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   Message 63,183 of 64,573   
   valarezo7@hotmail.com to All   
   =?UTF-8?Q?=28IV=C3=81N=29=3A_DESDE_EGIPT   
   09 Dec 17 22:04:42   
   
   Sábado, 09 de Diciembre, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,   
   Ecuador-Iberoamérica    
      
   (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)   
      
   DESDE EGIPTO: EL PADRE SALPICÓ SU VIDA, COMO JABÓN Y AGUA, BORRANDO PECADOS:   
      
   A tiempo, nuestro Padre celestial escuchó a Israel llamándolo hacia el   
   cielo, y Él contestó diciéndole a Moisés, ¿por qué me llamas? Toma tu   
   vara que tienes en tu mano, y ponla sobre el mar, para abrir todo un camino y   
   así Israel cruce en seco    
   hacia el otro lado, en donde encontraran seguridad para jamás volver a ver a   
   los egipcios, que están listos para atacarlos nuevamente.   
      
   Aquí es cuando Moisés levantó sus manos hacia el cielo, como hacia donde el   
   altar de Abraham e Isaac está ardiendo con la antorcha y su nombre fuego,   
   para que nuestro Padre celestial abriese su horno de su grande Gracia, de su   
   grande Misericordia, de    
   su grande Verdad y de su grande Justicia Divina, derramándola abundantemente   
   sobre toda la casa de Israel. Éste es el día que nuestro Padre celestial   
   había esperado desde que primero hablo con Abraham, cuando ofrecía sus tres   
   carneros sacrificados    
   con sus mitades opuestas una a otra sobre la roca, y la sangre expiatoria   
   salpicada sobre ellos junto con dos palominos sin cortar: para Él mismo   
   caminar entre sus mitades con su antorcha ardiendo incesantemente con su santo   
   nombre fuego.   
      
   Ésta es la antorcha con su santo nombre fuego ardiendo permanentemente, que   
   realmente eran los hijos, que el Padre le había prometido a Abraham que   
   nacerían en cautiverio, y a tiempo, después, ellos estarían sobre el monte   
   santo de Jerusalén,    
   flameando su nombre todopoderoso sobre Israel, y las familias de las naciones,   
   finalmente conquistándolo todo con perfecta salvación hacia la eternidad   
   venidera. Dado que, éste sería su altar del amor prehistórico, descendido   
   del cielo con Isaac y    
   con su Espíritu Santo, bautizando a Abraham junto con su hijo Isaac sobre el   
   madero ardiendo ya con el Espíritu de gracia, misericordia, verdad y de   
   justicia divina, pero igualmente bautizara a sus hijos en futuras   
   generaciones, liberándolos del    
   pecado, muerte y el infierno tormentoso, perpetuamente.    
      
   Evidentemente, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham sacrificando sus   
   tres carneros sobre la roca, salpicada con la sangre expiatoria junto con dos   
   palominos sin cortar, porque Él tenía que caminar entre sus mitades con su   
   antorcha y su santo    
   nombre fuego, clavado a sus hijos prometidos, que nacerían esclavizados, pero   
   luego los libertaria sobre su altar del amor eterno en Canaán, perpetuamente.   
   Éste es el altar que Abraham tenía que preparar con los tres carneros   
   sacrificados sobre la    
   roca y sus sangres, salpicada sobre sus mitades opuestas una a otra junto con   
   los palominos sin cortar: porque Él tenía que caminar entre sus mitades   
   expiando todo pecado, puesto que los hijos de Abraham iban a tomar todos los   
   pecados del mundo entero.   
      
   Por eso, es que nuestro Padre celestial le dijo a Abraham, después de que Él   
   había caminado entre las mitades de los carneros sacrificados opuestos, que   
   sus hijos nacerían en una tierra extranjera, en donde Él los visitaría   
   después de    
   cuatrocientos años juzgando aquella nación que los cautivó, finalmente para   
   liberarlos hacia su tierra prometida con las riquezas de Abraham   
   multiplicadas, abundantemente. Además, en el cautiverio egipcio, toda la casa   
   de Israel iba a vivir en el    
   mismo infierno de cuatrocientos años de las almas ya perdidas: porque ellos   
   tenían que tomar los pecados de las naciones que no solamente ya estaban en   
   el infierno tormentoso, pagando sus culpas, pero igualmente para el resto de   
   las naciones    
   mundialmente, incluyendo las que aún vienen.    
      
   Puesto que, nuestro Padre celestial iba a liberarlos con sus poderes   
   asombrosos de cada día de su santo nombre fuego que es amado, servido y   
   alabado por las huestes angelicales del cielo, para que finalmente todos lo   
   reciban después que Jacobo se lo    
   pidió por él, cuando entraba a Canaán para construir su altar y así   
   continuar viviendo con su familia, siempre. Además, nuestro Padre celestial   
   tenía que liberar a Israel de toda esclavitud de cuatrocientos años, porque   
   Él estaba listo para    
   entregarles su gran salvación del Mar Rojo, en donde ellos caminarían en   
   seco y con paredes de agua en ambos lados: porque ellos tenían que abandonar   
   todo pecado con el espíritu de error y la carne pecadora en el lecho marino,   
   perpetuamente.   
      
   Además, nuestro Padre celestial tenía que entregarles instantáneamente su   
   Espíritu Santo y su carne sagrada, en donde su perfecta voluntad había sido   
   Juramentada a Isaac sobre el altar del amor prehistórico, descendido del   
   cielo con Isaac y con su    
   Espíritu Santo no solamente para bautizar a Abraham, pero igualmente a sus   
   hijos en generaciones futuras junto con las familias de las naciones.   
   Naturalmente, nuestro Padre celestial necesitaba salvar a cada hombre, mujer,   
   niño y niña no solamente de    
   la casa de Israel, abandonando toda cautividad al cruzar el Mar Rojo en seco,   
   por su santo nombre fuego, resucitándolos así de la muerte cautivadora   
   egipcia a su vida santísima, pero igualmente a las familias de las naciones   
   yaciendo en el infierno,    
   sufriendo sus culpas eternas.   
      
   Evidentemente, al nuestro Padre celestial liberar a Israel del cautiverio, por   
   invocación de su santo nombre fuego, recibido por Moisés en la zarza   
   ardiendo: cuando el Padre decía, Yo soy el Dios de Abraham y su Hijo dijo   
   seguidamente, Yo soy el Dios    
   de Isaac, y finalmente el Espíritu Santo dijo, Yo soy el Dios de Jacobo,   
   entonces fue para todos resucitar. Por cuanto, Israel ya había recibido de   
   nuestro Padre celestial su Juramento a Isaac sobre el monte santo de   
   Jerusalén, descansando sobre el    
   monte Moriah, cuando derramaba su corazón santísimo sobre su carne sagrada,   
   confirmándolo todo con Jacobo y sus hijos por nacer en generaciones futuras,   
   entonces fue establecido como pacto eterno sobre Israel y las familias de las   
   naciones, para    
   siempre.   
      
      
   [continued in next message]   
      
   --- SoupGate-Win32 v1.05   
    * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)   

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