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   Message 98,304 of 99,776   
   ivanvalarezo@gmail.com to All   
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   19 Jul 15 09:31:34   
   
   Sábado, 18 de Julio, 2015 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,   
   Ecuador-Iberoamérica    
      
   (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)    
      
      
   COMO ADÁN Y EVA, VESTIRÁS DEL CUERPO SANTO DE SU YESHUA (JESÚS):   
      
   Nuestro Padre celestial le dijo a Moisés sube acá al monte santo de Jerusalén   
   y de la escalera de Jacobo, para entregarte en tus manos las dos tablas de los   
   Diez Mandamientos, las cuales, yo mismo he escrito con mi dedo todas mis   
   instrucciones y las    
   leyes, para que se las enseñes a Israel. Y Moisés se había descalzado,   
   haciendo contacto con la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del   
   mundo, sobre todo lo alto de monte santo de Jerusalén y, además, había   
   recibido el nombre santo de su Hijo    
   amado, el Rebbe Yeshua JaMashiax, para enseñárselo a los hebreos para que lo   
   empiecen a invocar, entonces podía perfectamente subir al cielo.    
      
   Con toda confianza, Moisés subió a la presencia santísima de nuestro Padre   
   celestial en el cielo, porque había sido bendecido grandemente con la sangre   
   bendita de su Hijo amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, para   
   purificarse de sus pecados y así    
   volver a nacer del Espíritu Santo, para empezar a hacer su gran voluntad   
   bendita en todo Israel. Moisés estaba perfectamente purificado de sus pecados,   
   por lo tanto la carne del pacto de familia entre Dios y Abraham se veía en él,   
   de pies a cabeza, que    
   nuestro Padre celestial no veía imperfección alguna en todo su ser, sino   
   solamente la carne y la sangre bendita de su Hijo Jesucristo, para recibir sus   
   santos mandamientos y entregárselos a Israel.    
      
   Y estos son mandamientos perfectos de la vida misma no solamente de nuestro   
   Padre celestial sino también de su Hijo amado, y del Espíritu Santo, porque   
   ésta es la vida de la familia del pacto entre Dios del cielo y el hombre de   
   toda la tierra, para que    
   la empiecen a obedecer y cumplir cabalmente. Por lo tanto, son mandamientos   
   muy santos que ningún hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las   
   naciones, empezando por Israel, podrá jamás cumplirlos cabalmente, para gloria   
   y honra de su nombre    
   santísimo, sino que solamente la vida gloriosa de su Hijo Jesucristo podía   
   algún día cumplirlos en la tierra prometida de Israel, para salvar la   
   humanidad entera.    
      
   Y estos son mandamientos, expresamente entregados por nuestro Padre celestial   
   a Moisés y para todo Israel, para que lo introduzcan en la tierra prometida de   
   Canaán, porque muy pronto su Hijo amado iba a nacer entre ellos, del vientre   
   virgen de la hija de    
   David y por el Espíritu Santo, para empezar a vivirlos divinamente,   
   glorificándolos así para toda la eternidad. Porque era necesario para nuestro   
   Padre celestial y para su Hijo Jesucristo, que los mandamientos de la vida   
   santa del reino de los cielos se    
   cumpliese cabalmente en la tierra prometida de Canaán, para que el Espíritu   
   Santo sea eternamente glorificado en la vida de cada hombre, mujer, niño y   
   niña de Israel y de las familias de todas las naciones.    
      
   Y al glorificar grandemente el Espíritu Santo de los mandamientos, por su Hijo   
   Jesucristo en la vida de todo Israel, entonces Satanás y con todos sus pecados   
   de mentira, calumnia, maldición, enfermedad, pobreza, muerte y destrucción   
   eterna en la tumba y    
   del infierno, por ende sea derrotado perpetuamente con todos sus ángeles   
   caídos sobre el monte santo de Jerusalén. Puesto que, si nuestro Señor   
   Jesucristo no cumplía con el Espíritu Santo de los mandamientos, al destruir   
   toda mentira y de gran maldad de    
   Satanás y de sus ángeles caídos en la vida de todas las familias de Israel y   
   de las naciones, entonces él no podía jamás subir al monte santo de Jerusalén   
   para cumplir con su gran obra victoriosamente.    
      
   Visto que, solamente después de haber destruido toda mentira, maldad y   
   enfermedad de Satanás y del ángel de la muerte en la vida del hombre de toda   
   la tierra, entonces nuestro Señor Jesucristo podía muy bien subir al monte   
   santo de Jerusalén con su cruz,    
   para ser clavado a Adán y Eva con el nombre santo de Dios, para salvación   
   eterna. De otra manera, nuestro Señor Jesucristo no podía subir al monte santo   
   de Jerusalén, para derramar su sangre bendita que había destruido toda   
   mentira, calumnia, maldad,    
   enfermedad, pobreza y muerte de Satanás en la vida de toda la humanidad   
   entera, para por fin ser clavado a los árboles cruzados de Adán y Eva, para   
   salvación y bendición eterna de muchos.    
      
   Por esta razón, nuestro Padre celestial cuando le escribió con su dedo santo   
   las dos tablas de los mandamientos, entonces también le escribió preceptos   
   importantes, entregándole así con la misma importancia de los mandamientos   
   eternos el altar físico del    
   monte santo de Jerusalén, para que todos ellos invoquen su nombre santísimo   
   progresivamente, para ser purificados cada día de todos sus pecados. Visto   
   que, no solamente cuando invocan el nombre santo de nuestro Padre celestial,   
   de su Hijo Jesucristo y    
   del Espíritu Santo, son entonces limpios de sus males, para que jamás les   
   suceda ningún mal en todos sus días, sino que también reciben la carne y la   
   sangre del pacto de familia de vida eterna, para ascender al cielo, en   
   cualquier momento.    
      
   Dado que, eso es lo que precisamente sucede cada vez que un hombre, mujer,   
   niño o niña de todas las familias de la tierra suben al monte santo de   
   Jerusalén, para pararse ante las cruces del cielo, para que cuando invoquen el   
   nombre santo, entonces estén    
   pisando la sangre santísima de su Cordero bendito, para purificación eterna de   
   sus almas vivientes. Y es aquí, cuando el cuerpo humano junto con su alma   
   viviente es purificado del mal y, simultáneamente, recibe la carne y la sangre   
   del nuevo cuerpo para    
   vivir la vida eternamente, y así poder acceder por la puerta y el camino   
   angosto, para subir por la escalera de Jacobo hacia la presencia santísima de   
   nuestro Padre celestial en el cielo.    
      
      
   [continued in next message]   
      
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    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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