes       angelicales, esperando por        Abraham e Isaac su hijo amado como el cordero del sacrificio del día, para que       su padre Abraham alcance misericordia eterna, por medio de la carne sagrada y       la sangre de Jesucristo.               Porque nuestro Padre celestial le había requerido ya de que él tenia que ser       tan santo y tan perfecto como él mismo siempre ha sido a través de las edades       delante de su Hijo Jesucristo, de su Espíritu Santo y de sus huestes       angelicales; por todo ello, só       lo Jesucristo podía hacerlo tan santo y tan perfecto, para alcanzar la       justicia salvadora. Visto que, cuando nuestro Padre celestial le dijo a       Abraham: Toma contigo a tu único hijo Isaac, a quien tú amas con todo tu       corazón, con todas tus fuerzas y con        toda tu vida, para que lo ofrezcas delante de mí como el cordero que derramara       su sangre sobre el altar para expiar tus pecados, alcanzando así por fin       justicia salvadora.               Y Abraham fue fiel al llamado de nuestro Padre celestial, porque tomó a su       único hijo Isaac, bien temprano en la mañana junto con dos de sus discípulos       para ir por el camino, guiado por el Espíritu Santo hacia el monte que nuestro       Padre celestial había        escogido, para ofrecer a su hijo Isaac como su cordero del sacrificio del día.       Entonces cuando llegaron al monte escogido por Dios mismo, Abraham les dijo a       sus dos discípulos que esperaran por él y el niño al pie del monte, para que       sean testigos        oculares de todo lo que él tenía que hacer con su hijo sobre el altar de Dios,       para que su fe sea probada por fin como justicia salvadora.               Pacientemente, los discípulos esperaron por él y el niño al pie del monte       Moriah, porque el monte santo de Jerusalén estaba sobre todo lo alto del monte       esperando por ellos, para que el sacrificio de Abraham y de su hijo Isaac se       lleve acabo, lo más        pronto posible, para que una nueva era de vida y de bendición empiece para las       naciones. Dado que, Israel iba a nacer delante de Abraham y de su hijo Isaac,       mientras él estaba atado sobre el altar de Dios, listo para ser sacrificado       como cualquier        cordero de sacrificio del día, para que Abraham vuelva a nacer del Espíritu       Santo junto con su hijo Isaac, para que Israel comience a existir como la       nación de Dios en la tierra.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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