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   Message 31 of 497   
   IVAN VALAREZO to All   
   (IVÁN): LA GRACIA PERPETUA (1/9)   
   01 Apr 07 18:33:49   
   
   XPost: alt.news-media, alt.politics.media   
   From: valarezo7@hotmail.com   
      
   Sábado, 31 de marzo, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,   
   Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica   
      
   (Felicidades a ECUAVISA y a TELEVISTAZO por sus cuarenta años   
   de servicio profesional y de alta calidad a la comunidad   
   ecuatoriana. Y también muchas felicidades por ese niño que   
   les ha nacido, en estos días, de parte de Gabriela Baer,   
   comunicadora profesional de contacto directo, engrandeciendo   
   así el elenco de ECUAVISA. Que nuestro Padre Celestial   
   bendiga al niño, hoy en día y por siempre, en el nombre   
   glorioso de nuestro Señor y salvador celestial, ¡el Señor   
   Jesucristo!, para que cada paso de su vida por la tierra sea   
   para bien y para gloria infinita de nuestro Dios y Padre   
   Celestial de nuestras vidas infinita, en la tierra y en el   
   cielo, también, eternamente y para siempre. ¡   
   Congratulaciones, por igual, a todos los nuevos padres y   
   madres del Ecuador entero que abrazan a sus recién nacidos,   
   por vez primera o por muchas veces más!)   
      
   (Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)   
      
      
   LA GRACIA PERPETUA   
      
   La gracia del paraíso es nuestra, porque emana del Árbol de   
   la vida, el Señor Jesucristo, a todo ser viviente del cielo y   
   de la tierra. Y con ésta gracia celestial, el ángel del cielo   
   y así también todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad   
   entera, tiene comunión perfecta con Dios y con su Espíritu   
   Santo día a día y por siempre, en la eternidad venidera.   
      
   Es por eso, que todo lo que es del Señor Jesucristo es muy   
   fundamental en la vida del hombre, en la tierra y en el   
   paraíso, también, para el infinito, porque somos del   
   infinito; así como Dios es del infinito, pues, así también   
   cada uno de todos nosotros, en nuestros millares, en toda la   
   tierra, somos del infinito. Es por eso, que la gracia   
   maravillosa y todopoderosa del paraíso es muy esencial para   
   nuestros corazones y para nuestro diario vivir, en el   
   paraíso, en la tierra y en La Nueva Jerusalén Santa y   
   Perfecta del cielo, por ejemplo.   
      
   Entonces debemos de dar gracias a nuestro Dios y a su   
   Jesucristo día y noche en nuestras vidas por su gran obra   
   sobrenatural, que no sólo ha cumplido y exaltado la Ley en la   
   vida del hombre, pero también le ha puesto fin al pecado y a   
   su ángel de la muerte, en el infierno. Porque la gracia   
   todopoderosa e infinita del Árbol de la vida y de su Ley le   
   ha puesto fin al pecado y al ángel de la muerte, en la vida   
   de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera. Y   
   esta gracia del paraíso y perpetua sólo existe para nosotros,   
   eternamente y para siempre.   
      
   Porque el Señor Jesucristo nació entre los hombres, para   
   vivir la Ley y llevarla a los árboles cruzados de Adán y Eva,   
   sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén,   
   en Israel, para ponerle fin al pecado y hacer entonces que el   
   Espíritu de la Ley se convierta en la gracia infinita de   
   siempre, del paraíso. La única gracia celestial de Dios, la   
   cual redime el alma del hombre de todos sus males, y lo lleva   
   entonces de regreso a su lugar de siempre, el cielo, el   
   paraíso, para que siga viviendo su vida infinita, en la   
   inmensidad gloriosa de Dios y de su Árbol de vida eterna, de   
   la brillante eternidad celestial.   
      
