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|    ivanvalarezo@gmail.com to All    |
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|    10 Jan 15 16:07:34    |
      Sábado, 10 de Enero, 2015 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)                      RECORDAMOS A LAS VÍCTIMAS DEL SEMANARIO FRANCES: Nuestras condolencias, amor y       oraciones son para las familias de las 12 víctimas que perdieron sus vidas       ante las balas del terrorismo cuando ejecutaban sus tareas rutinarias en la       sede del semanario satí       rico francés "Charlie Hebdo", en París, Francia. Y también lamentamos la       perdida de vidas en el supermercado judío "Hyper Catcher" de París, en donde       el terrorista no solamente fue dado de baja por la policía francesa, sino que       se llevó con él como        cuatro vidas totalmente inocentes a todo lo que estaba aconteciendo en estos       días. En estos momentos, cada uno de ellos se encuentra en la presencia       santísima de nuestro Padre celestial, porque fue precisamente por ellos, que       nuestro Señor Jesucristo        descendió al mundo, para no solamente nacer del vientre virgen de la hija de       David, por el poder del Espíritu Santo, sino para recibirnos en el reino de       los cielos, para la eternidad.                      NUESTRAS BENDICIONES DEL DÍA ESTÁN SOBRE EL MONTE SANTO DE JERUSALÉN:               Nuestro Padre celestial nos llama constantemente a que nos acerquemos no al       Monte Sinaí como lo hizo con Moisés para liberar a Israel, de la cortina de       hierro de Egipto, sino a nuestros corazones y en nuestros sueños, para hablar       con cada uno de nosotros        de muchas cosas y así entregarnos el fruto de la vida sobre el monte santo de       Jerusalén. Porque sobre el suelo del monte santo de Jerusalén está postrada       toda la sangre y vida santa que Jesucristo vivió venciendo el pecado en       Israel, para cumplir con el        Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos para siempre, para fin del pecado, y       el comienzo de un nuevo reino sempiterno para todas las familias de las       naciones del mundo entero.               Ciertamente que, las víctimas del terrorismo están gozando de las grandes       bendiciones de la vida eterna, porque nuestro Señor Jesucristo nació del       vientre virgen de la hija de David, por los poderes asombrosos del Espíritu       Santo, para darnos un nuevo        cuerpo glorificado. Y así reemplazar nuestra carne pecadora, huesos rotos y       sangre enferma, para que por medio de su carne santísima, huesos sanos y       eternos, y su sangre santísima llena de vida y de salud inmortal, entonces nos       dé nuestro cuerpo        glorificado para vivir nuestra salvación bendita para siempre en la vida       eterna del reino de Dios.               Y nuestro Señor Jesucristo tuvo que nacer sumamente santo del vientre virgen       de la hija de David, para entrar en el mundo de los hombres de todas las       familias de la tierra, porque era necesario, primeramente, que él viviera su       vida santísima para cumplir        con cada uno de los famosos mandamientos de Dios y de Moisés en la tierra       prometida, Israel. Por lo tanto, nuestro Señor Jesucristo tenía que vivir su       vida sumamente santa ante el Espíritu Santo de los mandamientos eternos, para       cumplirlos cabalmente        delante de la presencia de nuestro Padre celestial que está en los cielos,       para entonces finalmente glorificarlos grandemente sobre el monte santo de       Jerusalén, en el día de su crucifixión, para fin eterno del pecado.               Visto que, si el Espíritu Santo de los mandamientos eternos no son cumplidos       cabalmente delante de su presencia santísima, entonces nuestro Padre celestial       no podía jamás decir ni una sola palabra de bendición para ningún hombre,       mujer, niño o niña de        todas las familias de Israel, pero como su Hijo Jesucristo comenzó a       cumplirlos grandemente cada día, pues nos habla constantemente. De otra       manera, si nuestro Señor Jesucristo no hubiese tenido su vida sumamente santa       para cumplir con cada uno de los        mandamientos eternos en cada uno de nosotros, no sólo de Israel sino de todas       las familias de las naciones también, entonces nuestro Padre celestial jamás       nos hubiese hablado ni una sola palabra hasta hoy, porque él es sumamente       santo, para siempre.               Por ello, nuestro Señor Jesucristo predicó cada palabra que oía decir       directamente de la boca de nuestro Padre celestial que está en el cielo, para       que las almas sean perdonadas de sus pecados, rebeliones y ofensas, también,       para que los enfermos sean        sanados de sus males, para que los que estaban poseídos por demonios sean       liberados y así hasta resucitó muchos muertos. Y nuestro Señor Jesucristo       hacía estas grandes obras, maravillas y prodigios delante de las gentes,       porque no solamente oía a nuestro        Padre celestial decir cada una de las palabras que tenía que llegar al corazón       de cada hombre, mujer, niño y niña de Israel, sino que también veía al       Espíritu Santo hacer grandes obras por su grande amor hacia todos ellos.               Propiamente, las obras del Espíritu Santo eran siempre de deshacer cada una de       las obras de Satanás que había tocado la vida de los hijos de Abraham, Isaac y       Jacobo, para que sean liberados de sus males y tinieblas y así al fin puedan       ver la luz del Gran        Rey Mecías que había descendido, para bendecirlos grandemente con su misma       vida santísima. Porque nuestro Señor Jesucristo tenia que predicar cada una de       las palabras de la boca de nuestro Padre celestial y hacer las obras del       Espíritu Santo que él mismo        veía como se hacían progresivamente, para destruir las obras que llevan al       pecador al infierno, condenado, porque destruyendo cada una de las obras de       Satanás entonces los mandamientos iban a ser glorificados perpetuamente.               En otras palabras, nuestro Señor Jesucristo tenia que llevar la palabra de       nuestro Padre celestial de sus mandamientos eternos a cada hombre, mujer, niño       y niña de todas las familias de Israel, para cumplirlos en ellos grandemente       por los poderes        asombrosos del Espíritu Santo, cada vez que destruía cada una de las mentiras,       calumnias, maldiciones, y males de siempre de Satanás. Y cuando nuestro Señor       Jesucristo destruía a cada uno de los males de Satanás, en cada uno de los       hijos e hijas de        Abraham, de Isaac y de Jacobo, entonces el Espíritu Santo de los mandamientos       inmortales era infinitamente honrado, cumplido y exaltado, para entonces él       poder ascender victorioso al monte santo de Jerusalén con la cruz de Adán y       Eva.                      [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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