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|    ivanvalarezo@gmail.com to All    |
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|    07 Aug 17 18:43:23    |
      Sábado, 05 de Agosto, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)              DEBAJO DE LOS POSTES DE SU HOGAR: BAÑADOS CON SU SANGRE: TÚ ERES SU HIJO:              El tiempo llegó, cuando nuestro Padre celestial le empezó a hablar al       Faraón, diciéndole, por medio de su siervo Moisés y de Aarón, y esto fue       de que deje de ir a su pueblo al lugar que Él había escogido para que lo       alaben a Él: porque Él        estaba listo para entregarles su vida eterna y la tierra para vivirla con Él,       perpetuamente. Puesto que, nuestro Padre celestial estaba listo para que sus       hijos alaben su santo nombre fuego, entregado inicialmente a Moisés, para que       Israel lo reciba        perpetuamente sobre el monte Sión, descansando sobre el monte Sinaí, y con       sus fuegos de grande gracia, de grande misericordia, de grande verdad y de       grande justicia divina, para que le sirvan finalmente sobre su altar       santísimo.              Éste es el nombre del Padre como Dios de Abraham, su Hijo Jesucristo (Yeshua       jaMashiax) como el Dios de Isaac, y el Espíritu Santo como Dios de Jacobo,       para que Israel finalmente reciba su altar del amor prehistórico, descendido       del cielo con Isaac y        con su Espíritu Santo, para que Israel lo posea legalmente siempre así como       Abraham en el principio. Éste es el altar que nuestro Padre celestial       necesitaba para cada hombre, mujer, niño y niña de las doce tribus de Israel       para que sea bautizado,        por el poder del Espíritu Santo, para que todos renazcan de su imagen y de su       alma viviente, llenos con sus poderes cotidianos así como Moisés       inicialmente para que le sirvan en sus vidas, por siempre.              Sin embargo, primeramente nuestro Padre celestial tenia que manifestarle a       Israel los poderes que ellos habían recibido por su santo nombre fuego,       conocido como el Yo Soy el Que Soy, que Moisés había recibido directamente       de nuestro Padre celestial        sobre su horno de fuego, para que Israel lo posea y así todas sus victorias       sobre todos sus enemigos sean posibles, siempre. Por lo tanto, Israel tenia       que aprender a creer en los poderes cotidianos de su nombre asombroso, para       que siempre lo alaben,        por donde sea que vayan por todo Egipto, el desierto del Sinaí y Canaán,       porque tenían que alabarlo constantemente: para que nuestro Padre celestial       derrame de sus bendiciones cotidianas sobre ellos abundantemente,       vistiéndolos así con sus riquezas        celestiales como hijos.               Puesto que, nuestro Padre celestial necesitaba distinguirlos con sus       bendiciones cotidianas de entre todas las familias de las naciones, para que       todas las gentes de todas partes del mundo entero sepan que están lidiando       con sus hijos, que han aprendido        no solamente a invocar su santo nombre fuego, pero igualmente a vivir sus       riquezas que llueven sobre ellos, enriqueciéndoles divinamente, siempre.       Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba vestir a cada uno de sus hijos       no solamente con las glorias        de invocar su santo nombre fuego cada momento de sus vidas, para que le       entreguen glorias que Él siempre espera de ellos, pero igualmente vestirlos       con sus bendiciones cotidianas para que las naciones conozcan, de que son sus       hijos especiales y        preferidos desde siempre.              Ahora, para nuestro Padre celestial vestir a sus hijos de las doce tribus de       Israel, con los poderes de su amor prehistórico, descendido del cielo con       Isaac y con su Espíritu Santo, entonces Él tenia que manifestar las       maravillas de su santo nombre        fuego, no solamente rescatándolos del cautiverio, pero igualmente       bautizándolos en el Mar Rojo, para la vida eterna. Dado que, en el lecho       marino, entonces Él podía hacer que caminaran por medio de su altar del amor       prehistórico, haciendo así que        renazcan del espíritu de error y de la carne pecadora hacia su Espíritu       Santo y la carne sagrada, que hace que abandonen la vida pecadora en el fuego       del infierno, para recibir su vida eterna, caminando al cielo, siempre.              Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba tirar hacia el lecho marino       todos los pecados, enfermedades, heridas, padecimientos, maldiciones, pobreza       y muertes que Israel había acumulado por cuatrocientos años en el cautiverio       egipcio, subyugando las        fuerzas del mal finalmente, finalmente para levantar su santo nombre fuego       sobre su altar del amor eterno en Canaán, reconquistando así el mundo entero       para su nuevo reino. Por eso, es que nuestro Padre celestial tenia que       manifestar abundantemente las        maravillas de cada día de su santo nombre fuego en todo Egipto, y sólo       entonces, Él estuvo listo para liberarlos completamente del cautiverio que       finalmente los llevaba hacia un holocausto terrible, del que Él mismo tenia       que salvarlos instantá       neamente, pero únicamente derramando a tierra toda la sangre del cordero       sacrificado.              Ya que, su Cordero había sido sacrificado desde la fundación del mundo, para       que nuestro Padre celestial no solamente fundase todas las cosas en toda su       Creación, pero igualmente establecer a Israel como la nación de sus hijos       renacidos de los        poderes del Espíritu Santo, para encender su santo nombre fuego sobre todas       las naciones, conquistando así a la humanidad entera, eventualmente. De       hecho, la sangre para borrar todo pecado del mundo entero estaba ya lista para       uso de nuestro Padre        celestial cuando necesario, para crear todas sus cosas en el cielo y en la       tierra, y para liberar a Israel igualmente de su cautividad egipcia: para que       finalmente sean sus hijos reinando sobre las naciones, fundadas para glorias       de su santo nombre fuego.              Aquí es cuando, nuestro Padre celestial le dijo a Moisés que sacrifique un       cordero, derramando su sangre y luego lo salpique sobre los dinteles de las       puertas de los hebreos en todo Gosén, porque el príncipe de los holocaustos       pasaría por aquella        noche, buscando la sangre, y si no la veía, entonces él podía matar a todo       primogénito de aquella familia. La sangre reparadora del animal sacrificado       tenia que ser salpicada en cada puerta que Moisés podía ver en todas las       casas israelitas, sin        fallar ninguna: porque nuestro Padre celestial le había avisado que la puerta       que no tuviese la mancha de la sangre, entonces el destructor podía entrar en       ella y matar a todo primogénito de hombre y de animal, igualmente.                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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