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|    ivanvalarezo@gmail.com to All    |
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|    13 Dec 14 23:03:08    |
      Sábado, 13 de Diciembre, 2014 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                      EL MONTE SANTO DE JERUSALÉN ES PARA SERVIR A DIOS EN SU AMOR FUERTE CADA DÍA:               Mientras Moisés apacentaba las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián,       de pronto se le apareció el Ángel del SEÑOR de en medio de una zarza que ardía       fuertemente, sobre el monte Sinaí, pero no se consumía, ni hacía daño alguno       en todo su derredor.        Y esto era algo que estaba sucediendo por largo tiempo, y que se podía ver       desde grandes distancias, lo cual le llamaba la atención mucho, que lo único       que hacia era pensar en ello: porque éste fuego sigue ardiendo sobre lo alto       del monte, sin regarse        hacia otros lados, como sucede normalmente con cualquier fuego que arde de       esta manera incesantemente.               Ciertamente, era un fuego que no solamente había llamado la atención de sus       ojos, pero había invadido su corazón hasta el punto que ya ardía grandemente       dentro de todo su ser, pero sin hacerle daño alguno, de igual forma. Y esto,       sin duda, le llamaba        mucho más la atención y el deseo de estar ya cerca de él, para ver porque éste       fuego era tan atractivo a la vista y al corazón y, a la vez, muy extraño, como       algo nunca antes visto por nadie.               Realmente, era nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo, y el Espíritu       Santo que le estaban llamando de entre la zarza de los árboles sobre el monte       santo de Jerusalén que ardían con fuego del holocausto continuo, para no       solamente comenzar a alumbrar        la vista y el corazón de Moses, sino también de Israel y de las naciones,       porque venían a salvarlos. Y mientras Moisés se acercaba cada vez más hacia       donde estaban los árboles ardiendo fuertemente, pero sin hacerle daño a él, ni       a nada en todo el        derredor del monte Sinaí, entonces de en medio de los árboles o cruces en       llamas, nuestro Señor Jesucristo, como el Ángel del SEÑOR, le empezó a hablar       a él con mucho amor.               Inmediatamente, nuestro Señor Jesucristo le dice a Moisés: Quítate las       sandalias de tus pies, porque el lugar en donde estás parado santo es--éste es       el lugar del sacrificio continuo el cual no puede contaminarse con nadie ni       nada jamás--para perdón,        salud, bendición y liberación de Israel y de las naciones. Ciertamente, Moisés       se encontraba en la presencia santísima de nuestro Padre celestial en un       árbol, de nuestro Señor Jesucristo en el árbol de en medio, y del Espíritu       Santo en el otro árbol, y        los árboles eran los mismos que Jacobo había visto en su sueño, camino al       pueblo de la parentela de su padre Isaac, buscando a su esposa.               Además, estos árboles formaban las mismas cruces que Jacobo había visto en su       sueño, los cuales eran como una escalera que se formaba ascendiendo hacia el       cielo, pero esta vez estaban sobre el monte Sinaí delante de Moisés y ardiendo       como siempre, para        dejarle saber a él y a todo Israel que estos son los Dioses salvadores de sus       antepasados. Visto que, cuando Moisés obedeció a la voz de nuestro Señor y       salvador Jesucristo que le hablaba de en medio de la zarza ardiendo en fuego,       osea los árboles, para        decirle que tenia que quitarse las sandalias de sus pies, porque el lugar en       donde él estaba parado santo es perpetuamente, entonces Dios estaba listo para       darle su nombre santo.               Aquí es que cuando nuestro Padre celestial le dice a Moisés, desde una de las       cruces: yo soy el Dios de Abraham, y luego nuestro Señor Jesucristo le dice:       yo soy el Dios de Isaac, y finalmente el Espíritu Santo le dice: yo soy el       Dios de Jacobo; e        inmediatamente Moisés entendió que estaba ante Dios, y sintió un miedo       profundo. Y mientras Moisés sentía éste miedo tan profundo dentro de su       corazón y de todo su ser, entonces quería huir de la presencia de Dios, pero       no podía, porque tenia que hablar        con nuestro Padre celestial, con el Señor Jesucristo y con el Espíritu Santo,       para ver que se podía hacer para salvar a Israel del cautiverio Egipcio.               Entonces Moisés se quedó al pie del monte santo de Jerusalén sobre todo lo       alto del monte Sinaí, para dialogar abiertamente con Dios, para ver que se       puede hacer al fin para redimir a Israel de su eterno cautiverio en Egipto, el       cual ya llevaba más de        cuatrocientos años de oscuridad, y sin la esperanza de escapar algún día. Y de       en medio de las tres cruces o árboles la voz le venia a Moisés para decirle       que él había visto el sufrimiento de su pueblo Israel en Egipto, y que estaba       listo para empezar        todo lo que sea necesario para liberarlo del poder del enemigo que lo estaba       llevando hacia la muerte y destrucción eterna.               Asustado, Moisés le dice al Señor Jesucristo que le hablaba como le hablo a       Jacobo, de en medio de las tres cruces, para decirle que él no era quien para       no solamente decirle a Israel de que el Dios de sus padres estaba sobre el       monte Sinaí para        redimirlos, sino que tampoco podía ir al Faraón para hablarle así. Y el Señor       Jesucristo le decía a Moisés: Tú muy bien puedes ir y hacer todo lo que te he       dicho, para que no solamente se lo dejes saber a Israel sino también al       Faraón, porque yo mismo        estaré contigo para confirmar cada una de las palabras que salga de tu boca.               Entonces Moisés le dice al Señor Jesucristo: Y si mis hermanos me preguntan       quien es éste Dios que te ha hablado así, para que nos digas todas estas       cosas, y cual es su nombre, entonces que les diré. Y nuestro Señor Jesucristo       le dijo a Moisés: tú les        dirás que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacobo te ha       hablado, y les hablaras así a ellos y yo mismo estaré contigo, para confirmar       cada una de todas las palabras que te he dicho.               Porque, ciertamente, yo los librare del cautiverio egipcio con mi mano       todopoderosa, ya que yo sé que Faraón no los dejara ir a no ser que yo le       manifieste mis poderes para hacer de mis maravillas, y entonces los dejara ir,       después de que yo haya llevado        acabo mis juicios y maravillas por el pecado de ellos en contra de Israel. Por       eso, yo he descendido sobre éste monte, para no solamente liberarlos del       cautiverio egipcio, sino también para llevarlos a vivir a una tierra nueva que       fluye leche y miel a        tres días de camino por el desierto del Sinaí, en donde habitan los cancaneos,       jebuseos, amorreos, heveos y heteos.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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