   Entonces la gracia milagrosa de la gran obra eterna de   
   nuestro redentor, el Señor Jesucristo, nos libra de todo   
   pecado, de toda enfermedad y de toda muerte eterna, en la   
   tierra y en el más allá, también, como en el bajo mundo del   
   infierno y del lago de fuego, por ejemplo. Ésta gracia   
   infinita de Dios sólo es posible en la vida del hombre, si   
   tan sólo cree en su corazón y así confiesa con sus labios: el   
   nombre salvador del Hijo amado de Dios, ¡el Señor Jesucristo!   
      
   Ya que, sólo el Señor Jesucristo es la plenitud de la gracia   
   verdadera, justiciera, santificadora y salvadora de Adán y de   
   cada uno de sus descendientes, en sus millares, de todas las   
   razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra. Por   
   eso, cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido del árbol   
   de la ciencia, del bien y del mal, entonces en el mismo   
   paraíso, por vez primera, deshonraron la Ley Divina y   
   mataron, de golpe, su gracia infinita, la cual se encontraba   
   individualmente de todo hombre, en la vida gloriosa y   
   sumamente honrada de nuestro salvador, ¡el Señor Jesucristo!   
      
   Por lo tanto, el Señor Jesucristo no pudo hacer nada por Adán   
   y Eva, en el paraíso, ni por ninguno de sus descendientes, en   
   el día que estaban de pie delante de su Dios y Creador de sus   
   vidas, por culpa de su rebelión; pues ambos habían violado la   
   Ley y su gracia celestial, del fruto de la vida eterna. Algo   
   que ambos jamás debieron haber hecho, por ninguna razón de   
   sus vidas celestiales, para quebrantar la palabra y el   
   mandato directo de Dios, de no comer del fruto prohibido   
   jamás, pero si del fruto de la vida eterna, su Hijo amado, su   
   único gran rey Mesías para sus vidas, en la eternidad del   
   infinito.   
      
   En aquel día, nuestro Dios sólo veía su Ley quebrantada en la   
   vida de Adán y de cada uno de sus descendientes, en sus   
   millares, en toda su creación, para juzgarlos día y noche y   
   hasta que se arrepientan terminantemente por sus pecados, por   
   sus rebeliones, por sus culpas infinitas, en contra de su   
   palabra y de su gracia celestial. Pues bien, lo que había   
   sido gracia y paz para Adán y los suyos, entonces no quedaba   
   nada en el paraíso, sino total desamparo y destrucción por   
   doquier en el cielo, de todo lo bueno que habían conocido en   
   el reino de Dios y de sus huestes celestiales, también.   
      
   No quedaba nada delante de Dios, porque el Señor Jesucristo   
   había sido rechazado y, a la vez, herido mortalmente por las   
   palabras de Adán y de Eva, al creer a la mentira de Lucifer y   
   de su fruto prohibido, para mal de sus vidas y de los demás,   
   también, por doquier en toda la creación y hasta nuestros   
   días. Y éste espíritu de la gracia, de la Ley y del Árbol de   
   la vida, era muy importante en el paraíso, para que Adán   
   pudiese seguir viviendo con los suyos en él.   
      
   Pero como Cristo había sido rechazado, por lo tanto, anulado   
   su poder sobrenatural de su fruto de vida y de su gracia   
   infinita, entonces no podía hacer nada por ninguno de ellos,   
   hasta que el espíritu de la gracia de la Ley sea en el   
   paraíso y por toda la creación, también, restaurada a su   
   gloria anterior y de siempre. Es por eso, que al Señor   
   Jesucristo sólo le quedo, en aquel día de la caída de Adán,   
   nacer del vientre virgen de una de las hijas del hombre, no   
   en el paraíso, sino en la tierra de nuestros días, como en la   
   tierra escogida por Dios, para éste gran propósito infinito   
   para bien de la humanidad entera.   
      
   Con el fin de que la Ley sea vivida en su vida y cumplida, al   
   mismo tiempo, en su corazón y en el corazón de todos los   
   hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera,   
   comenzando con Adán y Eva, por ejemplo, aun muertos, sobre la   
   cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en   
   Israel. Para ponerle fin al pecado, de una vez por todas y   
   para siempre, y entonces volver así abrir el espíritu de los   
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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