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|    valarezo7@hotmail.com to All    |
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|    09 Dec 17 22:04:42    |
      Sábado, 09 de Diciembre, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil,       Ecuador-Iberoamérica               (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)              DESDE EGIPTO: EL PADRE SALPICÓ SU VIDA, COMO JABÓN Y AGUA, BORRANDO PECADOS:              A tiempo, nuestro Padre celestial escuchó a Israel llamándolo hacia el       cielo, y Él contestó diciéndole a Moisés, ¿por qué me llamas? Toma tu       vara que tienes en tu mano, y ponla sobre el mar, para abrir todo un camino y       así Israel cruce en seco        hacia el otro lado, en donde encontraran seguridad para jamás volver a ver a       los egipcios, que están listos para atacarlos nuevamente.              Aquí es cuando Moisés levantó sus manos hacia el cielo, como hacia donde el       altar de Abraham e Isaac está ardiendo con la antorcha y su nombre fuego,       para que nuestro Padre celestial abriese su horno de su grande Gracia, de su       grande Misericordia, de        su grande Verdad y de su grande Justicia Divina, derramándola abundantemente       sobre toda la casa de Israel. Éste es el día que nuestro Padre celestial       había esperado desde que primero hablo con Abraham, cuando ofrecía sus tres       carneros sacrificados        con sus mitades opuestas una a otra sobre la roca, y la sangre expiatoria       salpicada sobre ellos junto con dos palominos sin cortar: para Él mismo       caminar entre sus mitades con su antorcha ardiendo incesantemente con su santo       nombre fuego.              Ésta es la antorcha con su santo nombre fuego ardiendo permanentemente, que       realmente eran los hijos, que el Padre le había prometido a Abraham que       nacerían en cautiverio, y a tiempo, después, ellos estarían sobre el monte       santo de Jerusalén,        flameando su nombre todopoderoso sobre Israel, y las familias de las naciones,       finalmente conquistándolo todo con perfecta salvación hacia la eternidad       venidera. Dado que, éste sería su altar del amor prehistórico, descendido       del cielo con Isaac y        con su Espíritu Santo, bautizando a Abraham junto con su hijo Isaac sobre el       madero ardiendo ya con el Espíritu de gracia, misericordia, verdad y de       justicia divina, pero igualmente bautizara a sus hijos en futuras       generaciones, liberándolos del        pecado, muerte y el infierno tormentoso, perpetuamente.               Evidentemente, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham sacrificando sus       tres carneros sobre la roca, salpicada con la sangre expiatoria junto con dos       palominos sin cortar, porque Él tenía que caminar entre sus mitades con su       antorcha y su santo        nombre fuego, clavado a sus hijos prometidos, que nacerían esclavizados, pero       luego los libertaria sobre su altar del amor eterno en Canaán, perpetuamente.       Éste es el altar que Abraham tenía que preparar con los tres carneros       sacrificados sobre la        roca y sus sangres, salpicada sobre sus mitades opuestas una a otra junto con       los palominos sin cortar: porque Él tenía que caminar entre sus mitades       expiando todo pecado, puesto que los hijos de Abraham iban a tomar todos los       pecados del mundo entero.              Por eso, es que nuestro Padre celestial le dijo a Abraham, después de que Él       había caminado entre las mitades de los carneros sacrificados opuestos, que       sus hijos nacerían en una tierra extranjera, en donde Él los visitaría       después de        cuatrocientos años juzgando aquella nación que los cautivó, finalmente para       liberarlos hacia su tierra prometida con las riquezas de Abraham       multiplicadas, abundantemente. Además, en el cautiverio egipcio, toda la casa       de Israel iba a vivir en el        mismo infierno de cuatrocientos años de las almas ya perdidas: porque ellos       tenían que tomar los pecados de las naciones que no solamente ya estaban en       el infierno tormentoso, pagando sus culpas, pero igualmente para el resto de       las naciones        mundialmente, incluyendo las que aún vienen.               Puesto que, nuestro Padre celestial iba a liberarlos con sus poderes       asombrosos de cada día de su santo nombre fuego que es amado, servido y       alabado por las huestes angelicales del cielo, para que finalmente todos lo       reciban después que Jacobo se lo        pidió por él, cuando entraba a Canaán para construir su altar y así       continuar viviendo con su familia, siempre. Además, nuestro Padre celestial       tenía que liberar a Israel de toda esclavitud de cuatrocientos años, porque       Él estaba listo para        entregarles su gran salvación del Mar Rojo, en donde ellos caminarían en       seco y con paredes de agua en ambos lados: porque ellos tenían que abandonar       todo pecado con el espíritu de error y la carne pecadora en el lecho marino,       perpetuamente.              Además, nuestro Padre celestial tenía que entregarles instantáneamente su       Espíritu Santo y su carne sagrada, en donde su perfecta voluntad había sido       Juramentada a Isaac sobre el altar del amor prehistórico, descendido del       cielo con Isaac y con su        Espíritu Santo no solamente para bautizar a Abraham, pero igualmente a sus       hijos en generaciones futuras junto con las familias de las naciones.       Naturalmente, nuestro Padre celestial necesitaba salvar a cada hombre, mujer,       niño y niña no solamente de        la casa de Israel, abandonando toda cautividad al cruzar el Mar Rojo en seco,       por su santo nombre fuego, resucitándolos así de la muerte cautivadora       egipcia a su vida santísima, pero igualmente a las familias de las naciones       yaciendo en el infierno,        sufriendo sus culpas eternas.              Evidentemente, al nuestro Padre celestial liberar a Israel del cautiverio, por       invocación de su santo nombre fuego, recibido por Moisés en la zarza       ardiendo: cuando el Padre decía, Yo soy el Dios de Abraham y su Hijo dijo       seguidamente, Yo soy el Dios        de Isaac, y finalmente el Espíritu Santo dijo, Yo soy el Dios de Jacobo,       entonces fue para todos resucitar. Por cuanto, Israel ya había recibido de       nuestro Padre celestial su Juramento a Isaac sobre el monte santo de       Jerusalén, descansando sobre el        monte Moriah, cuando derramaba su corazón santísimo sobre su carne sagrada,       confirmándolo todo con Jacobo y sus hijos por nacer en generaciones futuras,       entonces fue establecido como pacto eterno sobre Israel y las familias de las       naciones, para        siempre.                     [continued in next message]              --- SoupGate-Win32 v1.05        * Origin: you cannot sedate... all the things you hate (1:229/2)    |
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